
Por José Santamarta Flórez
worldwatch@nodo50.org
Hoy los bosques cubren más de la cuarta parte de las tierras emergidas, excluyendo la Antártida y Groenlandia. La mitad de los bosques están en los trópicos; y el resto en las zonas templadas y boreales. Siete países albergan más del 60 por ciento de la superficie forestal mundial: Rusia, Brasil, Canadá, Estados Unidos, China, Indonesia y Congo (el antiguo Zaire).
La mitad de los bosques que una vez cubrieron la Tierra, 29 millones de kilómetros cuadrados, han desaparecido, y lo que es más importante en
términos de biodiversidad, cerca del 78 por ciento de los bosques primarios
han sido ya destruidos y el 22 por ciento restante están amenazados por la
extracción de madera, la conversión a otros usos como la agricultura, los
cultivos energéticos y la ganadería, la especulación, la minería, los
grandes embalses, las carreteras y las pistas forestales, el crecimiento
demográfico y el cambio climático. Un total de 76 países han perdido ya
todos sus bosques primarios, y otros once pueden perderlos en los próximos
años.
Hasta décadas recientes, la mayor parte de la pérdida de bosques tuvo lugar
en Europa, el Norte de África, Oriente Próximo y la zona templada de América
del Norte. A mediados del pasado siglo, estas regiones habían perdido gran
parte de sus bosques originales. Ahora la superficie forestal en Europa y
Estados Unidos está estabilizada, o aumenta, por la sustitución de los
bosques primarios por secundarios y plantaciones forestales de pinos y
eucaliptos.
Los bosques más amenazados en términos relativos no son los tropicales, como
cabría pensar por la atención de los medios de comunicación, sino los
bosques templados de Europa y Estados Unidos. Los bosques boreales son los
mejor conservados, y hoy representan el 48 por ciento de la frontera
forestal (bosques primarios), frente al 44 por ciento de los bosques
tropicales y apenas un 3 por ciento de los bosques templados.
Por lo menos 6 millones de km2 de bosques tropicales han sido talados sólo
entre 1960 y 2005, una superficie equivalente a doce veces España. Asia
perdió un tercio de su superficie forestal, y África y América Latina
perdieron el 18 por ciento cada una. Entre 1990 y 2005 América Latina perdió
64 millones de hectáreas de superficie forestal. Más de la mitad (el 57 por
ciento) de la pérdida neta de bosques entre 1990 y 2005 tuvo lugar en sólo
siete países: Brasil, Indonesia, Congo (Zaire), Bolivia, México, Venezuela y
Malaisia. Los bosques tropicales secos, los manglares y los bosques
templados húmedos de las Américas (Canadá, EE UU y Chile), han experimentado
pérdidas muy altas.
En 2005 hubo una pérdida neta anual de 13 millones de hectáreas de bosques,
según la FAO, que se destinan a otros usos. Entre 1990 y 2005, por lo menos
107 países registraron una pérdida neta de superficie forestal, según el
Worldwatch Institute. En el mismo periodo el área forestal se redujo en 60
millones de hectáreas, resultado de una pérdida de 69 millones de hectáreas
en los países en desarrollo y un aumento de 9 millones de hectáreas en los
países industrializados. La deforestación sigue siendo uno de los grandes
problemas ambientales, junto con la amenaza nuclear, el cambio climático y
la pérdida de biodiversidad.
La frontera forestal
Por razones éticas, ambientales, económicas y culturales es necesario salvar
y gestionar de forma sostenible los bosques, y muy especialmente lo que se
llama la frontera forestal, los grandes bosques primarios aún no
fragmentados en pequeños pedazos y capaces de albergar poblaciones viables
de todas las especies asociadas a un determinado tipo de bosque.
Los bosques protegen la biodiversidad, proporcionan madera, leña y
otros productos forestales, evitan la erosión, regulan el ciclo hidrológico,
retienen el carbono y frenan el cambio climático, y son un lugar de disfrute
y de ocio para una población cada vez más urbana y alejada de la naturaleza.
Entre el 50 y el 90 por ciento de todas las especies terrestres habitan en
los bosques, según la UICN. Sólo la frontera forestal (los 13,5 millones de
km2 de bosques primarios que aún quedan) almacena 433.000 millones de
toneladas de carbono, cifra equivalente a las emisiones de dióxido por la
quema de combustibles fósiles y producción de cemento durante los próximos
70 años. Ni que decir tiene que la deforestación agravará el cambio
climático causado por las emisiones de gases de invernadero. La opción más
barata y lógica para mitigar el cambio climático es conservar la frontera
forestal. Los bosques primarios son el hogar de más de 50 millones de
personas pertenecientes a comunidades indígenas.
Más del 75 por ciento de la frontera forestal del mundo está en tres grandes
áreas: los bosques boreales de Canadá y Alaska, los bosques boreales de
Rusia, y los bosques tropicales de la Amazonia y el escudo de las Guayanas.
Sólo ocho países, Brasil, Surinam, Guyana, Canadá, Colombia, Venezuela,
Rusia y Guayana Francesa, tienen grandes porciones de sus bosques originales
en inmensos bloques ininterrumpidos. Otros países que han perdido buena
parte de sus bosques originales, como Indonesia, Estados Unidos y Congo, aún
tienen áreas de frontera en virtud de su tamaño. Setenta y seis países no
tienen ningún bosque de frontera; otros 11 están a punto de perderla. En
Europa sólo queda el 0,3 por ciento del bosque original en grandes áreas
ininterrumpidas, en Suecia y Finlandia.
La deforestación no es la única amenaza. La fragmentación y la pérdida de
calidad afecta a los bosques de todo el mundo. Los bosques templados son los
más fragmentados y perturbados de todos los tipos de bosque. Del 95 al 98
por ciento de los bosques de Estados Unidos han sido talados por lo menos
una vez desde la colonización por los europeos. Los bosques secundarios y
las plantaciones que sustituyen a la cubierta original son muy diferentes a
los bosques primarios. En todo el mundo, por lo menos 180 millones de
hectáreas de bosque se han convertido en plantaciones forestales. En los
últimos 15 años, el área cubierta por plantaciones se dobló y se espera que
se duplique de nuevo en los próximos 15 años.
La contaminación atmosférica (lluvias ácidas, ozono troposférico) también
afecta a los bosques mundiales, y en particular en Europa, América del Norte
y Asia, así como en las áreas cercanas a las ciudades de todo el mundo. Más
de la cuarta parte de los árboles europeos muestra un grado moderado a
severo de defoliación a causa de la exposición a la contaminación y a sus
consecuencias, según estudios realizados por la Comisión Económica para
Europa de las Naciones Unidas. Aunque la situación ha mejorado de forma
notable en Europa y Estados Unidos, en China ha empeorado a causa del
aumento del consumo de carbón, y dadas las perspectivas de rápido
crecimiento el problema podría agravarse, a no ser que se adopten otras
políticas energéticas, que den prioridad a la eficiencia, el gas natural y
la energía eólica.
Amenazas
El tamaño y lejanía de las fronteras forestales no las aísla de las
amenazas. La industria maderera se ha identificado como la gran amenaza de
la mayoría de los bosques, incluidos los de frontera. La minería, la
invasión de especies exóticas, los incendios forestales, las
infraestructuras del desarrollo y la energía, tanto la tala como los
cultivos energéticos, también son amenazas. Estas actividades y las
explotaciones madereras juegan un papel importante en la apertura de las
fronteras a otras actividades, como la agricultura y la ganadería.
El consumo de leña en las regiones tropicales secas también ejerce una
presión importante, sobre todo en numerosos países africanos, China, India,
Pakistán, Bangladesh y Nepal. Indonesia y Brasil también son grandes
consumidores de biomasa. El 55% de la madera que se extrae anualmente se usa
como combustible, ya sea leña o para producir carbón vegetal. Cerca de 2.000
millones de personas dependen de la leña y el carbón vegetal como fuente
principal de combustible. En África representó el 60% del consumo de energía
en 1995, en el sur de Asia el 56%, en China el 24%, en Latinoamérica el 18%
y sólo el 3% en los países industrializados. El consumo mundial de biomasa
en 1995, según la Agencia Internacional para la Energía, ascendió a 930
millones de toneladas equivalentes de petróleo, el 14% del consumo de
energía.
El comercio internacional de maderas tropicales es objeto de las campañas
públicas para poner coto a la deforestación, pues se considera que la
extracción depredadora de madera es una de las mayores amenazas, que afecta
a más del 70 por ciento de los bosques primarios del planeta. Numerosos
países que antes eran grandes exportadores de madera han pasado a
importarla, como es el caso de Nigeria, Filipinas y Tailandia. No obstante
conviene destacar que los mayores productores de madera son países
industrializados, como Estados Unidos, Canadá y Rusia, y de hecho las
maderas procedentes de bosques boreales y templados representan el 83% de
las destinadas a usos industriales.
Gestión sostenible de los bosques
Para afrontar los graves riesgos de la deforestación y la pérdida de
biodiversidad urgen nuevas políticas, encaminadas a la sostenibilidad, con
la creación de más y mayores espacios protegidos, mayor eficiencia en el
consumo de madera, establecer normas de etiquetado en la línea del Consejo
de Certificación Forestal (Forest Stewardship Council, FSC), aumento del
reciclaje de papel y cartón, repoblaciones con especies adecuadas en zonas
previamente deforestadas, mayor equidad social que evite la emigración a la
llamada frontera forestal, y prácticas de gestión forestal menos
depredadoras en la extracción de madera y otros productos forestales, la
caza y la pesca, el turismo y el ecoturismo.
El WWF y la UICN han propuesto que al menos el 10 por ciento de cada tipo de
ecosistema forestal sea zona protegida, y que tal protección no sea
meramente nominal, tal como ocurre en la actualidad en gran parte de las
áreas con algún tipo de protección. Igualmente es urgente establecer
corredores entre las áreas protegidas, encaminados a conservar la diversidad
biológica. Como mínimo se debe tratar de conservar varias muestras lo
suficientemente representativas de todos los ecosistemas forestales,
estableciendo una gestión sostenible en las zonas no protegidas. La
cooperación y participación de las poblaciones afectadas, los consumidores,
las ONG, las empresas y las diferentes administraciones y organismos
internacionales es necesaria para frenar los procesos de deforestación y
pérdida de biodiversidad. Se han dado ya pasos importantes hacia la
sostenibilidad, pero aún queda mucho por hacer, sobre todo en los países en
desarrollo.
Urge frenar la guerra contra los bosques iniciada hace cientos de años, y es
necesario dedicar todo tipo de esfuerzos y recursos a conservar lo que queda
de los bosques primarios, algo que no será nada fácil como muestra la rápida
destrucción de los bosques tropicales, desde la Amazonia a Indonesia, o lo
que es más llamativo, la tala de los últimos reductos de bosques primarios
en Estados Unidos o la deforestación de los bosques húmedos de la Columbia
Británica en Canadá.