Manuel Rivas (La Coruña, 1957) tiene el mismo aire juvenil, la mirada de sorpresa e idénticos rizos en el pelo que cuando era un estudiante de Periodismo recién llegado a Madrid desde el puesto más bajo del escalafón de El Ideal Gallego. Lo vivido se nota en las ojeras y las canas y en su literatura, más compleja y ambiciosa. Acaba de publicar Los libros arden mal (Alfaguara), una historia ambientada en su ciudad natal en los días turbios del inicio de la Guerra Civil. Una buena disculpa para recuperar historias olvidadas y hablar de su papel como intelectual implicado en luchas ciudadanas. Rivas, lo dice en esta entrevista, no tiene miedo de que lo etiqueten y asegura ser consciente de que sus posturas políticas le han cerrado puertas importantes. Pero asegura que no puede callarse, que no debe aceptar el silencio ante las cosas que pasan.

-‘Los libros arden mal’ es otra novela sobre la Guerra Civil, sobre la que tratan varios de sus libros. ¿Cierra un ciclo o tiene intención de escribir más sobre el tema?

-Si pensamos en un esquema de círculos concéntricos, esta novela sería el último, el que contiene todos los demás. Pero quiero matizar algo: no es una novela sobre la guerra, ni una novela histórica. Me rebelo contra eso. Las novelas tratan sobre las personas. Yo escribo sobre lo que les sucede en un territorio límite y la guerra lo es.

-Al presentarla dijo que hay un pacto de silencio sobre la Guerra Civil. ¿Por qué lo dice con la enorme cantidad de libros históricos y novelas que se han publicado?

-Creo que no se interpretaron bien mis palabras. Dije que la literatura no podía aceptar pactos de silencio. La dictadura fue la prolongación de la guerra, abrió un enorme cráter de desmemoria que se llenó con un gran fraude histórico. El fraude es el de esa idea tan extendida de que somos un pueblo propenso a autoritarismos, que necesita de vez en cuando una mano de hierro y que su orden natural es el altar y el trono. Yo empecé la novela con un gran desasosiego y salí de ella con la idea de que la pasión de este pueblo es la pasión por la libertad. Por eso ha sido tan castigado, no sólo en el siglo XX sino también en los anteriores. Ha habido un permanente amedrentamiento, ha habido fábricas de producción de miedo, que han estado siempre activas.

-¿De ahí el desasosiego?

-Uno de los protagonistas de la novela lee el libro de Menéndez Pelayo sobre los heterodoxos. Lo utilizo como imagen para decir que en la España oculta hay una idea más cabal del país que en la España que figura como verdad. Lo del desasosiego tiene que ver con la cultura y el humanismo. Me pregunto por qué se puede ser muy culto, tener muchos bienes culturales, muy buen gusto estético y en un momento crucial decantarse no por ese humanismo sino por la barbarie. Incluso encabezar esa barbarie.

-¿Tiene respuesta a esa pregunta?

-En mi libro no hay moralejas. La gente cambia, incluso generacionalmente no hay un destino fatal para nadie. Yo he tratado una historia que pueda interesar al ser humano, no un libro que interesara a la gente de izquierdas o que molestara al resto, sino en todo caso que pueda ser motivo de inquietud histórica para todos.

-Usted ha tomado parte en campañas cívicas de protesta, ha sido muy crítico con el poder ante determinadas actuaciones. ¿Se siente bien en ese papel o le genera a veces alguna incomodidad?

-A mí no me gusta la exposición al público. Puede parecer contradictorio pero de verdad que eso es lo que menos me gusta. Hay cosas que sólo las he hecho como obligación personal, pero nunca me he visto como líder ni portavoz de nada. Tengo muy claro que el primer compromiso de un escritor es escribir. Y lo que escribo no es consecuencia de una ideología ni de un propósito doctrinal.

-¿De qué lo es, entonces?

-Justo de lo contrario: pretendo preguntarme sobre el significado de las palabras, abrirme las tripas, abrir diligencias diríamos sobre un período histórico. Eso es algo que te lleva a no callar. Lo importante no es tanto lo que manifiestas como no aceptar el silencio. Pero no me siento cómodo como referente de nada. Me defino más bien como librepensador. No creo en la idea del profesional del compromiso, sino más bien en una obligación personal que te hace en un momento dado levantar la nariz del papel.

-No se limita a criticar. También baja a la arena de la movilización.

-Me lleva hasta ahí un sentimiento de vergüenza ante cosas que pasan. De ahí mi presencia en protestas contra los residuos nucleares, la instalación de una central o la caza de ballenas. Porque entiendo que un escritor tiene que ser panteísta. Si haces versos sobre el mar y un día ves que se ha convertido en un infierno, ¿ya no hablas sobre él? No se puede escribir como si no pasara nada. El primer compromiso que tenemos es escribir, pero no olvido que el libro más importante que tenemos es el territorio.

TRAYECTORIA

Nació en La Coruña en 1957.

Formación: Se licenció en Periodismo por la Complutense de Madrid, pero había comenzado a trabajar a los 15 años en ‘El Ideal Gallego’.

Activismo: Fue cofundador de Greenpeace España y de la plataforma ‘Nunca Máis’.

Obras: Ha publicado poesía, ensayo, novela, cuentos y textos periodísticos. Sus libros más conocidos son ‘Un millón de vacas’, ‘El periodismo es un cuento’, ‘El lápiz del carpintero’, ‘¿Qué me quieres, amor?, ‘Galicia, Galicia’…
(Entrevista aparecida en el diario «La Verdad»)

One thought on “Manuel Rivas: «Lo más importante es no aceptar el silencio»”
  1. Manuel Rivas: «Lo más importante es no aceptar el silencio»
    El libro mas importante que tenemos es el territorio… como los animales. Por eso lo marcan. Para que otras fieras llegadas de otras latitudes no se lo invadan y sepan que ya está tomado.
    Eso está en los genes de la especia; para saberlo no hace falta leer ningún libro y mejor aún no saber ni que existen.
    ¡Viva la cultureta de la teta!

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