La pacificación de las calles de Barcelona por la vía de campañas de sensibilización se mantendrá como estrategia de la que el ayuntamiento espera frutos a medio y largo plazo, pero para aliviar la olla a presión en la que la ciudad iba camino de convertirse este verano por ruidos y otras quejas
vecinales, el alcalde Joan Clos ordenó ayer simple y llanamente mano dura.
Los bongoseros ya no podrán utilizar el parque de la Ciutadella como punto de encuentro. La presencia de estatuas humanas en la Rambla se limitará para que su
actuación no tapone el paso de viandantes. Los altavoces e instrumentos de percusión de los músicos de la calle serán requisados. El acoso a la venta
ambulante se intensificará. Y, en un ejemplo más del cambio de estrategia
decidido, los perros de vagabundos y mendigos serán incautados si no cumplen las
normas sanitarias vigentes.
¿Tan mal está la ciudad? Ayer, el propio alcalde, en la presentación del plan de
choque, facilitó algunos datos. «Queremos conservar nuestro carácter de ciudad
abierta y mediterránea –insistió Clos–, preservando también la convivencia». A
modo de ejemplo, el alcalde informó de que tras una campaña en la que han sido
inspeccionadas prácticamente todas las terrazas de bares y restaurantes de la
ciudad (2.521), se ha descubierto que un 28’5% merecían ser sancionadas, 485 por
ocupar más acera de la permitida y 232 por carecer de licencia.
MULTAS MILLONARIAS
Los locales, de hecho, son uno de los frentes de batalla contra el ruido que el
ayuntamiento anunció ayer. Clos recordó que las sanciones que está dispuesto a
aplicar sin contemplaciones por consumo de alcohol fuera del local, cierre más
tarde del horario establecido y ruidos a la salida del bar pueden alcanzar los
6.010 euros (un millón de pesetas), y para aquéllos que realizan actividades
distintas a las de la licencia (restaurantes que se reconvierten de noche en
discotecas) la multa puede llegar a los 60.010 euros (10 millones de pesetas).
En ese capítulo, el de los locales molestos y, sobre todo, reincidentes, el
Ayuntamiento de Barcelona ha abierto una inexplorada línea de acción. Algunos
infractores, cuando acumulan varias denuncias sobre la mesa, cambian el nombre
del titular del local como si se hubiera llevado a cabo un traspaso y, con ello,
ponen a cero el cuentakilómetros de los procesos administrativos. Contra esa
treta, la concejala Assumpta Escarp anunció ayer que el ayuntamiento inscribirá
en el registro mercantil y en el de la propiedad los expedientes abiertos para
que figuren como una carga ante cualquier hipotético traspaso de titularidad.
VARAPALO PARA MAYOL
Este «plan de choque» –así lo definió Clos– fue anunciado 24 horas antes de
que el consistorio se reúna hoy en el último pleno antes de las vacaciones. La
oposición tenía previsto atornillar a Clos con la cuestión del ruido, pero en
especial a la teniente de alcalde Imma Mayol, defensora de que los bongoseros
utilizaran el parque de la Ciutadella de día. En ese sentido, Clos impuso ayer
en público su autoridad ante Mayol, pero es cierto también que le dio un
estético respiro. El fin de la percusión en la Ciutadella –aseguró Clos–
cuenta con el acuerdo con los bongoseros, a los que se ha prometido la búsqueda
de un emplazamiento alternativo antes de una semana. No obstante, ayer por la
tarde seguían tocando allí.
LA APUESTA INICIAL
Mayol apostaba en un principio por un diálogo entre los percusionistas y los
vecinos de la zona, con el propósito de que estos últimos aceptaran el redoble
de los tambores de día. El diálogo, al final, ha sido otro. Clos aseguró ayer
que, a cambio de ese prometido rincón alternativo menos molesto, los bongoseros
asiduos de la Ciutadella aceptan que a sus colegas que incumplan el pacto se les
requisen los instrumentos.
> El Ayuntamiento de Barcelona lanza una cruzada contra artistas urbanos, bongueros y locales alternativos
Grandes contradicciones en el discurso de j. clos, a la vez defiende una ciudad abierta y cosmopolita y denuncia aquello que la define como tal, es decir, los artistas callejeros, las expresiones artísticas fuera de los circuitos comerciales, la vida nocturna… la convivencia no se constriuye con prohibiciones sino con educación y conciencia, porqué no mira a la Europa que ahora tanto les deslumbra? Berlin seria un buen ejemplo.