Historias de tíos y timos

Chris Floyd

CounterPunch.- Traducido para Rebelión por Germán Leyens

¿Por qué insistió George W. Bush – con una certeza tan fanática, a pesar de las serias y justificadas dudas de sus propios servicios de inteligencia – en que Sadam Husein almacenaba un vasto arsenal de armas de destrucción masiva? ¿Por qué esa insistencia en esta patológica disociación de la realidad, que llevó directamente a la muerte de miles
de personas inocentes? ¿ Por qué dijo semejantes mentiras, mentiras tan cínicas, mentiras tan horribles, mentiras que rezumaban sangre, mentiras que criaban más mentiras como ratas en un barco infestado?

Es fácil: porque hacía ganar dinero a su familia.

No estamos hablando de la bien conocida asociación de su familia con el
Grupo Carlyle, la compañía mejor establecida del mundo para la
financiación de compañías no cotizadas en bolsa, cuyos masivos holdings
en la maquinaria de guerra han sido tan enormemente colmados por el
saqueo de Bagdad de Bush. Es verdad, Carlyle ha sido desde hace tiempo
una gananciosa prebenda bushista: Papá George fue un esforzado vendedor
viajero de la firma, cruzando el globo con sus socios plutócratas – como
los bin Laden – buscando contratos entre compinches, adquisiciones
secretas y «privatizaciones» lucrativas de servicios públicos. Incluso
el pequeño pretzel en persona estuvo aparcado en el consejo de una de
las compañías de Carlyle cuando andaba perdido entre engaños a los
accionistas de Harken y el engatusamiento de los votantes de Texas.

Pero el año pasado, el Papá se retiró de la firma, y partió hacia el
crepúsculo a revolcarse en el botín gubernamental que el hijito había
maniobrado hacia Carlyle: 2.100 millones de dólares sólo en 2003.
Mientras indudablemente sigue teniendo «intereses» en una serie de
manejos oscuros de Carlyle, el anciano ya no participa en las estafas
importantes. No, ahora hay que tratar con el hermano de papá, William,
tío del actual presidente.

William Bush es director de Engineering Support Systems Inc. (ESSI),
proveedor de artículos militares de alta tecnología a – bueno, al mejor
postor. Sólo el año pasado vendieron 13 millones de dólares en equipos
avanzados de radar para poner al día la flota de cazas de China
Comunista, – sabes, el tipo de avión que obliga a aterrizar con tanta
facilidad a los aviones espías de EE.UU. Pero así sólo mantiene el nivel
de la familia… El hermano de William, Prescott Jr., es jefe de la
Cámara de Comercio EE.UU.-China, mientras que el hermano de pretzel,
Neil, está involucrado con el hijo del antiguo jefe comunista Jiang Zemin.

Pero ayudar a armar un régimen dictatorial que tiraniza a su propio
pueblo, que invade a sus vecinos y posee realmente grandes arsenales de
armas de destrucción masiva (ADM) es sólo una actividad suplementaria
del Tío Bill. (Aunque de nuevo, es tradición familiar – después de todo
es lo que el Papá George hizo durante años con su amiguito especial,
Sadam.) Sobre todo, ESSI de Bill hace divertidos negocios con el
Pentágono de su sobrino Georgie y esa nueva oportunidad para
inversiones, el Departamento de Seguridad Interior. Y es aquí donde
aparecen esas ADM fantasmas de Irak – tan maniáticamente exageradas por
Junior – informa la investigadora Margie Burns en Prince George’s Journal.

Entre sus numerosas mercaderías para el «guerrero» (la firma utiliza la
terminología actual del Pentágono en reemplazo del antiguo y honorable
nombre de «soldado»: esa estúpida jerga de adolescente). ESSI vende una
unidad de «Sistema de Refugio Protegido Químico-Biológico» [CBP por sus
siglas en inglés] – un cobertizo portátil que puede servir de área
no-contaminada para centros de comando u hospitales campaña durante un
ataque con ADM. En la primerísima semana de la guerra de George, en la
que los generales de la tele advertían cada hora sobre la inminente
catástrofe del bioterror que amenazaba a las tropas, los muchachos del
Tío Bill se embolsaron 19 millones de dólares por un embarque de
unidades CBP, informa un comunicado de prensa de ESSI. Esto además de 44
millones de dólares en unidades anti-ADM pedidas durante el pánico
generado por pretzel antes de la guerra.

Ahora bien, ¿qué resultados financieros hubiera mostrado el Tío Bill si
George hubiese dicho la verdad?

ESSI también se beneficia del pánico en el frente interno. El verano
pasado, mientras Georgia hacía rebotar el «nivel de amenaza», ESSI se
tragó un graso contrato de Seguridad Interior para comenzar a
desarrollar una flota de centros móviles de comunicación de emergencia
para ser utilizados en el caso de un ataque bioquímico terrorista de
parte de los antiguos empleados afganos de la yihád de la CIA – mejor
conocidos actualmente como al Qaeda. Mientras George mantiene en
funciones los colores de su semáforo – y la pandilla ex CIA hace sus
deberes con un poco de estruendo por aquí y por allá – el Tío Bill se
seguirá tragando esa crema de «nivel de amenaza».

En total, ESSI se tragó unos 380 millones de dólares del Pentágono sólo
el año pasado, sin contar el negocio chino y una porción extra de 26
millones de dólares de Arabia Saudí – otro famoso bastión de la libertad
y la democracia – por el mantenimiento de su Real Fuerza Aérea.

Y así siguen las cosas, suman y siguen, en la gran rueda del unto; las
políticas belicosas de Bush – obviamente basadas en las Escrituras: «y
habrá terror y grandes señales del cielo» – fomentando un ciclo
interminable de desinformación y revancha, de miedo, inestabilidad y
militarización global. (Por cierto, en la militarización cósmica:
preparan programas para toda una armada de «armas espaciales», informa
Wired) Pero éste es el tipo de caos moral con el que el clan Bush-Walker
siempre se ha beneficiado, como lo muestra Kevin Phillips en su
devastadora nueva historia, «American Dynasty».

En la Rusia revolucionaria, los Bush-Walker hicieron negocios con rojos
y blancos; ayudaron a armar a los nazis y a los aliados. Sus
descendientes arman a China y la amenazan – como siempre, ganando dinero
pase lo que pase. La naturaleza del cliente no interesa: rey, comunista,
nazi, jeque, señor de la guerra, poobah, lo único que importa es:
¿quieren hacer negocios?

Entonces, ¿atacó Irak George Walker Bush sólo para vender algo? No.
Pero, durante generaciones, él y su familia y su calaña, suave como la
seda, – los grandes embaucadores, siempre a la busca de dinero fácil –
han utilizado el derramamiento de sangre, el odio y el engaño para
amañar la política pública y los tesoros públicos y convertirlos en
máquinas productoras de ganancias privadas. La especulación con la
guerra es inevitable, ineludible, incluso laudable, en la creciente
pesadilla de corrupción y muerte que han ayudado a fomentar en el mundo.

Chris Floyd es columnista de Moscow Times y colaborador permanente de
CounterPunch. Su artículo en CounterPunch sobre el plan de Rumsfeld de
provocar ataques terroristas apareció como número 4 de la lista final de
Project Censored.