Sacado de Indymedia
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Los últimos años de nuevo han visto dinamizarse tejidos sociales cooperantes, dinámicos y creadores de nuevos instrumentos afirmadores de la otra vida dentro de la metrópolis. La desobediencia civil de la insumisión en los primeros 90, la reapropiación y okupación de espacios autogestionados a mitad de la década de los 90, combinado a la vez con la persistencia de activistas sociales dispuestos a dinamizar movimientos de un sola reivindicación, era la materia prima, el territorio idóneo para el despliegue potencial del movimiento, en su búsqueda para encontrarse, mezclarse, mestizarse con la multitud de la Barcelona metropolitana. Buena señal era, a la vez, el deseo que recorría a los movimientos de finales de los 90 de superar lo identitario, salir del guetto, dejar de mirar el mundo con gafas oscuras.

La química estaba puesta. La energía no tardó en llegar. La aparición con fuerza inusitada del movimiento global en los primeros años del 2000 nos dejó boquiabiertos. Un movimiento que fue una síntesis amplia de todo el tejido asociativo y que a la vez empezaba a encontrarse con la multitud, con las y las no-militantes. La campaña contra el banco mundial, la campaña contra la europa del capital y, más, la campaña contra la guerra parecieron romper definitivamente, hundirse nuestros muros de Berlín. Con un lenguaje que superaba al de la militancia, tomamos las calles, marcamos el tempo de la metrópolis, la agenda, y nos encontramos con esa multitud heterogénea, plural, que no se cree a los que mandan, pero tampoco a los que hablan en nombre de ella, y que derrumba todas las teorías absurdas de la alineación.

Esas energías sirvieron también para recomponer y municipalizar el movimiento global. Bajo su estela, nacieron mil diversas iniciativas más consolidadas y más renovadas, infinitamente más abiertas, más mixture de lo que se movía.

Pero hete aquí, que las diversas vanguardias de la extrema izquierda vieron pan para comer. Se reafirmaron en la verborrea del tipo “al capitalismo no se le reforma, se le destruye” y con un lenguaje y una prácticas de tipo estaliniano empezaron a repartir adjetivos de reformistas y revolucionarios. Y esas vanguardias llamaron de nuevo a la lucha puramente «anticapitalista”, volviendo a ser pocos en las calles, pero eso si, todos muy iguales. Esta primavera y verano demostraron lo rápido que puede agotarse un movimiento: en el May Day nos dieron la primera lección de lo que es sentirse manipulado, usado como carne de cañón en sus trifulcas con los antidisturbios; la cosa continuó en la campaña contra el forum 2004, una campaña que recordaba a la de un pequeño partido de la extrema izquierda incapaz de conectar con esa multitud que hace tanto éxodo del forum como de los llamados antiforum. La traca final vino con el desalojo de la Hamsa, donde una vez más nos sentimos manipulados por los chavales de la capucha.

Esto es la Barcelona de hoy, la que puede dejar de ser un territorio de experimentación para convertirse en una jungla de verdaderos revolucionarios. A la vez es cierto que frente a esa inflexión se constata un repliegue de las iniciativas en el terreno más concreto, más municipalizado. Sería bueno, no obstante, no dejar, no abandonar, el terreno de las grandes movilizaciones en manos de las sectas vanguardistas. Para este curso que ahora empieza, uno de los retos es volver a recuperar la alegría en las tomas de la calle y dejar de una vez por todas, practicar el éxodo frente a cualquier tipo de vanguardia estaliniana.

2 thoughts on “Barcelona y la apropiación militarista del movimiento”
  1. > Barcelona y la apropiación militarista del movimiento
    Interesante debate. No estuve en el MayDay así que no opino, pero creo que las acciones promovidas por la Asamblea contra el Fòrum han sido de lo más interesante, y con poco o nada que ver con algunos de los disturbios después del desalojo de L’Hamsa .

  2. > Barcelona y la apropiación militarista del movimiento
    Me parece más interesante el debate que el texto.

    Los disturbios de marras pueden ser una cosa infantil, pero también es cierto que muchas veces se rehuye el enfrentamiento con viajes a la estratosfera del «consenso con la población», como si la población fuera un conjunto de mansas ovejitas pendientes de evangelización, y no gente que está tan metida en la corrupción del sistema como el que esto escribe, y que además lo sabe, y que además tiene pocas alternativas, pero menos ganas de buscarlas.

    Puede que los distrubios sean criticables por muchos motivos, también por su falta de inteligencia, pero no por su intención, que es dejar de convivir con tanta infamia.

    Vamos, digo yo.

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