Diagonal

Gemma Ubasart. Barcelona

Los efectos de la prisión alcanzan también de forma directa a los familiares de las personas presas. Y para hacerles frente no cuentan casi con ayudas. Son algunas de las conclusiones de una reciente investigación.

Raquel Escurriol (psicóloga), Cristina Fernández (jurista) y Aura Roig (antropóloga) son tres de las seis investigadoras que han realizado el trabajo La prisión en el entorno familiar.

DESDE UNA PERSPECTIVA FEMINISTA.
DESDE UNA PERSPECTIVA FEMINISTA.
Tres de las seis investigadoras que han abordado la estigmatización de los familiares: “Te castigan por ser familiar de preso”.

DIAGONAL: ¿Cuáles han sido los objetivos de la investigación?

CRISTINA FERNÁNDEZ: En un primer momento, dar a conocer una de las repercusiones del encarcelamiento que va más allá de los muros de la prisión: aquélla que tiene que ver con el entorno social y familiar de los presos y presas. Hemos querido dar voz a sus familiares para conocer las problemáticas y necesidades que implica el encarcelamiento de un pariente. Con esto hemos tratado de sistematizar este conjunto de problemáticas para hacer un diagnóstico de las necesidades ante las que se encuentra este colectivo, a menudo estigmatizado socialmente y olvidado por la Administración.


D.: ¿Qué conclusiones habéis obtenido de la investigación?

AURA ROIG: Básicamente, que las familias de las personas encarceladas, a pesar de no haber cometido ningún delito y no haber sido juzgadas, también están sometidas al régimen penitenciario. Para ellas la cárcel implica un extensísimo conjunto de problemáticas de orden penitenciario, económico, laboral, sanitario, social y familiar de las que nacen un sinfín de necesidades que el colectivo de familiares de presos tiene que afrontar sin ningún tipo de apoyo. Muchas de las problemáticas son consecuencia inevitable de la propia pena privativa de libertad, pero muchas otras son evitables sin necesidad de cambios normativos. Haría falta, simplemente, voluntad política. Además cabe decir que se trata de unos problemas con un alcance amplísimo. Si en todo el Estado se encuentran alrededor de 64.000 personas presas -unas 8.000 en Cataluña- entre madres y padres, compañeras y compañeros, hijas e hijos, hermanas y hermanos, la cifra de personas directamente afectadas por el encarcelamiento es muy alta. A pesar de esto parece como si estas problemáticas no existieran ya que son totalmente invisibles, tanto a nivel académico como social y político.

D.: ¿Cuál es el papel de las mujeres respecto a familiares presos?

RAQUEL ESCURRIOL: Lo que nos hemos encontrado es que, tanto si la persona encarcelada es mujer como si es hombre, normalmente son las mujeres las que asumen el cuidado y acompañamiento. Nos encontramos con el grave problema de que cuando es la mujer la encarcelada, muchas veces se da una desestructuración familiar, ya que es ella la que asumía el mantenimiento de esa estructura. De esta forma, muchas presas que tienen hijos viven la triste experiencia de ver cómo éstos pueden acabar en manos de instituciones, en el peor de los casos, o con la familia extensa, ya que pocas veces el hombre asume la responsabilidad de la crianza y mantenimiento de la estructura familiar.

A. R.: El hecho de centrar nuestra investigación a partir de un concepto como el de familia también nos da pistas de cómo la discriminación de la mujer se hace efectiva en el seno de la unidad familiar que mantiene una estructura patriarcal. Así, el concepto de familia es invisibilizador de la división del trabajo según el sexo y hace recaer en la mujer todo lo que implica el mantenimiento y reproducción de la vida de una manera totalmente gratuita, invisibilizada y poco valorada. A través de este estudio hemos constatado la gran cantidad de sobrecargas (laborales, económicas, afectivas, de cuidados, etc.) que tiene que asumir la mujer derivadas del encarcelamiento de un familiar sumadas a las que ya de por sí ‘le tocan’ por el hecho de ser mujer.


D.: ¿Cuál es el apoyo, si existe, al entorno de la persona presa?

A. R.: La verdad es que apoyo para los familiares de las personas presas hay poco o nada. Si existe algún tipo de recurso o ayuda, las personas entrevistadas, al menos, no lo conocían. Por otro lado, sí que existen colectivos pro presos o afines al tema que tratan de hacer lo que pueden, pero claro, es imposible llegar a todo, porque como ya hemos dicho no se trata sólo de un par de problemas, sino de un conjunto de problemáticas que se insertan en la cotidianidad de la vida de estas personas. Además, tanto por parte de la sociedad como de las instituciones hay una gran estigmatización, las mismas mujeres lo dicen: “Te castigan por ser familiar de preso, te sientes también presa”. Ellas sufren el rechazo social y el olvido de un problema generado por la propia sociedad.


D.: ¿De qué planteamientos teóricos partís?

C.F: Esta investigación no se esconde bajo retóricas de neutralidad. Se trata de una investigación de denuncia, orientada desde los planteamientos de la Sociología del Control Penal y de los Estudios de Género. Se trata de una crítica al sistema de justicia penal, por lo que debe quedar claro que con este estudio, y sus denuncias, no se trata de “optimizar” el sistema penitenciario. Al contrario, se trata de poner sobre la mesa más elementos de su irracionalidad. El problema, no nos engañemos, es la propia cárcel.

R. E.: Para nuestra investigación ha sido muy útil partir desde una perspectiva feminista, ya que nos ha permitido hacer visible la influencia que tiene la discriminación de la mujer ante el encarcelamiento de un familiar. Para ello tratamos de detectar cómo la estructura patriarcal afecta a todas aquellas mujeres que llevan a cabo el acompañamiento de la persona presa. Debido a que a la mujer se le ha otorgado la responsabilidad moral de los cuidados, de la provisión de afectos en general y concretamente a la familia, y la obligación del mantenimiento de la estructura familiar, queríamos comprobar los efectos de este peso histórico, social y político en este ámbito concreto. En este sentido, nuestra intención era visibilizar que las personas que principalmente asumen los cuidados, los afectos, la manutención y el acompañamiento de la persona presa a lo largo de todo el período de privación de libertad, son mayoritariamente las mujeres. De hecho, las entrevistadas han sido mujeres. Cabe decir que las entrevistadas no han sido consideradas como objetos a analizar, sino como sujetos informantes, substituyendo la lógica de “investigar a” por la de “investigar con”, aprovechando su particular e irreemplazable experiencia.
Las entrevistas tenían la función de ser un guión, pero que permitieran la espontaneidad de las mujeres para que fueran sus voces las que nos condujeran por todo aquello que les afecta en su vida cotidiana. Tratamos de que ellas pudieran hablar de los temas que les preocupaban con naturalidad. Esto facilitó que la mayoría se sintiera cómoda para poder hablar desde la propia experiencia en primera persona y que se pudiera tratar tanto de temas económicos como de temas más íntimos como puede ser el ámbito afectivo y sexual.

Ponerle remedio

La investigación, que acota su ámbito a Cataluña, se inició en 2004 en el marco del Observatori del Sistema Penal i Drets Humans de la Universitat de Barcelona. Basada por un lado en el análisis de fuentes documentales y por otro en entrevistas (medio centenar) a familiares y profesionales, sus conclusiones acaban de publicarse (se pueden solicitar a observsp@ub.edu). Sus autoras afirman que “todo lo referido al contacto de los familiares con la cárcel es sencillamente desastroso” y aclaran que afrontar muchas de las problemáticas “no precisa cambios normativos, simplemente depende de la voluntad política de resolverlas”.