
Una verdad antigua
Marcela Çaldumbide. Abogado.
«Una verdad antigua» fue lo primero que se me ocurrió al ver como trataba Al Gore el tema de la contaminación ambiental en la película titulada «Una verdad incómoda», en
la que nos la sitúa como el primer objetivo de preocupación de su ambición política.
De repente nos transmite con mucha precisión científica cómo el planeta Tierra está sufriendo un calentamiento global, entremezclando al mismo tiempo su sensibilidad
como padre y su inmensa capacidad de amor por la naturaleza que ha venido desarrollando desde su infancia.
Es un documental en el que la estrella es Él, tan inadvertida se le hace esta pequeña observación, pendiente en su afán de conquistar el mundo, que se permite conjugar, «con un aire de sencillez», su vida personal con la trascendencia que para todos nosotros tiene la energía solar y el poder respirar un aire limpio. Se acuerda
también de que si se produjera el deshielo crecería el nivel del mar, resaltando que
esto pondría en peligro la vida de mucha gente. En medio de tal cambalache nos
permite viajar por el túnel del tiempo recordándonos datos de «significante interés»
para el tratamiento de la energía y sus consecuencias, tales como que habían
conseguido terminar con el comunismo y que su hermana había muerto de cáncer de
pulmón. Por cierto, con ésta se había sentido muy querido de pequeño, lo que
corroboraba con tiernas fotos de su infancia.
En la línea de continuar atendiendo los asuntos con un orden de interés, nos
plantea como un ideal su deseo de que se dejen de vender cigarrillos, indicándonos
de pasada que su papá, dados los acontecimientos, dejó de cultivar tabaco. No se
deduce con claridad si su preocupación dimana de la enfermedad padecida por su
hermana, del mal uso al que se destinan los medios económicos en la sociedad
actual, o de lo contaminante de la sustancia; el espectador decide. Lo cierto es
que no hace mención alguna sobre los miles de millones de dólares que la industria
destina a la fabricación de armamento, ni acerca de la contaminación radiactiva que
produce la utilización de los mismos, generadora a su vez de múltiples
enfermedades, entre otras el cáncer, ni de la cantidad de personas que están
muriendo en las injustificadas guerras organizadas fundamentalmente para controlar
el petróleo, ni de la cantidad de gente que está siendo contaminada radiactivamente
en este momento, ni de las futuras guerras que se están gestando para disputarse lo
poco que queda de petróleo, ni de lo irreversible que se hace la palabra muerte
para nuestra naturaleza con la radiactividad. Por todo ello, yo intuyo que quizá
fue lo de su hermana lo que más le motivó.
Al Gore nos acompaña nuevamente a su túnel del tiempo y nos traslada una vez más a
su infancia. Esta vez para mostrarnos que creció con un padre granjero, significando
su sencillez y el amor que por esta circunstancia siente por la naturaleza. Su gran
amor coincide con una crisis energética, es decir, «con el fin del petróleo». Yo he
de reconocer que el film no trasluce con claridad si hay que dejar de usar el
petróleo porque se acaba o porque contamina, la realidad es que ahora además se
acaba. De esto último en la peli no se habla.
Tampoco se hace comentario alguno sobre los intereses que también China tiene en lo
que queda de petróleo y del peligro que la disputa sobre éste puede ocasionar para
el planeta. Las dos potencias usan energías viejas que contaminan y dice: las dos
encaramos consecuencias inaceptables. La pregunta es ¿por qué China?, de donde
deriva la competencia con China…?
Podemos continuar compartiendo intimidades de su vida personal acompañándole el día
que asistió al hospital para visitar a su hijo tras un accidente que éste había
padecido. Aquí sí que podemos afirmar sin ningún género de duda: la peli nos indica
que «los momentos difíciles hacen grandes hombres».
Y así llegamos al final de la historia de este túnel donde «sin querer» se
encuentran omitidas las más relevantes e incómodas verdades. Nuevamente se nos
desvía la atención y nos meten goles por la izquierda, al mismo tiempo que nos dan
unos consejos muy útiles tales como: cambiar a fuentes renovables de energía,
comprar aparatos eficientes y focos, cambiar el termostato, comprar un coche
híbrido, caminar o viajar en bicicleta, usar transporte público, reducir nuestra
dependencia del petróleo extranjero, plantar árboles, reciclar, cambiar los coches
por otros que no necesiten petróleo, votar por quienes prometen atacar esta crisis,
llamar a nuestra compañía de luz a ver si ofrece energía verde, si dice que no
preguntar por qué no, ayudar a los granjeros a sembrar cultivos de alcohol, elevar
los niveles de kilometraje requeridos, exigir menos emisiones de los automóviles,
utilizar energías más limpias… Y yo creo que debemos preguntarnos ¿cuáles son las
energías limpias? No olvidemos que así es como denominan a la energía nuclear, tan
defendida por los grupos del poder económico, quienes tanto se preocupan en ocultar
los desastres ocasionados y que sigue ocasionando la utilización de la misma. ¿Cual
es la alternativa qué se plantea para atacar esta crisis?
Anteriormente en parte del
discurso nos predica con un aire tranquilizador que «hacer lo correcto nos mueve a
generar riqueza». ¿A qué coste?, ¿con qué objetivos? Generar riqueza en sí no
significa nada si no se le da un contenido.
Es muy instructivo que para aquellas personas que sean creyentes Al Gore aconsejara
el rezo. Medicina alternativa cuando no queda nada que hacer, nada de que hablar ni
nada por que luchar. También nos resalta que los científicos tienen una obligación
independiente de respetar la verdad, y les hace una crítica aludiendo al engaño al
que a veces se prestan, señalando que es difícil que un hombre entienda algo si su
salario depende de no entenderlo. Esto trae a mi memoria otro de los tantos temas
«incómodos» a tratar, del que tampoco se hace mención en el film y en el que sin
embargo ha estado involucrado Al Gore de forma directa «los fraudes de la industria
farmacéutica», habiendo participado en la venta del AZT a los Áfricanos… ¿De qué
científicos habla?, ¿de qué salario?
Al final del túnel de Al Gore nos encontramos con un tobogán en el que nos habla de
epidemias, y nos oculta que la mayoría de ellas han sido exageradas o inventadas.
Por ejemplo, como ocurre con la anunciada y ahora olvidada gripe aviar, creada con
la intención de esconder y distraernos del horror de la próxima guerra que se está
preparando, para preocuparnos sólo de nuestra salud, inducidos por el miedo, y
alejarnos una vez más de nuestra realidad, más que incómoda, horrible y cruel
realidad.
Seguimos bajando el tobogán y nos enfoca la atención al huracán Katrina. Un desastre
esperado y desatendido por el poder económico como consecuencia de la estrategia
despobladora que éste viene alimentando, asunto sobre el que se omite comentario.
Al Gore permíteme hacer una reflexión: no hay quién se crea que por la muerte de
unas personas te preocupes y por las de otras no. Sólo te preocupas de ti y de tu
insaciable ambición de poder. Que sepas que no nos confundes y que los que creemos
que el espíritu y la ciencia tienen que andar de la mano leemos entre líneas los
olvidos, los desvíos y falta de atención, dimensionamos los asuntos por orden de
importancia, olfateamos lo oportuno y lo inoportuno del momento y sólo podemos
entender el presente con una visión global no fraccionada.
Artículo de Pedro Prieto (Director de Crisis energética):
«Al Gore en España. ¿El huevo del calentamiento global o la gallina del agotamiento
fósil?»