El Cultural

El significado biológico del orgasmo, las poderosas fuerzas que lo atan a nuestra existencia, los mecanismos que lo crean y los códigos anclados en las profundidades de nuestro cerebro son los aspectos que el catedrático de Fisiología Francisco Mora analiza para El Cultural, un apasionante tema visto también desde la sensibilidad de Shakespeare y Schopenhauer.

Durante mis estudios de Medicina tuve un profesor de Psicología Médica que tenía el enorme talento de captar la atención de todos los alumnos. Era tal su capacidad de cautivar y aprisionar emocionalmente que sus clases transcurrían en un silencio absoluto. Transmitía los mensajes con una voz que aun no siendo muy fuerte, era redonda y modulada. Pero sobre todo era la forma inteligente con la que construía cada frase e hilaba el discurso al que le añadía un toque mágico, rigurosamente académico, entrelazándolo con pequeñas referencias a episodios sacados de la historia, la literatura, la evolución biológica o simplemente, su propio coleto o experiencia personal. Siempre terminaba con dos o tres preguntas con las que dejaba entrever el contenido de la clase siguiente y con las que conseguía, además, asegurar la asistencia masiva de los alumnos. Aquel día anunció la sexualidad humana y el significado del orgasmo. ¿Qué es el orgasmo? ¿Qué significado biológico y humano tiene? ¿Por qué perseguimos continuadamente su búsqueda y no se descarta de nuestra conducta como podemos descartar la frialdad de un pensamiento? ¿Qué poderosas fuerzas lo atan a nuestra existencia? ¡Mañana hablaremos de ello!

Ya no recuerdo bien la clase. Sí recuerdo que fue muy comentada, antes y después. Y ahora, reflexionando sobre ello me pregunto: ¿por qué de este desorbitado interés en el tema, antes y ahora, y no lo eran tanto otros temas como la percepción sensorial o la conducta alimentaria o el sueño o la genialidad y el mismo talento? ¿Qué ingrediente poderoso, qué significado profundo representaba aquello que suscitaba la mayor de las atenciones? Sin duda la aproximación a saber más sobre ese placer volcánico, ese “deseo de los deseos, o concentración máxima de todos nuestros deseos” como le llamaba Schopenhauer.

Y es que, a cierta edad, el placer sexual y el orgasmo son la cúspide de esa montaña enorme que construye nuestros anhelos de recompensas. El orgasmo es la recompensa máxima. Es el señuelo multicolor con el que se nos engaña y atrae al final del túnel del placer adelantado. Es el engaño supremo con el que casi todo ser humano “sin razón y como cebo tragado”, como escribiera Shakespeare, mantiene viva la especie. El placer obtenido del orgasmo es el más poderoso y profundo. Es el más buscado y al que la naturaleza ha dotado con la mayor dosis de energía y calor. Es la carnada con la que la naturaleza ha confiado la supervivencia de la especie por delante, además, de la supervivencia del individuo.

Y ese señuelo cautiva y atrae la atención de los seres vivos. Y los mecanismos que lo crean se encuentran férreamente anclados en las profundidades del cerebro humano en códigos que se han elaborado tras millones de años de evolución. Hay áreas del cerebro emocional que -cuando activadas eléctricamente o por drogas o substancias químicas específicas- evocan sensaciones sexuales o un estado psicológico que predispone a la relación o conducta sexual espontánea tal como la masturbación o producción directa de uno o varios orgasmos. Tales son los resultados que obtuvo el Dr. Robert Heath en los años 60 en los Estados Unidos y que describió en sus libros y trabajos. Precisamente en una de las muchas películas que rodó durante las sesiones de estimulación eléctrica o química del cerebro se narra: “…comienzan los cambios electroencefalográficos en forma de husos rápidos, 18 por segundo que se extienden a los electrodos de registro de todo el septum… Esto se correlaciona con los síntomas clínicos que podemos observar de intenso placer y particularmente de naturaleza sexual…” No hay duda pues que el cerebro humano contiene circuitos neuronales que codifican y elaboran el placer y las sensaciones y sentimientos alrededor de la actividad sexual y las reacciones corporales que lo acompañan.

Y es precisamente esto último lo que encierra muchas curiosidades. Una de ellas es que durante el orgasmo se activan los mismos procesos neurales que cuando se lucha contra un enemigo o se está al borde de un peligro y en riesgo inminente de perder la vida. Situaciones ambas, peligro y orgasmo, tan serias que precisamente son las únicas en las que el individuo nunca se ríe cuando las realiza. Y es que, efectivamente, son situaciones en las que se activan máximamente los sistemas de alerta, atención y excitación. Se contraen los músculos. Se producen enormes cantidades de calor. Se dilatan las pupilas, el corazón se desboca y la respiración se agita y entrecorta. ¿Qué significado tiene todo esto?

Sin duda que el orgasmo, junto con los mecanismos de defensa, se encuentra en la cúspide de los procesos que salvaguardan al individuo y la especie. Y una similitud más. Aquella del agotamiento, el cansancio y hasta el sueño que deviene tras su realización. Shakespeare, sin saber mucha medicina y menos biología, ya lo cantó en uno de sus hermosos poemas cuando dijo: “Febril es la búsqueda…canto esperado… y después, sólo sueño”.

Francisco MORA

One thought on “Orgasmos”

Los comentarios están cerrados.