El hermetismo de los así llamados servicios secretos de algunos países no es lo que era. Seguramente hartos, muchos, de los repetidos abusos del poder de sus jefes, los políticos, y de que les echan la culpa encima, hablan, siempre con garantía de anonimato: algo explican y delatan. O así parece.
Lo último ha tenido que ver con la reciente historia de Guinea Ecuatorial. Un artículo en el dominical británico de «centro-izquierda» The Observer el domingo 29 de agosto de 2004, nos explica como «fuentes en los servicios de inteligencia británicos» («British intelligence sources»), «fuentes en los servicios de inteligencia españoles» («Spanish intelligence sources»), y «un individuo estrechamente involucrado en el supuesto golpe» («an individual intimately involved in the alleged coup») califican lo sucedido como un auténtico intento de golpe de estado llevado a cabo con algo más que la connivencia de las más altas autoridades.
Recapitulando, a principios de marzo de 2004 fueron aprehendidos más de sesenta supuestos mercenarios liderados por profesionales británicos en el aeropuerto de Harare, Zimbabwe, de camino, supuestamente, desde Suráfrica hasta Guinea Ecuatorial donde participarían en un golpe de estado. Otro grupo fue detenido en este último país. Como ahora se han arrancado los procesos judiciales y ha habido ‘confesiones’, y porque en Suráfrica ha sido detenido el hijo de la Lady Margaret Thatcher, Sir Mark, por una supuesta participación económica en el intento, el tema vuelve a lucir en los medios.
Resumiendo, Guinea Ecuatorial, entre Camerún y Gabón en la costa del Golfo de Guinea y frente a Nigeria en el golfo, con islas incluyendo Bioko donde está la capital Malabo, es actualmente el país con la tasa de crecimiento económico más alta del mundo, gracias a la recién inaugurada explotación masiva de sus campos de petroleo y de gas bajo las aguas del océnao por parte de empresas occidentales, principalmente Exxon-Mobil, Amerada Hess (antes Triton), Chevron-Texaco, Marathon y otras norteamericanas. Pero de toda esta nueva riqueza (estimada actualmente en más de $1000m anuales), apenas un cinco por ciento, dicen, consigue llegar más allá de los círculos más fieles del dictador-presidente Teodoro Obiang Nguema Mbasogo. Más de la mitad se esfuma entre bancos occidentales, corruptos y paraísos fiscales.
Ahora las fuentes citadas explican que el intento de golpe fue dirigido por «misteriosos individuos de los mundos de los negocios y de la política, embarcados en una lucha a la antigua por el control de los recursos petrolíferos» («mysterious business and political figures involved in an old-fashioned battle to control the oil reserves»). Individuos norteamericanos, británicos y españoles. Los servicios secretos británicos lo sabían, dice The Observer, y los servicios de inteligencia estadounidenses y españoles colaboraron en el plan, que tenía como objetivo inmediato establecer en la presidencia el líder de la oposición exiliado en España, Severo Moto.
Pero los servicios de inteligencia del gran rival económico de este ‘grupo de las Azores’ en la zona, Francia (también tiene intereses petrolíferos en el golfo), se enteraron y sabotearon el plan.
Se da la circunstancia de que a principios de marzo de 2004, cuando todo ocurrió, con el régimen Aznar todavía en el poder, zarpó desde la base de Rota un escuadrón naval español con 500 tropas de élite a bordo, rumbo, según fueron informados, a Malabo. Coincidiendo con el fracaso del intento de golpe, ese contingente dio media vuelta y se retiró. Enseguida llegó el 11 de marzo y las elecciones generales.
Ahora leemos en la ‘confesión’ judicial del líder de los mercenarios, el ex-oficial de los SAS (fuerzas especiales) británicos Simon Mann, que «Aznar se reunió con Severo Moto tres veces» en relación con el complot, y que Aznar prometió apoyarle «enseguida y decididamente», incluyendo el «envío inmediato de 3000 guardias civiles» una vez asentado Moto en el poder.
Severo Moto voló desde Madrid a Canarias en un avión privado acompañado por un socio de Sir Mark Thatcher la víspera del intento de golpe, aterrizando en Gando la mañana del 7 de marzo. Desde Canarias voló a Bamako, capital de Mali, donde esperaba ponerse en contacto con los golpistas, quienes, el día siguiente, fueron apresados.
www.guardian.co.uk/equatorialguinea/story/0,15013,1293230,00.html