La eficiencia energética
De: «worldwatch»
Fecha: Dom, 21 de Enero de 2007, 11:25 pm
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Revista World Watch nº26

La energía condiciona nuestras vidas y la política internacional, y es el principal factor de la degradación ambiental. Hoy dependemos en un 80% de los combustibles fósiles para resolver la inmensa mayoría de nuestras necesidades, lo que nos permite gozar en las zonas ricas de un alto nivel de vida, pero con consecuencias cada vez más apreciables, desde los problemas de suministro, causa de buena parte de los conflictos del último medio siglo, a la amenaza del cambio climático o la realidad cotidiana de la
contaminación atmosférica. Hay problemas de abastecimiento y recursos, pero sobre todo el límite que nos impone la capacidad de la atmósfera para absorber el dióxido de carbono que se emite en la combustión del carbón, el petróleo y el gas natural. El límite real no son los recursos, sino los sumideros.

Por estas y otras razones, a lo largo de este siglo habrá que realizar la transición energética ordenada y gradual hacia un modelo energético descarbonizado y cada vez más eficiente, sin olvidar el importante problema
de proporcionar un nivel de vida digno al 80% de la población mundial que
vive en la pobreza, lo que sin duda requerirá un importe aumente del consumo
energético.

Algunos ponen sus esperanzas en la energía nuclear. Pero ésta, que sólo
produce electricidad y apenas representa el 6% del consumo mundial (el 2%
con una metodología que tenga en cuenta sólo la electricidad producida y no
el calor de la fisión), plantea problemas no menos graves, como los residuos
radiactivos, la proliferación nuclear (véase Irán, India, Pakistán o Corea
del Norte), la seguridad o los costes económicos reales de todo el ciclo.

Muchos pensamos que la solución pasa por el desarrollo de las energías
renovables, que ya aportan el 14% del consumo mundial, y que a medio y largo
plazo podrán cubrir todas nuestras necesidades energéticas, sin agravar el
cambio climático, sin dejar una herencia de residuos radiactivos y sin
ocasionar conflictos por los recursos, pues en todos los lugares hay
suficiente sol o viento, y el hidrógeno será la principal forma de
almacenamiento y el vector energético clave de una economía futura. Pero el
proceso será lento y gradual, requerirá varias décadas, un esfuerzo
prolongado y un importante desarrollo tecnológico, que posibilite reducir
los costes.

Dios aprieta, pero no ahoga. En el pasado el agotamiento de los bosques nos
forzó a entrar en la era de los combustibles fósiles. Hoy afrontamos una
nueva transición, llena de oportunidades y desafíos, hacia un modelo
energético descarbonizado.

La energía es un elemento básico para el buen funcionamiento de nuestro
sistema económico, desde la industria a la agricultura y los servicios.
Gracias a ella nuestra calidad de vida ha mejorado, como lo ha hecho la
movilidad o el confort, liberándonos de pasar frío o calor. Pero, al mismo
tiempo, la producción, la transformación, el transporte y el consumo de
energía es la mayor causa de deterioro ambiental.

Para tratar de hallar un equilibrio, la Unión Europea se ha marcado tres
prioridades interrelacionadas para la política energética: asegurar el
abastecimiento energético, la competitividad y la sostenibilidad ambiental.
La competitividad mejora la eficiencia del sistema energético, y ha supuesto
una importante mejora la generación de electricidad así como un rápido
aumento del consumo de gas natural, el más limpio entre los combustibles
fósiles.

La Unión Europea y, dentro de ella, España en particular (importamos el 80%
de nuestro consumo energético), es una de las regiones más dependientes, al
tener que importar el petróleo y gas que consume en su práctica totalidad.
Tras más de una década de precios energéticos relativamente bajos, en los
últimos años hemos asistido a un importante incremento de los mismos, tanto
de los del petróleo como los del gas natural, a causa de las tensiones en
Oriente Próximo (invasión de Irak, el conflicto de Israel con los
palestinos, Líbano y Siria), la creciente demanda mundial, sobre todo con la
incorporación de China e India a la nueva economía, así como la disminución
de las reservas de hidrocarburos, lo que configura un escenario de precios
altos y crecientes, y nuevas tensiones en el abastecimiento futuro.

En este contexto de dependencia y precios al alza, agravados por el déficit
comercial y la inflación, la variable ambiental es cada vez más importante,
tras la entrada en vigor en 2005 del Protocolo de Kioto. La producción,
transformación y consumo de energía representa cerca del 82% de las
emisiones de gases de invernadero de la Unión Europea, además del 77% de las
emisiones de sustancias que contribuyen a la formación del contaminante
ozono troposférico, el 66% de las sustancias que ocasionan las lluvias
ácidas, el 81% de las emisiones de partículas e importantes emisiones de
metales pesados (mercurio, plomo y cadmio). Pero los impactos no se reducen
a la emisión de sustancias contaminantes, pues incluyen también la
generación de todo tipo de residuos a lo largo de todo el ciclo de
extracción, transformación y consumo, los vertidos accidentales de petróleo
(no olvidemos el Prestige), el consumo de agua, la degradación a veces
irreversible de los ecosistemas, el ruido y el deterioro de los paisajes.

Las centrales nucleares apenas generan emisiones, no sufren los problemas de
suministro de otras fuentes y dan más garantía de suministro que algunas
energías renovables intermitentes, pero crean un problema no menos grave e
irresoluble, como los residuos radiactivos, para los cuales aún no se ha
desarrollado una forma de eliminación, además de los altísimos costes de
todo el ciclo nuclear, la seguridad o los peligros que conlleva la
proliferación nuclear.

Desafíos y oportunidades

Mientras que el PIB creció en España un 43,7% entre 1990 y 2004, el consumo
de energía primaria en el mismo periodo aumentó un 54,4%, la demanda de
energía eléctrica creció un 78,8%, la de gas natural un 491% y el petróleo
un 48,2%. En los últimos diez años, entre 1996 y 2005, el consumo de
electricidad en España ha sido el más alto de toda Europa.

El crecimiento de los consumos de energía primaria, final y electricidad fue
superior al del PIB en la práctica totalidad de los años, lo que supone un
retroceso de la eficiencia, sin parangón en el resto de los países de la
Unión Europea. La intensidad eléctrica final creció un 27,9% entre 1990 y
2005, y el consumo eléctrico por habitante creció un 3,7% anual. Para el
periodo 2005-2011 el Gobierno prevé un aumento anual del 2% del consumo
eléctrico por habitante, que pasará de 5.504 kWh/habitante en 2005 a 6.216
kWh en 2011. El consumo de energía final por habitante creció de media un
2,7% anual entre 1990 y 2005, y el gobierno prevé un crecimiento del 1,7%
medio anual por habitante en el periodo 2005-2011.

Las tarifas eléctricas españolas son de las más bajas de la UE. La
disminución de las tarifas y la ausencia casi total de impuestos
ambientales, finalistas o no, que internalicen los costes ambientales y
sociales, explica en gran parte el aumento del consumo y la pérdida de
eficiencia. A ello se une el crecimiento de la actividad económica, y sobre
todo la ausencia total de programas de gestión de demanda encaminados a
aumentar la eficiencia, y en general la falta de voluntad política que
tuvieron los gobiernos del PP para implantar programas de ahorro y
eficiencia.

A pesar de que el gas natural emite la tercera parte de CO2 por unidad de
energía que el carbón, las emisiones aumentarán, e igualmente crecerá la
dependencia energética. Según el documento del gobierno Planificación de los
Sectores de Electricidad y Gas 2005-2011, presentado en marzo de 2006, la
demanda de electricidad final aumentará el 3% anual en el periodo 2005-2007
y un 2,4% en 2007-2011, con una media del 2,6% anual para el periodo
2005-2011.

Para alcanzar los objetivos del segundo Plan Nacional de Asignación
2008-2012 (aumento de las emisiones de los gases de invernadero del 37% en
2008-2012 respecto a 1990), es necesario adoptar medidas y partidas
presupuestarias adicionales a las ya aprobadas por el Gobierno para aumentar
la eficiencia energética, reducir los consumos energéticos más
despilfarradores, cambiar los modelos de consumo y aumentar la participación
de las energías renovables. Los documentos del gobierno Revisión 2005-2011
de la Planificación de los Sectores de Electricidad y Gas 2002-2011, así
como la Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética 2004-2012, contemplan
un aumento del 62% de las emisiones en 2011 respecto a 1990.

Sin una importante reducción del consumo de carbón, será imposible cumplir
los objetivos de emisiones. El carbón tiene indudables ventajas para España,
como sus grandes reservas muy repartidas, a diferencia del petróleo y el gas
natural, pero es también el combustible fósil con mayor impacto ambiental,
por lo que es conveniente una importante reducción, mientras no se
desarrollen las tecnologías que permitan un uso compatible con la
sostenibilidad, como la gasificación del carbón y el almacenamiento
subterráneo del CO2.

Consumo y dependencia

El consumo de energía primaria en España ha pasado de 91,8 Mtep (millones de
toneladas equivalentes de petróleo) en 1990 a 145,1 Mtep en el año 2005 (un
58% de aumento), año en el que la dependencia energética alcanzó el 79,2%.
El grado de dependencia energética fue del 66% en 1990.

La Revisión 2005-2011 de la Planificación de los Sectores de Electricidad y
Gas 2002-2011 estima que el consumo de energía primaria será de 164,7 Mtep
en el año 2011, con un crecimiento anual del 2% para el periodo 2000-2011.
El consumo de carbón disminuiría de 21,35 Mtep en el año 2005 (14,6% del
consumo de energía primaria) a 13,96 Mtep en 2011 (8,5%), el de petróleo
pasaría de 72,48 Mtep en 2005 (49,6%) a 74,55 Mtep en 2011 (45,3%), el gas
natural de 29,08 Mtep (19,9%) a 40,53 Mtep (24,6%), la energía nuclear se
mantendría en términos absolutos (de 15 Mtep a 15,1 Mtep) y disminuiría en
términos relativos (del 10,3% en 2005 al 9,2% en 2011), y las energías
renovables deberían alcanzar el 12,5% previsto en el año 2011, pasando de
8,4 Mtep en 2005, a 20,55 Mtep en 2011. Las energías renovables sólo
representaron el 5,7% del consumo de energía primaria en el año 2005, cifra
muy alejada del 12% que se quiere alcanzar para el año 2010. Será fácil
alcanzar los objetivos de eólica, pero no así en el resto de las renovables,
sobre todo en biomasa. En 2005 el consumo final ascendió a 107 Mtep,
repartido de la siguiente manera: el transporte representó el 36,4% (32,5%
en la UE), la industria el 36,6% (incluyendo los usos no energéticos), y el
resto de los sectores el 27%, correspondiendo al sector residencial el 15,5%
(26,4% en la UE), los servicios el 8% (11,8%) y la agricultura el 3,5% (2,2%
en la UE). En lo que se refiere a las fuentes, el petróleo representó en
2005 el 58,1% (frente al 46% en la UE), la electricidad el 19,7% (19,8% en
la UE), el gas natural el 16,5% (23,1% en la UE), el carbón el 2,1% (5,5% en
la UE) y las renovables el 3,5% (4,3% en la UE).

Eficiencia energética

Desde 1990 el indicador de eficiencia primaria en la UE se ha reducido un
5,9%, a una tasa media anual del 0,7%, mientras que en España, en vez de
disminuir, ha aumentado a una tasa media anual del 0,7%. Desde 1985 la
intensidad primaria en España ha aumentado un 5,8%, frente a una reducción
del 17% en el mismo periodo en la Unión Europea. Por lo que se refiere a la
intensidad final (cociente entre los consumos de energía final y el PIB),
desde1993 ha experimentado en España un aumento medio anual del 0,4%,
mientras que en la mayoría de los países de la UE se ha reducido. Las
correcciones climáticas o del poder de compra no logran esconder la pérdida
de eficiencia, más si se tienen en cuenta los cambios estructurales debido a
la pérdida de peso de los sectores industriales más intensivos en energía.
Lo cierto es que la eficiencia ha disminuido, un hecho que se traduce en un
mayor aumento del consumo de energía y de las emisiones de CO2. La
intensidad energética ha disminuido en la industria, pero ha empeorado en el
transporte y en el sector residencial.

Cogeneración

La cogeneración es la producción combinada de calor y electricidad. La
potencia instalada de cogeneración ha aumentado desde 488 MW en 1991 hasta
6.250 MW en 2005, según la Comisión Nacional de la Energía. Actualmente en
España existen 850 plantas de cogeneración. La Estrategia de Ahorro y
Eficiencia Energética prevé instalar 1.700 MW adicionales en el periodo
2004-2012, sobre un potencial de 5.000 MW, de los cuales 3.000 MW
corresponden a la industria. La nueva potencia de cogeneración que puede
instalarse en el periodo 2005-2007, según el PNA, asciende a 1.150 MW. La
transposición de la Directiva Europea 08/2004/CE debería permitir el
despegue de la cogeneración, siempre que la política energética del Gobierno
permita su viabilidad económica, lo que no sucedió durante la última
legislatura del PP.

El Plan de Acción de la Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética
2004-2012 (E4) fija como objetivo para 2012 un total de 9.215 MW, lo que
supone un incremento de 2.965 MW, muy alejado de lo posible y deseable. En
2012 la E4 prevé que la potencia alcanzable de cogeneración en la industria
ascienda a 7.290 MW en la industria, 700 MW en servicios y 1.225 MW en
tratamiento de residuos.

Los elevados precios del petróleo y el gas natural en los últimos años, y
las escasas primas por la electricidad vertida a la red, han mermado la
rentabilidad de las plantas de cogeneración, y han paralizado numerosos
proyectos, además de poner bajo mínimos a las plantas existentes, lo que va
en contra de los intereses del país, pues éstas son las instalaciones más
eficientes desde el punto de vista energético y ambiental, y las que más
contribuyen a reducir las emisiones de CO2.

En 2002 España sólo produjo el 7,8% de la electricidad con cogeneración,
frente al 29,9% de Holanda, el 49,1% de Dinamarca, o el 38% de Finlandia. La
Comisión Europea estableció como objetivo el 18% del total de la
electricidad generada para el año 2010, frente al 9,9% en el conjunto de la
Unión Europea en 2002.

Las administraciones competentes deberán arbitrar las medidas necesarias
(sobre todo unas primas adecuadas y un marco estable) para que nuestro país
llegue como mínimo al 18% en 2010. El sector agroalimentario, y sobre todo
los servicios, son los que presentan hoy unas mayores posibilidades de
desarrollo. Las nuevas tecnologías, como microturbinas o pilas de
combustible, podrían posibilitar un rápido desarrollo, siempre que la
Administración proporcione el marco adecuado.

La cogeneración es mucho más eficiente que la producción separada, y
presente otras muchas ventajas: garantía de potencia, abastecimiento más
descentralizado, menores pérdidas en transmisión, adaptación a la demanda
local, menor contaminación y mayor creación de puestos de trabajo. Una
planta de cogeneración tiene una eficiencia que va del 60 al 80%, frente al
35% de una central termoeléctrica de carbón, el 33% de una central nuclear o
el 51% de una central de ciclo combinado, si se tienen en cuenta las
pérdidas en el transporte y distribución.

Usos domésticos

El consumo total de electricidad pasó de 30.209,9 GWh en 1990 a 65.918,8 GWh
en 2004, con un incremento del 118,20%, superior a la media total del
88,68%. La población de hecho pasó de 39.887.140 personas en 1990 a
44.508.530 en el año 2005 y el número de hogares de 11.736.376 en 1991 a
cerca de 15 millones en 2006, y además también aumentó la superficie media
de las viviendas. En el año 2000 el parque edificatorio español lo componían
1.900 millones de metros cuadrados, de los cuales 1.300 millones eran
viviendas principales y 600 millones viviendas secundarias, según el Censo
de población y Vivienda 2001 del INE. El número de personas por hogar se
redujo de 3,4 personas por hogar en 1990 a 2,9 en el año 2000. El conjunto
de viviendas familiares, incluidas las secundarias y las desocupadas, pasó
de 17.220.399 en 1991 a 20.550.560 en 2000.

Desde 1990 la intensidad energética del sector residencial aumentó a una
tasa media anual del 3%. El aumento del número de hogares se debe tanto al
crecimiento de la población, a causa sobre todo de la inmigración, como de
la reducción del tamaño de las unidades familiares.

La actuación más importante fue la aprobación del Código Técnico de la
Edificación, y en el futuro los Decretos que revisan el RITE y el
procedimiento de Certificación Energética de los Edificios (CTE). Según el
IDAE, la implantación del CTE va a suponer, para cada edificio y respecto al
consumo que tendría si fuera construido según la legislación actual, un
ahorro energético asociado de un 30-40% y una reducción de emisiones de CO2
por consumo de energía de un 40-55%.

El consumo eléctrico por hogar pasó de 2.660,7 kWh en 1990 a 3.298,7 kWh en
2000, los usos térmicos de 0,35 tep (toneladas equivalentes de petróleo) en
1990 a 0,46 tep en 2000, y el total de 0,58 tep en 1990 a 0,74 tep en 2000.
Sin embargo los consumos domésticos en España son el 57% de los consumos
medios en la UE, después de aplicar las correcciones climáticas. Es
previsible que los consumos sigan aumentando. En 1975 el consumo doméstico
ascendió a 4,2 Mtep (Millones de toneladas equivalentes de petróleo), en
1995 a 10,1 Mtep y en 2000 a 11,8 Mtep (15,1% del consumo final) y para el
año 2010 llegará a 14,5 Mtep en el “Escenario Tendencial” o a 13 Mtep en el
escenario “Ahorro Base”, lo que supone entre 1 y 0,9 tep/hogar en el año
2010, frente a 0,75 tep/hogar en 1999. En conjunto aumentará el consumo de
electricidad, gas natural y energía solar (bajas temperaturas y
fotovoltaica), crecerá algo la biomasa, se estabilizará el consumo de
gasóleos y gases licuados de petróleo (GLP) y se reducirá el consumo de
carbón.

El consumo aumentará por la mejora del nivel de vida, por el aumento de los
equipamientos familiares y la demanda de mayores niveles de confort, por el
aumento de la población a causa de la inmigración, la disminución del número
de personas por hogar y el aumento de la superficie de los hogares, entre
otros factores. Las políticas de ahorro, en el mejor de los casos, sólo
lograrán reducir el aumento tendencial del consumo.

Según el IDAE la calefacción representó el 46,8% del consumo residencial, el
agua caliente el 20,5%, los electrodomésticos el 15,6%, la cocina el 9,6%,
la iluminación el 7,3% y el aire acondicionado el 0,2%. Parte de las
variaciones del consumo doméstico, sobre todo la calefacción, se deben a las
variaciones climáticas.

Las tasas de equipamiento en electrodomésticos (en equipos por hogar) han
aumentado considerablemente. En 1990 había 99 frigoríficos por cada 100
hogares, y en 2000 se llegó a la total saturación, con 102 por cada 100
hogares. En lavadoras se pasó de 94 en 1990 a 98 en 2000, y en televisores
de 121 unidades por cada 100 hogares en 1990 a 148 en 1999. Los lavavajillas
pasaron de sólo 8 por cada 100 hogares en 1990 a 27 en 2000 (se llegará al
49% en el año 2010), y mientras que en 1990 sólo el 2% de los hogares tenían
aire acondicionado, en 2000 ya eran el 12%.

Los electrodomésticos, incluidos los ordenadores, microondas y pequeños
electrodomésticos, representaron en 1999 el 47,5% de los consumos domésticos
de electricidad: frigoríficos el 21% del total de la electricidad,
televisores el 12%, lavadoras el 5%, lavavajillas el 1%, y otros
(ordenadores, microondas, planchas o pequeños electrodomésticos) el 9,5%. La
iluminación representó el 24%, el aire acondicionado el 0,2%, y el 25%
corresponde a usos térmicos ineficientes (calefacción, agua caliente y
cocina) que deberían ser sustituidos por otras fuentes, como gas natural,
GLP y energía solar. Los frigoríficos consumen más del 21% de la
electricidad, y sin embargo la cuota de mercado de los equipamientos más
eficientes es ínfima: sólo el 0,3% de las ventas en España en 1996
correspondieron a la clase A (la más eficiente), según un estudio realizado
dentro del programa SAVE, porcentaje incluso inferior al de 1994, mientras
aumentaron las ventas de los equipamientos menos eficientes (clases F y G).
En 1998 los consumos medios anuales de los frigoríficos/congeladores en
España ascendieron a 497,9 kWh, frente a sólo 293 kWh en Alemania.

Para el año 2010, según el llamado escenario “Ahorro Base” del IDAE, el
consumo doméstico de electricidad crecerá a un ritmo del 2,6% anual y su
distribución será la siguiente: usos térmicos el 33%, iluminación el 21%,
frigorífico el 15%, televisor el 11%, lavadora el 4%, lavavajillas el 2,5%,
aire acondicionado el 0,3% y otros el 12%. El aumento futuro del consumo
eléctrico residencial se deberá sobre todo al aumento de los hogares
equipados con lavavajillas, ordenadores, microondas, cocinas vitrocerámicas
eléctricas, sistemas eléctricos de calefacción de acumulación nocturna,
secadoras (en el norte de la Península), y nuevos electrodomésticos con
control remoto y función de espera. La iluminación, a pesar de que cada vez
se venden más lámparas de bajo consumo (fluorescentes compactas), seguirá
aumentando, aunque a tasas inferiores al del conjunto del consumo eléctrico,
a causa del mayor número de puntos de luz y el aumento de la venta de
lámparas halógenas de gran potencia.

En 1990 sólo el 27% de los hogares tenían calefacción central, ya fuera
individual o colectiva, mientras que en 1998 el porcentaje ascendía al 40%.
Para el año 2010 se consumirán en calefacción entre 7,6 Mtep y 6,4 Mtep (en
el escenario de Ahorro). El aire acondicionado ha tenido un fuerte
crecimiento, y lo seguirá teniendo, pero con escasa repercusión en los
consumos absolutos.

El aumento de la renta, el descenso de las tarifas eléctricas y de los
precios energéticos en general y la falta de políticas oficiales para
promover el ahorro y la eficiencia, explican el aumento del consumo
energético en el sector residencial.

Comercio y servicios

El consumo final de un sector tan complejo y diverso como los servicios
representó en 2000 el 8,5% del total (6,66 Mtep sobre un total de 78 Mtep),
aunque ha registrado un importante aumento, pues en 1995 ascendía a 5 Mtep,
y para el año 2010 llegará a 8,7 Mtep en el “Escenario Tendencial” (0,9
tep/empleado) o a 7,8 Mtep en el escenario “Ahorro Base” (0,81
tep/empleado). La electricidad representó el 67% del total del consumo en
1999, mientras que en 1980 representó sólo el 42,5% del total. Dentro del
sector servicios, en 2000 el consumo final se repartió de la siguiente
manera: oficinas el 33%, restaurantes y alojamientos el 30%, comercio el
22%, hospitales el 11% y educación el 4%. La intensidad energética del
sector servicios se ha incrementado en un 29% desde 1985, y entre 1990 y
2000 ha crecido a una tasa anual del 2,7%, mientras que en la Unión Europea
se ha reducido en un 1% anual.

En cuanto a los usos, el aire acondicionado representó el 21,1%, la energía
eléctrica para alumbrado público el 5,1%, la electricidad para usos
específicos el 24,6% (19% para iluminación, 4% para ofimática y 1,6% para
ascensores y otros), la electricidad para usos térmicos el 8,8% y la energía
no eléctrica para usos térmicos el 40,3% (calefacción y agua caliente). Para
el año 2010, el aire acondicionado representará el 27,7%, la energía
eléctrica para alumbrado público el 4,4%, la electricidad para usos
específicos el 22,2%, la electricidad para usos térmicos el 8,6% y la
energía no eléctrica para usos térmicos el 37,1%. El consumo en alumbrado
público podría reducirse en un 20%, y con este fin el IDAE ha elaborado en
2002 una propuesta de Ordenanza Municipal de Alumbrado Exterior.

Transporte

El consumo final del transporte representó en 2005 el 36,4% del total (39
Mtep sobre un total de 107 Mtep), aunque ha registrado un importante
aumento, pues en 1995 ascendía a 26 Mtep, y para el año 2011 llegará a 46,4
Mtep. La carretera representó el 79,5% del total del consumo en 2000,
mientras que en 1980 representó el 69% del total, el transporte aéreo el
13,7%, el marítimo el 4,2% y el ferrocarril el 2,6%. La intensidad
energética del transporte se incrementó un 1,2% de media anual entre 1990 y
2000.

El consumo de los vehículos privados representa el 45% del total de la
carretera. Aunque el consumo específico de los vehículos diesel se ha
reducido en un 18% entre 1980 y 1999, y los de gasolina en un 11,7% en el
mismo periodo, han aumentado los recorridos de los vehículos de gasolina, y
sobre todo ha aumentado el parque de vehículos, que se ha triplicado entre
1975 y 1995, y cada vez se utilizan vehículos de mayor tamaño y consumo,
como los monovolúmenes y los todoterrenos. La Comisión Europea y la
Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles han llegado al compromiso
de reducir en un 25% el consumo para la media de las ventas entre 1995 y
2008.

El consumo medio de los turismos de gasolina en el año 2001 ascendió a 7,6
litros por cada 100 km, con unas emisiones de CO2 de 182 gramos por
kilómetro, y el de los turismos de gasóleo ascendió a 6,2 litros por cada
100 km, con unas emisiones de CO2 de 165 gramos por kilómetro, cifras muy
superiores a los 140 gramos/km que establece como objetivo la Comisión
Europea para el año 2008.

El transporte de mercancías por carretera ha tenido un gran crecimiento,
desplazando a otros modos más eficientes, como el ferrocarril. En cuanto al
transporte aéreo, las previsiones de AENA apuntan a que el tráfico de
pasajeros en los aeropuertos españoles se multiplicará por 2,1 entre 1995 y
2010. Las reducciones de los consumos específicos no podrán compensar el
enorme aumento de la demanda; el consumo pasará de 4,2 Mtep en 1999 a 6,4
Mtep en el año 2010 en el escenario tendencial y 5,9 Mtep en el Ahorro Base.

Las emisiones de CO2 del transporte aumentarán un 73% entre 1990 y 2010 en
el escenario tendencial. De no haber nuevas políticas, como una nueva
fiscalidad ecológica, trasvase del tráfico de viajeros y mercancías a los
modos más eficientes, la obligatoriedad del etiquetado ecológico de los
vehículos, actuaciones urbanísticas y territoriales que reduzcan la
necesidad de desplazamientos y campañas para cambiar los hábitos más
insostenibles, las emisiones y el consumo de energía seguirán creciendo. La
aportación prevista de los biocarburantes en el Plan de Energías Renovables,
2,2 Mtep, reducirá las emisiones anuales en 1,96 millones de toneladas de
CO2 en 2007.

Agricultura

El consumo final de la agricultura representó en 2000 el 3,3% del total (2,5
Mtep sobre un total de 78 Mtep), con un ligero aumento, pues en 1996
ascendía a 2,1 Mtep. Las cifras varían según la fuente, pero no son muy
importantes. El sector engloba también la pesca, sometida a una fuerte
reestructuración.

Industria

El consumo final de la industria, incluyendo los usos no energéticos,
representó en 2005 el 36,6% del total (39,2 Mtep sobre un total de 107
Mtep), aunque ha registrado un aumento muy inferior al de otros sectores, y
para el año 2011 llegará a 45,6 Mtep, incluyendo los usos no energéticos,
que pasarían de 5.318 ktep en 1990 a 9.004 ktep en el año 2010. Las
emisiones de CO2 de la industria aumentarán un 33% entre 1990 y 2010 en el
escenario tendencial.

La intensidad energética del sector industrial viene disminuyendo desde hace
20 años, a diferencia de lo que sucede en el resto de los sectores, debido a
que la mayor parte del consumo (casi el 90%) se concentra en poco más de un
millar de industrias, y es más fácil actuar, aunque en el año 2000 aumentó
en un 8,9%, debido a que el consumo creció un 13,9% y el valor añadido bruto
sólo un 4,6%. La eficiencia energética de la industria ha mejorado un 22%
entre 1980 y 1999. La intensidad energética del sector industrial se redujo
en un 10,6% desde 1990 en términos acumulativos y un 5,6% en 1999, sobre
todo en los sectores más intensivos en energía y donde ésta representa un
mayor porcentaje de los costes, aunque se vienen produciendo aumentos de la
intensidad eléctrica. El consumo de electricidad en la industria pasó del
27% en 1995 al 30% en 2000, y el gas natural del 23% del consumo final de la
industria en 1995 al 38% en 2000.

Los sectores industriales más intensivos en energía son cemento, vidrio y
cerámica (6.175 ktep en 2000, 25,5% del consumo energético industrial, 5,1%
del valor añadido industrial), la industria química (3.747 ktep, 15,5% del
consumo energético industrial, 6,5% del valor añadido industrial), pasta y
papel (2.077 ktep, 8,6% del consumo energético industrial, 4% del valor
añadido industrial), siderurgia y fundición (2.776 ktep, 11,5% del consumo
energético industrial) y metalurgia no férrea (1.164 ktep, 4,8% del consumo
energético industrial); estos dos últimos sectores, con el 15,9% del consumo
energético industrial, representan sólo el 4% del valor añadido industrial.
En la actualidad siguen existiendo grandes posibilidades de mejora de la
eficiencia energética, sobre todo en la producción de etileno, siderurgia y
pastas papeleras. Con los apoyos adecuados, sería factible ahorrar más de un
20% de la energía, produciendo lo mismo que en la actualidad, mediante el
impulso de la cogeneración, el empleo de bombas de calor, control de
procesos o el aprovechamiento de los residuos, entre otras tecnologías.
Además hay que destacar la pérdida de peso de los sectores industriales más
intensivos en energía.

La industria utiliza la energía básicamente para tres aplicaciones:
calentamiento, fuerza motriz y generación de vapor.

Gestión de la demanda eléctrica

El enfoque de oferta es el que determina toda la planificación del sector
eléctrico, encaminada a aumentar la oferta y a dar por hecho que la demanda
de electricidad seguirá creciendo, y que tal crecimiento es deseable, pues
supone un mayor bienestar.

Desde nuestro punto de vista tal enfoque es erróneo, por varias razones:

1. La población demanda servicios, como calor, refrigeración o
iluminación, y no más electricidad.

2. Existen las condiciones tecnológicas y económicas para proporcionar
los servicios energéticos con un consumo menor de energía, y de electricidad
en particular.

3. Hay muchas razones para disminuir el consumo de energía, y de
electricidad en particular. En primer lugar están los costes ambientales,
desde el cambio climático a los residuos radiactivos. En segundo lugar las
geopolíticas y económicas: el 80% de la energía primaria se importa, con
costes importantes (déficit exterior) e incertidumbres políticas. Además
están los costes de oportunidad: una menor demanda permitiría liberar una
importante cantidad de capital para ser invertida en otros sectores que
generan más empleos.

Un nuevo enfoque de demanda permitiría mantener el bienestar y el desarrollo
económico, disminuyendo el consumo energético, y eléctrico en particular,
proporcionado los mismos servicios con un menor consumo. Pero para ello
creemos que se deben dar algunas condiciones.

1. Voluntad política, consenso social y explicación clara y detallada a la
ciudadanía, por los cauces democráticos.

2. Una nueva fiscalidad ecológica, que internalice los costes ambientales y
sociales de la producción de energía, y de la electricidad en particular
(residuos radiactivos, lluvias ácidas, contaminación atmosférica, cambio
climático, pérdida de biodiversidad), sin aumentar la carga fiscal.
Igualmente se deben reducir de forma paulatina las subvenciones directas e
indirectas de los combustibles fósiles y la energía nuclear. Parte de la
fiscalidad ecológica se debe destinar a la financiación de programas
finalistas encaminados a prestar los mismos servicios con un menor consumo
energético.

3. Los programas de gestión de demanda los deben gestionar entes públicos,
pues serían un fracaso en manos de las empresas eléctricas, interesadas en
facturar más electricidad, y que en muchos casos han aprovechado los
supuestos programas de gestión de la demanda para introducir nuevos equipos
(acumuladores nocturnos o bombas de calor) que lo único que hacen es
aumentar aún más el consumo eléctrico.

4. El empleo de las mejores tecnologías existentes para aumentar la
eficiencia podrían permitir ahorrar 41 TWh. El empleo de las tecnologías más
avanzadas, aún no suficientemente desarrolladas, permitiría disociar el
crecimiento del PIB del aumento consiguiente del consumo energético. El
coste de cada kWh o julio ahorrado casi siempre es inferior al que supondría
producirlo, sobre todo si se consideran las externalidades. Tal ahorro
mediante el aumento de la eficiencia podría ser un elemento clave para que
España cumpliese los compromisos adquiridos con la ratificación en el
Congreso de los Diputados del Protocolo de Kioto, y además es la opción más
competitiva, y menos costosa.

Referencias

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*Ministerio de Economía. Estadística de Energía Eléctrica. Varios años.

*Ministerio de Industria, Comercio y Turismo (2006). Revisión 2005-2011 de
la Planificación de los Sectores de Electricidad y Gas 2002-2011.


*José Santamarta es director de la edición española de la revista World
Watch