(texto sin tildes ni enes)

Salam, por ultima vez…

Escribo mientras apuro la noche de un miercoles incierto bajo la media luna
de Jerusalem. Al filo de tomar nuestro vuelo de regreso rumbo a la nueva Al
Andalus me dispongo para el ultimo mal trago de esta vida loca en la vieja
Palestina. Nos quedan apenas unas pocas horas mas de cacheo, interrogatorios
y estupidez en el aeropuerto de Ben Gurion en Tel Aviv, mas de lo misma
historia de rutina militarista, probablemente nuestro ultimo movimiento en
este juego surrealista por tierras de histeria, de odio, de violencia.
Tierras aparentemente tan secas de agua como de esperanza.

Hoy refugiamos nuestros recuerdos del West Bank, la rabia, el dolor y la
impotencia, como si de un wanted de campo palestino se tratara, para
atravesar las lineas del absurdo. Recorrimos nuestra
particular via dolorosa por el barrio judio,o peor sionista, de la ciudad
vieja de Jerusalem. Entre banderas blanquiazules, cofias, pistolas y
pulcritud hipocrita paseamos a pleno sol nuestra complicidad de corazon con
Palestina. Se me antoja mitad fantastico, mitad axfisiante esta existencia
acorazada y mentirosa defendida a fuerza de gatillo facil y de diaspora, de
inversiones millonarias en la intolerancia criminal.

Ayer volvimos del infierno del Nablus, en una carrera milimetrada a golpe de
movil que nos diera paso libre, a pie y a la carrera, y con taxis
clandestinos, entre blokrocks, olivos y montanas
esteparias, logramos llegar al chekpoint de Jawara para tomar un bus hacia
Qalandiya y direccion Al Qud. De no ser porque nos clavamos unas tres horas
retenidos en otro maldito control militar a pleno sol de carretera, junto a
nuestros hermanos del tarjeta verde palestina obligados a bar del bus, todo
nos habria salido perfecto. Asi las cosas echamos otra vez medio dia entero
para volver a la capital centro de la bestia.

Las cosas en Nablus eran para no olvidar. Pasamos la mayor parte colaborando
con los servicios medicos palestinos en la evacuacion de chavalitos de la
intifada, tambien defendiendolos con nuestros cuerpos que interponiamos entre
ellos y las balas de los soldados. Triste y rutinaria tarea, tiempo y tiempo
consumido en vigilar los movimientos mecanicos de jeeps y carros acorazados
buscando angulo frente a las calles del casco antiguo para tirotear
impunemente a los ninos. En una ocasion recuerdo correr furiosamente para
recoger a un pequeno de apenas 7 anos herido de bala de goma en el cuello,
cayo el pobrecito al suelo sin saber siquiera donde habia recibido el tiro
canalla. A todo gas lo metimos en una ambulancia, recogido entre los brazos
de Pablo, y nos quedamos de piedra… grande, muy grande, tan grande como
todas las que hemos visto lanzar contra el ejercito juntas. En otra tarde nos
dedicamos a acompanar a las familias que eran asaltadas por el ejercito para
ocupar sus casas, supuestamente en busca de armas de las que llaman
terroristas. Hermosa velada de te, pastas y cafe arabe junto a toda la
familia contemplando fotos de sus martires o del preso de turno en huelga de
hambre, riendonos amablemente unos con los otros por entender muy poco de
nuestras lenguas pero mucho de los sentimientos que nos reunen. Al final se
nos echo la noche en la ciudad vieja con las bombas de plastico militar
rezumbando en los oidos cada dos por tres. Devoran casas como termitas del
mal, engullen sus tierras y sus hogares, con una velocidad asombrosa,
metralleta en mano, transportan a una nada de polvo y ruinas la vida
palestina, sistematicamente.

Asi, entre piedras, explosiones y ambulancias vivimos freneticamente nuestros
dias en el Nablus sitiado. Podria seguir y no parar porque no pudimos
encontrar mas expresiva realidad para cerrar este historia que amarga tanto.
Pero hoy quiero recordar nada mas la belleza palestina, los dias de saludos
sinceros, de infusion de sonrisas, de resistencia eterna… y miradas de
menta.

Un beso, siempre. Chabi.