Diagonal

El fantasma de la división ha ocupado gran espacio informativo en los últimos días. Merece aportar ‘datos de realidad’ sobre ello. ¿División en ETA, en el PSOE, en el PNV, entre el Gobierno vasco con Ibarretxe y el presidente del PNV, Josu Jon Imaz? Que la lucha militar ha pasado a segundo plano debería ser la lectura del comunicado de ETA del 9 de enero. Es muy distinta la posición respecto a las anteriores rupturas.

Considera que el proceso democrático “llegará a través de un acuerdo político que recoja los derechos mínimos democráticos que se le deben a Euskal Herria”. En otros procesos internacionales ha habido sectores disidentes, éste puede ser el caso del atentado en Barajas, pero la unidad se ha recompuesto con un llamamiento a la política. En la falta de democracia tiene gran responsabilidad el PSOE, que hace concesiones al PP como si le necesitara para ganar las elecciones, en vez de avanzar en lo que decidió el Congreso en la resolución de mayo de 2005 “convencidos de que la política puede y debe contribuir al fin de la violencia”. Es de manual que ‘dos no luchan si uno no quiere’ en referencia, en este caso, a que no es posible el diálogo entre dos sectores que no están en igualdad. Nueve meses de tregua y de agresiones al sector abertzale indican que algo falla en la concepción, no sólo en la democracia más elemental sino en la del diálogo para la negociación. No vale con que el PSOE amenace con que si pierde las elecciones volverá el aznarismo y piense que ello le da impunidad para llegar hasta las próximas y ganarlas.

El querer hacer el vacío a las negociaciones que ha habido entre vascos expresa una división entre socialistas. Unos son propicios a hablar con Batasuna (Egiguren) y otros temen que una posible unión de las fuerzas nacionalistas les cerraría el camino hacia el Gobierno vasco al que parece desean volver (tras haberlo abandonado en 1991). Y provocaría que las negociaciones entre Euskadi y el Estado tuvieran una fuerte correlación previa de fuerzas de unidad en Euskal Herria para llevar, con mejores condiciones que Ibarretxe, otro Estatuto y el derecho a referéndum. Muestra de ésta posición es Jáuregui, quien sigue afirmando que Batasuna no será legal.

El PNV con Batasuna ilegalizada tiene, electoralmente, más margen de maniobra. Otra cosa son las coaliciones, parece decir Imaz en sus alianzas con los socialistas. Aunque otro sector con Egibar a la cabeza piensa que sería mejor reforzar las fuerzas propias vascas antes de negociar con el Estado, sin que por ello peligre la gobernabilidad. Ésta es la situación en cuanto a la política vasca. La ficción de la participación popular ha dado origen a cartas y artículos, la ciudadanía expresa que la politiquería debe llegar a su fin. También demuestran con ello que el proceso es imparable.