
Conozcamos la opinión, como siempre sesgada, incompleta, falta de análisis causales y favorable a los lobbies militaristas, del diario español «El País», en este caso expresada en su editorial. Más abajo ofrecemos un análisis que intenta explicar algunas causas de la situación que hemos encontrado en un medio de contrainformación, nota de Tortuga.
Editorial El País
24/12/2006
Una nueva guerra en toda regla está en marcha en el cuerno de África, con la presencia de tropas y blindados etíopes en Somalia para ayudar al Gobierno reconocido e intentar evitar que caiga en manos del islamismo fundamentalista. Pese a las invocaciones a la negociación de las organizaciones internacionales, el espectro de un conflicto regional con decisivas implicaciones religiosas cobra fuerza con el llamamiento de los integristas somalíes a los musulmanes del mundo para que se alisten a la yihad y lleven su lucha hasta la misma Addis Abeba. El hecho de que
Washington apoye al Gobierno secular somalí y a Etiopía amplía el eco de este toque a rebato.
La mísera Somalia, azotada sin pausa por conflictos civiles, golpes de Estado y tiranías -además de sequías bíblicas-, es campo de batalla de
encontrados intereses regionales. Los somalíes no han conocido tregua desde que en 1991 se desplomara la dictadura de Siad Barre, sostenida
durante 30 años por la URSS. El último vuelco de su ensangrentada
historia arranca en junio pasado, cuando las milicias islamistas que
pretenden imponer la sharia conquistaron Mogadiscio, la capital, después
de meses de combates. Desde entonces, han ampliado su control a otras
zonas del país musulmán gracias al apoyo popular y a la escasa
resistencia de los caudillos locales y de un Gobierno reconocido
internacionalmente, pero carente por completo de poderes y territorio y
ahora acorralado en la ciudad de Baidoa.
Bin Laden predicó en su día un tercer frente yihadista en el cuerno de
África, tras Irak y Afganistán. La gravedad de que un país roto y sin
vestigio de autoridad central en esta encrucijada estratégica caiga en
manos de admiradores de Al Qaeda se acrecienta con la intervención
exterior en marcha. En Somalia, hasta una decena de Gobiernos han roto
el embargo de armas decretado por la ONU. La presencia militar de
Etiopía, para quien el triunfo del islamismo radical en su patio trasero
es impensable, y a quien los somalíes ven como un imperio colonialista
cristiano, ha desencadenado la de su archienemigo histórico Eritrea, que
apoya con armas y entrena a las milicias integristas. Las implicaciones
de esta superposición sólo pueden ser funestas en una zona explosiva,
donde se siguen arrastrando reivindicaciones étnicas y territoriales que
han causado varias guerras. La última enfrentó a Etiopía y Eritrea entre
1998 y 2000.
Sólo una enérgica acción internacional puede detener la catástrofe, pero
tal posibilidad parece remota. Estados Unidos, que todavía recuerda su
desastrosa experiencia en el país africano en 1993, pretende, contra la
opinión de la Unión Europea, el envío de cascos azules. El Consejo de
Seguridad aprobó hace un mes una resolución, a iniciativa de Washington
y con apoyo etíope, para despachar tropas de pacificación a Somalia.
Pero nadie ha hablado de cómo, quiénes y cuántos serían o qué harían en
este infierno desértico de guerra del fin del mundo.
EEUU busca frenar a islamistas y añade tensión
Jim Lobe
IPS
Ante el temor de que los islamistas transformen a Somalia en un refugio para la red terrorista Al Qaeda, Estados Unidos impulsa una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que, según expertos, desataría una guerra en todo el Cuerno de África.
La resolución, que eximiría a una propuesta fuerza «de apoyo a la paz» de un embargo de armas que se aplica a Somalia desde 1992, debería ser votada esta semana a pesar de la oposición de la poderosa Unión de Cortes Islámicas (UCI) somalí a cualquier despliegue de tropas extranjeras.
La UCI, que busca crear un Estado islámico, logró desalojar a los señores de la guerra que habían dividido el país en feudos tras el derrocamiento del dictador Mohamed Siad Barre en 1991, y que contaban con el apoyo de Estados Unidos. Los islamistas ahora se oponen al gobierno federal de transición, respaldado por Etiopía.
«El borrador de la resolución que Estados Unidos quiere presentar ante el Consejo de Seguridad de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) podría desencadenar una guerra abierta en Somalia y desestabilizaría a toda la región del Cuerno de África porque agravaría el conflicto entre Etiopía y Eritrea», alertó esta semana el Grupo Internacional de Crisis, con sede en Bruselas.
Otros analistas señalaron que la aprobación de una resolución en este momento sería una grave provocación a la UCI, acusada por Estados Unidos de brindar refugio a responsables de los atentados contra sus embajadas en Tanzania y Kenia en 1998.
«Si intentas desplegar una fuerza armada africana liviana en Mogadiscio, tendrás una batalla», alertó Ted Dagne, especialista en el Cuerno de África para el Servicio de Investigación del Congreso legislativo de Estados Unidos.
El experto sostuvo que cualquier despliegue de tropas como parte de una iniciativa de paz debería requerir también el retiro de los varios miles de soldados etíopes que según observadores aún se encuentran en Somalia.
«Un acuerdo negociado entre el gobierno de transición y la UCI es la clave. La UCI está allí. No puede ser ignorada. Parece tener respaldo popular entre los somalíes en las áreas que controlan, y la única entidad que apoya Estados Unidos (el gobierno de transición) no controla nada más que Baidowa», la capital interina, agregó.
La operación de paz fue propuesta originalmente hace dos años por la Unión Africana y por la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo (IGAD) bloque de África oriental que reúne a Djibouti, Eritrea, Etiopía, Kenia, Somalia, Sudán y Uganda.
Pero la iniciativa sólo fue tomada en serio por Washington cuando la UCI derrotó a los señores de la guerra el último verano boreal.
Como está redactada, la resolución no excluiría la participación en la fuerza de paz de Etiopía, país considerado enemigo por la población somalí y que según fuentes diplomáticas ya tiene entre 2.000 y 8.000 soldados protegiendo al gobierno de transición y entrenando a sus fuerzas de seguridad dentro y en los alrededores de Baidowa.
«Estados Unidos procura legitimar la presencia etíope en Somalia como parte de un esfuerzo para preservar el gobierno de transición e impedir que la UCI tome control de todo el país», según una fuente diplomática que prefirió no ser identificada.
«Sin embargo, el problema es que el gobierno de transición goza de muy escasa legitimidad dentro de Somalia y es cada vez más visto por la población como un representante de Etiopía», añadió.
«Una resolución del Consejo de Seguridad que autorice el despliegue de una fuerza extranjera con Etiopía fortalecerá a la UCI, que será capaz de granjear un gran sentimiento nacionalista. Ni siquiera sería necesario atacar a Baidowa. El gobierno de transición simplemente caería por sí solo», opinó.
«Lo único que une a los somalíes es su animosidad y odio hacia los etíopes. El respaldo de Etiopía al gobierno de transición confirmó las sospechas de los somalíes de que (el presidente interino) Abdullahi Yusuf es pro-etíope y no un verdadero líder» nacional, dijo Dagne.
La táctica de Bush causó consternación en la ONU, entre sus aliados europeos e incluso dentro de su misma administración, particularmente en el Departamento de Defensa, de acuerdo con varias fuentes.
En un documento entregado a embajadores de Estados Unidos en la Unión Europea esta semana, expertos en África de la Comisión Europea, órgano ejecutivo de ese bloque, alertaron que el despliegue de una fuerza de paz que incluyera a soldados etíopes podría desatar un gran conflicto regional, según informó la agencia de noticias Reuters.
Pero Etiopía no es el único país que interviene directamente en Somalia. Eritrea envió fuerzas especiales para apoyar a la UCI, acción que fuentes diplomáticas calificaron de «oportunista y una repetición de lo que ocurrió en Somalia en el momento cumbre de la guerra etíope-eritrea» entre 1998 y 2000.
De hecho, un informe de la ONU divulgado a comienzos de este mes identificó a 10 países –cinco de los cuales, incluyendo a Etiopía y Eritrea, son cercanos a Somalia– que desafiaron el embargo de armas ordenado por la ONU en 1992 y proveyeron de material bélico a todas las partes del conflicto.
Desde la victoria de la UCI contra los señores de la guerra, analistas han llamado a un gran esfuerzo internacional para respaldar las conversaciones de paz entre los islamistas y el gobierno de transición. Pero el diálogo, cuya próxima ronda debe comenzar el 15 de diciembre en Jartum, no ha alcanzado progresos a causa de las posturas radicales de ambas partes.
Según algunos analistas, la intransigente postura de Bush contra la UCI contribuyó al estancamiento del proceso.