
Gustavo Roig Domínguez
miembro
de la Asamblea de Nodo50
gustavo@nodo50.org
Máximo respeto la Coordinadora Antifa. Os escribo para comunicaros
mi más absoluta perplejidad por la orientación política que le habéis
dado a la convocatoria del 20N de este año. Me parece un error que el
tradicional estilo antifascista en el que nos veíamos identificados
comunistas, libertari@s, autónom@s y anticapitalistas de diversas
familias, se haya disuelto en una triada reivindicativa (república,
autodeterminacion, socialismo) que se carga de plano la histórica base
unitaria del 20N en nuestra ciudad.
El potencial revolucionario de una acción no debería medirse sólo
por lo «elevado» de sus consignas explícitas. ¡Que cerca estaríamos de
la revolución si fuera tan fácil como hacer agitprop!!. Se mide con
indicadores de calidad humana como pueden ser la pericia, imaginación,
paciencia e inteligencia que hace falta desarrollar para acercar , unir
y consolidar en un momento (histórico) a diferentes personas y sectores
políticos contra el fascimo y la reescritura de la historia. Se mide en
lo avanzado de las relaciones políticas (y personales) y no en la
«pureza» de las proclamas y la propaganda. Hoy, ser rupturistas,
revolucionari@s, pasa más por eso que por jalear eslóganes, por muy
«radicales» que nos parezcan. Eso (la unidad) ha sido y deberia seguir
siendo el antifascismo en Madrid y es el punto de arranque para
cualquier trabajo que realmente rompa. Fue la base de la potencia
revolucionaria del 34 asturiano y de la resistencia ejemplar de julio
del 36 en Barcelona y Madrid. Fue la clave los 70 en Italia, de la
intifada, del black block. Es el éxito de la izquierda abertzale, lo
fue de Lucha Autónoma y hoy lo es de la APPO mexicana.
En años anteriores y en décadas pasadas el «estilo autónomo»
acercaba a diversos sectores en lucha a un espacio de gran flexibilidad
ideológica pero de gran operatividad y potencia política. Todo apunta a
que este año habeis invertido los factores y el producto se nos ha
degradado: depurando lo ideológico desde la coordinadora, rebajais la
potencia política de lo que realmente importa: el movimiento. Por
primera vez se organiza un 20N en el que sus lemas «oficiales» dejan
fuera de la manifestación a más de la mitad de las personas, redes y
colectivos que historicamente se han identificado con la lucha
antifascista en Madrid. Yo os pregunto ¿por qué? ¿qué os ha llevado a
tomar esa decisión? ¿cómo nos lo explicais? No puedo ocultaros mi
decepción, no os imaginaba capaces de una demostración tan clara de
sectarismo. Cuando tenemos en las manos la responsabilidad de organizar
una acción de este tipo no podemos suspender tan irresponsablemente la
inteligencia colectiva que nos ha definido. La puesta en práctica de lo
aprendido (el aprendizaje colectivo es lento, es duro) es condición
necesaria para cualquier victoria, hay que cuidarlo, reforzarlo y
compartirlo. Vosotros este año estáis dilapidando parte de lo acumulado
por el movimiento en los últimos años ¿Por qué? ¿Acaso consideráis un
«avance» lo que habéis hecho?
Si voy a la manifestación lo haré en lo que empieza a perfilarse
como propuesta de bloque negro. Me sentiré mucho más cómodo en la
alegre combatividad de mis amigos libertarios (tengo muchos a pesar de
ser comunista) con los que espero poder beberme una birra y fumar lo
que me plazca (como he hecho siempre y pienso seguir haciendo) pues
creía que la represión castradora contra el alcohol y los porros era
patrimonio de la fascista Esperanza Aguirre y la COPE. ¡¡Ahora resulta
que los que hemos luchado por hacer de la calle un espacio de libertad
y resistencia nos caemos fuera del cuadrado político moralizante que
habéis delimitado para este 20N!! Si no hay bloque negro no iré. Con
este cartel habéis dejado de lado (deliberadamente) a muchísima base
anticapitalista que no se siente ideológica o culturalmente cercana al
«socialismo», ni al nacionalismo ni a la república. Socialismo es una
palabra que debería ser superada por la izquierda revolucionaria, es un
término plenamente recuperado en su carga simbólica por la
socialdemocracia: es hora ya de empezar a hablar del potencial
liberador del comunismo y en ello estaríamos mucho más cerca de
nuestros compañeros anarquistas y autónomos. No se si estáis a tiempo
de cambiar algo o al menos de hacer un gesto al mogollón de gente que
como yo, se está rebotando. Os pido una mirada abierta, limpia,
sincera, que llegue un poco más allá del límite al que llega cada una
de vuestras organizaciones.
>Hay una cosa que se llama movimiento y el tiempo demostró que
Ansuátegui no pudo con él por vía represiva. El movimiento poco tiene
que ver con las señas de identidad que habéis impuesto este año. El
movimiento no es una suma de organizaciones. El movimiento no es un
conglomerado de colectivos comunistas. No es una plataforma ni una
organización. El movimiento no es la coordinadora antifa: la
coordinadora antifa es parte del movimiento, se debe a él, no puede
suplantarlo ni dictarle los «tres mandamientos» del antifascismo del
siglo XXI. El movimiento es algo a lo que hay que respetar y que como
sujeto colectivo está en condiciones de juzgar lo que intenta hacerse
en su nombre o por encima de él. El movimiento es mucho más amplio de
lo que habéis demostrado creer y su dimensión política desborda y
supera con creces el limitado y sectario marco de vuestras tres
consignas. Se mueve más cómodo en un amplísimo imaginario resistente y
anticapitalista y se siente muy limitado en la estrecha apuesta del
republicanismo socialista definida en un mesa entre media docena
grupos. El movimiento es algo a lo que debeis escuchar. Él os escucha,
os vigila y ahora mismo se revuelve contra vuestro catecismo en
multitud de blogs, centros sociales, foros, bares y listas de correo.
Como os intuyo patos de mi misma charca, me permito recordaros
ideas muy básicas que deberia manejar con soltura cualquier comunista.
La totalidad dialéctica entiende la realidad como un equilibrio
inestable de polos idénticos y contradictorios. Todo lo real convive
con aquello que lo hace posible y al tiempo lo niega, lo cuestiona, lo
interroga. Esa contradicción es la base del movimiento, es la potencia
de todo cambio, hace posible la historia y al sujeto histórico. Por
eso, desde una visión marxista de la cosa, la unidad no es un guiño
retórico, sino el reclamo de la necesaria riqueza y complejidad de la
política. Vosotros habéis optado por un modelo puro, limpio a vuestra
derecha y sobre todo a vuestra izquierda donde nos habéis dejado
tirad@s a much@s. Lo puro es estático y se da en el laboratorio como
modelo teórico. La realidad social y la práxis que la transforma es
sucia, impura, dinámica, mestiza, hereje, anárquica, auto-organizada,
creativa, destructora, espontánea y mucha veces muta en el humo de un
porro y una mancha de vino … Volved a las fuentes, dad un paso atrás
para que tod@s podamos dar un gran salto adelante.