
Entre 1999 y 2003, únicamente por roturas de los oleoductos en Ecuador, se ha derramado más petróleo que el vertido en el desastre del Prestige. Por ejemplo, durante la construcción del OCP se vertieron hasta 22.000 barriles de crudo que llegaron a la laguna de Papallacta de la que toma agua el 60% de la población de Quito. El nuevo oleoducto OCP atraviesa todo Ecuador. En el trayecto hay zonas de alta biodiversidad y producción hídrica, que además presentan un alto riesgo sísmico y de erupción de volcanes activos: en noviembre de 2002 el volcán Reventador destruyó 870 metros del OCP recién construido.
Además en el currículum antiambiental del BBVA se debe añadir la financiación de la celulosa que ENCE quiere construir en Uruguay. Lo que conllevará un gran impacto, tanto por sus emisiones de efluentes contaminantes, como por su gestión forestal insostenible.
A todo ello hay que sumar que el BBVA es el principal propietario español de fabricas de armas, estando implicado en el caza Eurofighter EF 2000, el avión de transporte A400M, los carros blindados Leopard o productos de guerra electrónica como Hspasat, Rymsa e Indra.
Este tipo de irresponsabilidad social corporativa por parte del BBVA viene siendo denunciado desde hace tiempo por distintas organizaciones como el Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG) o Ecologistas en Acción – Ekologistak Martxan.