En la guerra que libran las multinacionales de la comida basura contra gobiernos y nutricionistas, la cadena McDonalds acaba de dar un golpe de imagen con la intención de hacer callar a los que la acusan de favorecer la obesidad infantil. Por eso, pondrá a prueba en siete de sus establecimientos de los estados de California, Illinois, Oklahoma y Colorado los llamados R-gyms, pequeños centros deportivos que permitirán a los niños y niñas estadounidenses quemar calorías mientras saborean sus hamburguesas. Aún así, 200 calorías por un simple batido no parece una moneda de cambio saludable para los más pequeños y los niños deberán sudar la gota gorda antes de poder continuar con el resto del menú.

Estos mini gimnasios, cuyo nombre rinde tributo al sonriente payaso pelirrojo que se erige como imagen de la compañía, contarán con modernas bicicletas estáticas especialmente fabricadas para el público infantil en las que, además, se podrán ver dibujos animados a través de las pantallas incorporadas a los aparatos. Los más audaces treparán a través de cuerdas y rocas de plástico, al mismo tiempo que los amantes de la música y el baile podrán ensayar coreografías en las plataformas electrónicas que indican los pasos de cada movimiento. Por supuesto, no podía faltar la incorporación de una pequeña cancha de baloncesto, el deporte rey en Estados Unidos.

William Whitman, portavoz de la compañía, aseguraba al diario USA Today que si los chiquillos se acostumbran al uso de los R-Gyms, éstos podrían reemplazar a las cerca de 5.500 zonas infantiles o play places que McDonalds ha construido en todo el país para los niños de entre 4 y 12 años.

«Un engaño»

Aún así, los críticos de las costumbres alimenticias que pretende imponer la cadena de comida rápida no se muestran muy convencidos con la propuesta. En su opinión, puede engañar a los padres y «hacerles creer que las 20 calorías que un pequeño puede perder con este ejercicio contrarrestará los dos centenares de calorías consumidas por un solo batido», sin añadir las que aportan hamburguesas y patatas fritas, explicaba al rotativo estadounidense Kelly Brownell, miembro del Rudd Center de política alimenticia y contra la obesidad de la Universidad de Yale. Por su parte, los responsables de la cadena de hamburgueserías sostienen que la lucha contra la obesidad es una de sus prioridades, y que no sólo se proponen implantar estos gimnasios en todos sus restaurantes, sino que ya han mejorado sus menús y su información nutricional. McDonalds daba a conocer ayer que incrementó sus ventas un 5,1% en el último ejercicio -un 6,2% si se incluyen las tiendas abiertas en este tiempo-, gracias a las nuevas hamburguesas y los sandwiches de pollo introducidos en Europa.

Pese a esta declaración, en Nueva York, ciudad a la que de momento no han llegado los R-Gyms, la compañía deberá enfrentarse a la nueva regulación que prohibirá el uso de las grasa trans’. La nueva ley entrará en vigor en julio del 2007 y para un año más tarde todos los restaurantes de la ciudad habrán eliminado el uso de la referida grasa.

(Noticia aparecida en el diario «La Verdad»)