
Tomado de La Haine
x Juan Tortosa
Entrevista exclusiva con Rodrigo Granda (Comisión Internacional de las FARC-EP) «Las FARC-EP es un movimiento principalmente rural, y estamos en contacto directo con esa realidad pero no tenemos ninguna potestad para obligar a la gente a abandonar esos cultivos llamados ilícitos sin darles una alternativa diferente»
Juan Tortosa: Las FARC se consideran como un movimiento político-militar que lleva a cabo una guerra social-insurreccional contra el Estado colombiano. A ese titulo las FARC hace prisioneros a policías, soldados, oficiales y mercenarios. Las FARC han decidido secuestrar igualmente a personalidades civiles representativas del aparato estatal colombiano. En fin, ellas secuestran también a civiles cuya liberación estaría condicionada al pago de rescates. Si nadie puede negar que un ejército toma como prisioneros a sus adversarios armados ¿como pueden las FARC justificar el encarcelamiento de civiles? ¿No piensan las FARC que tales prácticas tienden a aislarlas de amplios sectores antigubernamentales de la opinión pública colombiana?
– Rodrigo Granda: La FARC, efectivamente, somos un movimiento político-militar que hace uso del justo derecho a la rebelión contra un Estado que practica una democracia de papel. Nosotros lo que hacemos es responder a una guerra que se nos impuso desde las altas esferas del poder en Colombia. Contra nosotros y nuestro pueblo se ha utilizado durante décadas el terrorismo de estado como método de exterminio.
Desde luego, y eso lo sabe todo el mundo, que una guerra tal necesita financiación. Esta guerra nos fue impuesta por los ricos de Colombia, entonces son ellos los que tienen que financiar la guerra que desencadenaron. Para ello las FARC-EP hacen retenciones de personas por las cuales se cobra una recompensa de carácter económico, que es en realidad un impuesto. Este dinero se destina al sostenimiento del aparato de guerra del pueblo. Como usted tal vez lo sabe, nosotros hablamos de la construcción de un nuevo poder, de un nuevo Estado. Si en Suiza, en Francia o en los Estados Unidos alguien evade sus deberes de pago de impuestos, obligatoriamente ese alguien va a la cárcel. El nuevo Estado que nosotros estamos forjando ha determinado el pago de un impuesto para la paz. Eso significa que toda persona, natural o jurídica y las empresas extranjeras que actúan en Colombia y que obtengan ganancias superiores a un millón de dólares anuales, deben pagar un impuesto para la paz equivalente al 10% de esas utilidades. A los deudores se les anuncia que deben entrar a conversar y a cancelar dicha suma con los responsables de finanzas de las FARC. Si no lo hacen, desde luego, esas personas, son retenidas y llevadas a prisión hasta que paguen y cumplan con sus obligaciones con quienes asumimos esta obligación del Nuevo Estado, construido y liderado por las FARC, actuando como Ejército del Pueblo.
Ahora bien, dentro de las operaciones militares, caen en poder de las FARC algunos oficiales, suboficiales, policías y soldados que están actualmente retenidos en calidad de prisioneros de guerra. De igual manera, en estos enfrentamientos también pueden caer en poder del enemigo algunos prisioneros de nuestro lado, quienes luego de juicios sumarios y amañados, están pagando hoy condenas supremamente elevadas en las diferentes cárceles del país.
Esto, desafortunadamente, es algo normal en el acontecer de la guerra. De todas maneras, en medio del conflicto tan agudo que vive Colombia, es posible que algunas de las retenciones de personal civil no sean bien vistas por la población, digamos en forma general. Sin embargo consideramos, que al publicar la ley 002, por la cual ciertas personas y entidades económicamente poderosas deben pagar el impuesto para la paz, pues éstas ya están avisadas y además tienen la posibilidad de discutir, arreglar su situación y cancelar en el plazo fijado. Indudablemente, si logramos que esto se cumpla, en la misma medida, irán disminuyendo las retenciones de personas.
En cuanto a que esto nos aparte de la población civil… es posible que haya incidencia en eso, pero seguramente no va ha ser determinante, porque grandes sectores de la población colombiana tienen pleno conocimiento de que, generalmente, las FARC-EP solo retienen a personas cuya situación económica es bastante solvente. No se trata, de ninguna manera, de estar reteniendo personas por retenerlas. En cuanto a los prisioneros de guerra, estos se guardan para intercambiarlos en un canje de carácter humanitario, que esperamos se lleve a cabo muy pronto. No olvidemos tomar en cuenta que en Colombia, la fiscalía y los jueces especializados les imponen fuertes condenas a muchos guerrilleros y guerrilleras detenidos (que tuvieron la suerte de no ser asesinados durante la captura), condenas que prácticamente los tendrían de por vida en la cárcel. Porque la justicia en Colombia es y se aplica como justicia de clase y, obviamente, a quienes hacemos uso del justo derecho a la rebelión, se nos aplica también lo de “terroristas”, o lo de “secuestradores”. Sepa usted que las sentencias a los revolucionarios oscilan entre 40, y 80 años.
Entonces, fíjese que esto del impuesto es una necesidad determinada por la actual situación de la guerra que vive Colombia. Nosotros quisiéramos no retener ninguna persona, ni civiles, ni tampoco de la alta oligarquía y mucho menos militares… Pero la confrontación, la cotidianidad de Colombia, impone que las cosas se desarrollen de esta manera, y no como nosotros quisiéramos.
– JT: La financiación de la lucha armada depende en buena medida del cobro del impuesto revolucionario sobre el cultivo de la hoja de coca y sobre la producción de pasta-base. También, y en una cierta medida, del cobro de rescate obtenida por los secuestros. Si se inicia un proceso de paz: ¿podría la guerrilla dejar de utilizar esas fuentes de financiación sin poner en peligro su autonomía político-organizativa? En otros términos, ¿No hay al interior de su movimiento fuerzas que intenten defender el statu-quo por temor a que la desmovilización prive a las FARC de esas fuentes decisivas de financiación y que ello conduzca a su marginación?
– RG: Lo primero que hay que decir es que las FARC-EP siempre han sido un movimiento autárquico, es decir se ha manejado con sus propios medios y no ha dependido, ni antes, ni ahora, ni dependerá de ninguna financiación de carácter extranjero, nosotros logramos desarrollar como FARC-EP una economía inicialmente de subsistencia y luego factores de producción que nos permitía mantener el movimiento. Las FARC-EP existen mucho antes de que en Colombia se desarrollara el narcotráfico, o de que se adelantara una política logística de retención sistemática de personas. Eso ha sido algo coyuntural. Con los años las FARC-EP han diversificado su financiación con inversiones de todo orden: en las altas finanzas dentro y fuera del país, en la producción agropecuaria, la ganadería, la minería, el transporte, la construcción y otras muchas inversiones productivas.
Ahora bien, es indudable que Colombia fue transformada por las políticas neoliberales impuestas a base del terror que arruinaron el campo, en un país productor de hoja de coca para el procesamiento de la cocaína, y esto obligó a miles y miles de familias campesinas pobres a sobrevivir de la producción de esta economía para no morir de hambre ante el arrasamiento a que fueron sometidos sus cultivos tradicionales de café, maíz, plátano, sorgo, algodón etc. Las FARC-EP es un movimiento principalmente rural, y estamos en contacto directo con esa realidad pero no tenemos ninguna potestad para obligar a la gente a abandonar esos cultivos llamados ilícitos y no darles una alternativa diferente.
En los diálogos en el Cagúan (1999-2002), en el gobierno del Sr. Pastrana, por iniciativa de nuestra organización guerrillera, se efectuó la Primera Audiencia Pública Internacional sobre sustitución de cultivos llamados “ilícitos” y la protección del medio ambiente. En dicho encuentro participaron la Unión Europea, Japón, Canadá, la ONU, el Grupo de Países Amigos del Proceso de Paz en Colombia y los países acompañantes de los diálogos. Los Estados Unidos fueron invitados pero no participó. Allí las FARC-EP presentaron un proyecto viable para la erradicación de los plantíos de hoja de coca en el municipio de Cartagena del Chairá, en el departamento del Caquetá, que por ese entonces ocupaban unas ocho mil hectáreas. Nosotros queríamos lograr que la comunidad Internacional se comprometiera con una alternativa diferente a la represión y se realizara inversión social en el área para forjar allí un “laboratorio experimental”, en la búsqueda de caminos para erradicar esos cultivos y luego extender el experimento a otras zonas del país y posiblemente del continente: Ecuador, Perú y Bolivia. Esa propuesta sigue vigente. Igualmente creemos que la legalización de la droga contribuiría a la solución del problema. Economistas como Milton Friedman y revistas tan prestigiosas como The Economist lo reconocen así. Esto tiene su razón de ser: al tratarse de un negocio clandestino la rentabilidad, por la rotación del capital, es impresionante. Actualmente se calcula que circulan en el mundo seiscientos ochenta mil millones de dólares como producto del narcotráfico y no hay crimen que no se cometa por hacerse a esa enorme cantidad de dinero.
Es en primer lugar un problema económico, luego político y desde luego ético y moral pero si se eliminan las exorbitantes ganancias, el incentivo fundamental que es la ganancia sobre la inversión, se anularía y los Estados podrían controlar el mercado. Algo parecido a lo que sucedió, guardadas las proporciones, con la legalización del whysky y del tabaco en los Estados Unidos en la época de la mafia de Al Capone y compañía en los años veinte. Lo que sí tiene que quedar claro, y lo hemos demostrado ante la comunidad nacional e internacional es que las FARC-EP no somos, de ninguna manera, ni de lejos, narcotraficantes. No estamos mezclados en la producción, transporte, comercialización o exportación de narcóticos. Por el contrario, Las FARC-EP está dispuesta a trabajar con la comunidad internacional y con el mismo gobierno de los Estados Unidos en la solución de este grave problema que azota al mundo.
Nuestra organización ha implementado el cobro de un impuesto a los compradores de la pasta de coca que tienen que entrar a las áreas donde estos cultivos existen y nos movemos nosotros; este cobro se efectúa como forma de control a los abusos cometidos contra los campesinos cultivadores. Desde luego nosotros no cumplimos funciones de policía. Es el Estado colombiano el que debe controlar esta áreas y este, hasta el presente, ha sido incapaz de hacerlo, a pesar de los miles de millones de dólares aportados por el gobierno de EEUU para acabar con este negocio. Además, hay que tener en cuenta que el dinero proveniente por ese impuesto es una cantidad ínfima frente a los gastos del aparato militar de las FARC-EP. En cuanto a la retención de personas hay que decir que esos recaudos también ayudan al mantenimiento económico de las FARC, pero no son los decisivos.
El fin último de las FARC-EP no es el “acomodamiento” de su personal directivo, de su jerarquía o de sus combatientes. Para nosotros el dinero es un medio, algo que puede ayudar en la consecución del fin político estratégico de las FARC-EP, que es la toma del poder para realizar los cambios políticos, económicos, sociales, ecológicos y de todo orden que el país necesita y reclama. Entonces, la financiación es solamente un medio para lograr estos fines. Nadie en las FARC-EP aspira a convertirse en un multimillonario. Ésta es una gran diferencia nuestra con los narcotraficantes y paramilitares que buscan el lucro personal y “darse la gran vida”.
En cuanto a lo que usted dice de una posible desmovilización, eso no está en los cálculos inmediatos de las FARC. Fíjese que ni siquiera hay contactos con el gobierno del Sr. Uribe. Si se llegara un hipotético caso de parar la guerra y pasar a otro tipo de acciones las FARC-EP tienen su “plan B”, Pero estamos hablando de supuestos ya que la realidad es otra. De otro lado, las FARC-EP tampoco están y hacen la guerra por la guerra misma. Nosotros hemos dicho que si cambia de medio ambiente político, y hay las condiciones para el ejercicio de una política amplia, legal, sin temor a represalias, o a ser asesinado; si se abren las compuertas de una democracia real, entonces pudiéramos pensar en cambiar la forma de la confrontación militar como respuesta a la situación que se implantara. A las FARC-EP le ha tocado en todo este periodo del señor Uribe, y desde antes, hacer la oposición política y la oposición armada al régimen, porque no ha habido ninguna otra manera de poder expresar nuestro pensamiento. La burguesía colombiana es una burguesía sanguinaria, retrógrada que lo único que entiende es el lenguaje de las armas. Si no hubiéramos respondido a la agresión, ya nos hubieran marcado con hierro al rojo vivo, y encadenado, como en la época de la esclavitud.
– JT: Las recientes movilizaciones de masas contra la violencia y los secuestros han responsabilizado de estos, tanto al gobierno como a los insurgentes. No representan estas movilizaciones un revés para la izquierda en la medida en la que Álvaro Uribe ha sabido sacarles partido para desviar la atención pública sobre su implicación en los escándalos de la parapolítica?
– RG: Las movilizaciones, como usted mismo lo dice tienen un sentido de repudio a la violencia y mas a la violencia oficial y paramilitar. El pueblo colombiano ciertamente, muestra fatiga por el enfrentamiento de carácter militar, pero… ¿qué pueblo no lo haría después de cuarenta años de imposición de la guerra por parte del régimen?
El señor Álvaro Uribe trató de capitalizar un movimiento en el cual, participaron sectores populares muy cercanos a las FARC-EP, y hasta miembros de nuestra organización guerrillera. Ahí, en esas movilizaciones se podían ver las pancartas exigiendo el Intercambio Humanitario, la búsqueda del diálogo hacia la salida política del conflicto social y armado que vive el país. Si usted analiza los boletines de la prensa, radio o televisión, va a encontrar que los más prestigiosos comentaristas del país criticaron el oportunismo político del gobierno. Incluso hay que recordar, que en la ciudad de Cali hubo un enfrentamiento público entre el Ministro del Interior y uno de los familiares de los once diputados muertos en el fallido intento de rescate militar ordenado por el gobierno el 18 de junio pasado. Luego, esa afirmación de que el Presidente Uribe ha capitalizado las movilizaciones no es cierta. Por el contrario en las últimas encuestas, después de estos sucesos el señor Uribe aparece con una imagen desgastada y en “caída libre”, esto por primera vez desde que asumió la presidencia.
En cuanto al problema de la parapolítica, ésta venía siendo denunciada desde hace más de veinte años por el periódico Voz, órgano del Partido Comunista de Colombia, por las FARC-EP y por amigos demócratas en todo el país. Sin embargo el Estado colombiano siempre ignoró esas denuncias.
Hace un año y medio yo tuve la oportunidad de hablar en la prisión de alta seguridad de Cómbita, en la que me encontraba secuestrado, con el Comisionado para la Paz del gobierno de Uribe, Dr. Luis Carlos Restrepo. En esa conversación abordamos varios temas y entre ellos yo pude demostrarle que la política de “seguridad democrática” impuesta por el Presidente, y el “plan Colombia” había fracasado. Me dijo. ”…mire, señor Granda, el Estado colombiano ciertamente los ha combatido a ustedes con métodos no ortodoxos…” Esos métodos a los que hacia referencia Restrepo son exactamente la parapolítica y el paramilitarismo, porque este fue un proyecto fríamente calculado para Colombia.
Es una de las formas de expresión del fascismo, por las cuales, sobre todo los monopolios financieros, el sector industrial y los terratenientes se han beneficiado de toda la recomposición económica en cuanto a la globalización y las privatizaciones en el país. Los negocios y las ganancias que esos sectores han tenido, han sido extraordinarios. Así mismo, lo que queda en este momento en el país para privatizar es mínimo, eso nos indica que el período más agudo para impulsar el proyecto neoliberal en Colombia, en cierta medida, esta pasando porque no queda ninguna empresa estatal de importancia para vender a las transnacionales.
Por eso que ahora, el Estado, están intentando desmontar esos aparatos de muerte que crearon como apoyo militar a su proyecto fascista y de imposición del neoliberalismo, y en ese sentido pudiéramos hacer una comparación con el Chile del General Pinochet. Recuerde que cuando se produjo el golpe de estado en Chile de 1973, fue precisamente allí donde empezaron a implementar las políticas neoliberales para el continente. El golpe de Estado prácticamente aniquiló la resistencia popular, la clase obrera, las capas medias de la población, el campesinado, he impuso la disciplina social de los monopolios, es decir el fascismo al servicio del neo-liberalismo que utilizó el terror en nuestra América como base para implementar su proyecto económico y sus políticas ideológicas. Ahora en Colombia el establecimiento se ve salpicado, son las instituciones, junto a los hombres que las componen, las que están implicadas en la crisis ha que han conducido a la nación.
Colombia es uno de los países con mayor índice de corrupción en el mundo. Se dijera que las instituciones colombianas fueron creadas para proteger todas las formas de corrupción. Es por ello que el establecimiento, para implementar sus políticas neoliberales echó por la borda todo sentido ético en la política y ahora está recibiendo y pagando los costos de su “maridaje” con el narco-paramilitarismo creado con la intención de eliminar a la izquierda revolucionaria a cualquier precio.
Ese modelo y ese proyecto fascista para Colombia les han fracasado. Cuando se viene el maremagno de denuncias, el presidente trata, obviamente de evadir cualquier debate público, y crea cortinas de humo: la reelección, el referéndum; el mundial de fútbol etc. Con el fin de distraer la opinión pública nacional. Pero son de tal magnitud los escándalos, y la corrupción reinante en Colombia que ninguno de estos “shows” publicitarios logra desviar la atención del aspecto fundamental: la corrupción impuesta por la mafia, el paramilitarismo y el narcotráfico-que son la misma cosa- para un gobierno que es un gobierno de mafiosos que practica una narcodemocracia.
– JT: El ELN decidió recientemente deponer las armas. ¿En qué medida debilita esto la lucha armada de las FARC, ya que en adelante el Estado colombiano, el paramilitarismo y los Estados Unidos podrán concentrar todo su esfuerzo para combatirla?
Eso de que puedan enfocar toda la lucha contrainsurgente en este momento por parte del gobierno colombiano y de los USA contra Colombia es relativo. Prácticamente desde el inicio del Plan Colombia las FARC-EP han resistido las operaciones en solitario. Es indudable que el Estado colombiano jamás ha combatido militarmente al paramilitarismo. Las operaciones militares sobre áreas en las que se mueven los compañeros del ELN han sido mínimas, entonces, en cierta medida, la responsabilidad y el peso fundamental de las operaciones del ejército colombiano y los “gringos” ha recaído sobre nuestra organización armada.
Usted debe recordar que en este momento Colombia es el tercer país receptor de la ayuda militar norteamericana, después de Israel y Egipto. Para el Plan Colombia en la primera etapa los USA invirtieron siete mil quinientos millones de dólares, y el Estado colombiano impuso un impuesto para la guerra del 12% y en este año fue reajustado en un 8% suplementario. Aún así todos los operativos del Plan Colombia y los que siguieron les han fracasado frente a la resistencia y contraofensiva de las FARC-EP. Por eso es muy relativo pensar que el enemigo pueda derrotarnos aunque enfoque contra nosotros todas sus baterías. Nuestra historia lo demuestra desde la época de nuestro nacimiento en Marquetalia (1964), recordemos que hacia esa región fueron desplazados 16 mil militares contra el grupo fundador de las FARC compuesto por cuarenta y seis hombres y dos mujeres campesinos. En ese momento, además, no había tampoco ningún otro movimiento insurgente en el país. El fuerte de esa ofensiva contra las zonas campesinas de autodefensa y que se conoció como la “operación LASSO” recayó naturalmente sobre las FARC. Nosotros creemos, en este nuevo período, que el límite, en lo que toca a las acciones militares de las tropas “gringas”, mercenarias y del ejército colombiano, ha sido alcanzado. De lo que estamos hablando ahora es de su declive. Hay que decir que en los altos círculos del gobierno colombiano y en los pasillos del Pentágono se habla del fracaso rotundo del “Plan Colombia”, del “Plan Patriota”, del “Plan consolidación” y del “Plan Victoria” (2002-2007).
Es decir que una victoria militar de los “gringos” y del Estado colombiano es imposible sobre un movimiento armado que como el nuestro lleva 43 años de lucha, y que tiene una larga experiencia, tanto a nivel de sus mandos, como en sus combatientes. Esto hay que decirlo, es una experiencia casi única en América Latina y en el mundo. Vea usted que en este momento no hay ningún otro gran Plan u “operación militar” en el hemisferio occidental que tenga la envergadura y características del que se lleva a cabo en el centro y sur de Colombia, y prácticamente en todo el territorio nacional.
A nosotros nos ha tocado, verdaderamente, librar una guerra solos. Antes existía el campo socialista, existía la solidaridad internacional, a nosotros nos tocó “bailar con la mas fea” (como se dice en Colombia), pero está visto que solos también podemos enfrentar y vencer al enemigo. Para nosotros eso es una obligación y es nuestro aporte solidario a los pueblos oprimidos del mundo. La combinación de todas las formas de lucha de masas va a asegurarnos la victoria en un futuro próximo.
Al Estado colombiano no le queda ninguna otra alternativa que aceptar que ha sido incapaz de derrotar a la insurgencia y que su proyecto fascista, que utiliza el terror de Estado y la motosierra como arma contundente, ha fracasado. Lo que le queda a ese Estado es buscar un acercamiento con la insurgencia para que podamos sentarnos a conversar y buscar una salida política negociada a este largo conflicto social y armado que vive el país.
En cuanto a lo que usted afirma sobre el ELN, esa es la primera noticia que recibo… Hasta donde yo se el ELN no ha depuesto las armas. Yo no puedo opinar acerca de las decisiones del ELN. Ellos son una organización soberana, una organización guerrillera que lleva años combatiendo, y que según lo que yo sé, hasta el momento no ha entregado ni la primera munición.
– JT: Las FARC nacieron de un movimiento de campesinos pobres y esta sigue siendo su principal base social. ¿En qué medida las FARC han sido desde entonces capaces de implementar una reorientación estratégica a la luz de una urbanización extremadamente rápida en Colombia? En otros términos, ¿cómo las FARC se dirigen a las masas urbanas pauperizadas que sufren los constantes ataques de los paramilitares y de la represión ejercida por el Estado colombiano?
– RG: Yo le decía que las FARC-EP son una organización político-militar, la lucha de las FARC-EP no es una lucha de enfrentamiento de aparatos, es decir del aparato militar del Estado colombiano y el aparato militar propiamente dicho de las FARC-EP.
De manera general, si analizamos en el tiempo el comportamiento de los estados burgueses, observamos que estos tienen variadas formas de aplicar lo que ellos llaman “la democracia representativa” y que ellos combinan prácticamente todas las formas de lucha para explotar a los pueblos. Los “gringos” llaman a eso “la zanahoria y el garrote”, que la practican de la siguiente forma: si ellos consideran que las masas están mansas, pueden dejarlas desarrollar ciertas formas de democracia restringida durante algún tiempo; si consideran que esas masas se están radicalizando, entonces sacan las tropas a la calle e imponen la represión; Pero si constatan que esos movimientos de masa se radicalizaron, entonces emplean el terrorismo de Estado, y llevan a cabo el genocidio de sus opositores y el exterminio de las organizaciones de masas. Es el terror en su grado más espeluznante vivido en casi todos los países de nuestra América en el pasado reciente y que aún perdura en Colombia.
Desde ese punto de vista, es legítimo que los movimientos revolucionarios de Colombia y del mundo empleen todas las formas de lucha de masas para llegar a los cambios revolucionarios que la sociedad necesite en un momento dado en su desarrollo. Nosotros no hemos declarado la lucha armada por decreto, ni esta se puede declarar por decreto, ni por la voluntad de “x” o “y” persona o partido. La lucha armada nace de la necesidad imperiosa de la defensa de los intereses de clase en un momento determinado, cuando los estados burgueses cierran cualquier compuerta de democracia y expresión que puedan tener las masas.
En Colombia, desafortunadamente, la historia ha dado razón a esto que acabo de afirmar: las FARC-EP, buscando la reconciliación nacional en 1982 entró en diálogo con el Presidente de esa época, Belisario Betancourt, y se llegó a los acuerdos de La Uribe. Como corolario de estos acuerdos se fundó el movimiento amplio llamado La Unión Patriótica (UP). Este movimiento irrumpió en la vida política nacional con una simpatía enorme dentro de los pobladores del campo y de la ciudad, las capas medias, el estudiantado, etc. es decir, era un movimiento que aglutinaba sectores muy amplios. Cuando este comenzó a desarrollarse la burguesía entró en pánico y comenzó el extermino planificado y sistemático: primero de sus dirigentes, y después masacraron a su militancia. Todo aquello terminó en el genocidio político más aberrante del que se tenga conocimiento en América Latina. De ese experimento truncado por el terrorismo de Estado, las FARC-EP aprendió y no está dispuesta a repetir la historia.
Nosotros venimos haciendo un gran esfuerzo en la creación y desarrollo de movimientos y organizaciones populares y políticas a nivel nacional. Hacemos un gran esfuerzo por la construcción del partido Comunista Clandestino Colombiano, que tiene que ser clandestino porque ya tuvimos la experiencia de más de cinco mil muertos de la UP.
Igualmente estamos en la construcción del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, en el cual puede participar cualquier persona. Este movimiento no tiene estatutos, la gente puede reunirse en pequeños grupos para evitar los golpes del enemigo; nadie debe hacer referencia a su militancia política y sus formas de expresión son clandestinas. A través de estas formas organizacionales se participa en el movimiento estudiantil, obrero, campesino, popular… pero además las FARC también están construyendo las Milicias Bolivarianas, que actúan en el campo, en los alrededores de las grandes ciudades y al interior de estas. Las FARC-EP considera que la revolución en Colombia debe desembocar, en parte, hacia expresiones insurrecciónales urbanas, tal vez muy parecidas a las que se vivieron en Nicaragua en su momento, (recordemos las batallas en Managua, Masaya, Estelí, León, por decir algunas) que fueron acciones de tipo guerrillero y de insurrección popular combinadas, las que en su conjunto derribaron la dictadura de Somoza.
Nosotros hacemos un esfuerzo muy grande dirigido al movimiento sindical, estudiantil, a las capas medias urbanas, a los trabajadores informales, al movimiento comunal, cooperativo, de padres de familia; es decir todo tratamos de llevarlo a formas simples de organización, para desde afuera, ir creando la conciencia político-práctica de la necesidad de los cambios que el país requiere, más aún cuando las consecuencias desastrosas de las políticas neo-liberales no solo radicalizan a las masas urbanas y rurales, sino que además, paradójicamente, las acerca y las alía en sus luchas.
En Colombia las FARC-EP está interesada en construir un nuevo gobierno de Reconciliación y Reconstrucción Nacional, amplio y democrático, de ninguna manera excluyente, donde tengan participación todos los sectores de la vida política nacional que estén interesados en sacar al país del abismo en que se encuentra y situarlo como un país que pueda enfrentar los desafíos del siglo XXI con mucha esperanza, mucho optimismo y situándonos a la vanguardia entre las naciones democráticas y revolucionarias del mundo.
– JT: ¿Cuáles son para las FARC los movimientos sociales-urbanos que requieren un desarrollo estratégico en este proceso?
– RG -Nosotros trabajamos en las ciudades fundamentalmente hacia el sector de los obreros industriales. Igualmente actuamos en el movimiento cooperativo, con las juntas de acción comunal de los barrios, con asociaciones de la economía informal, que se han acrecentado en los últimos años a causa de las políticas neo-liberales. Igualmente prestamos mucha atención al problema de la mujer y de la juventud en general.
Entonces, en todos estos sectores nosotros tenemos representación. Estamos actuando concienzudamente para darles carácter organizativo y encauzarlos hacia la lucha política. A la vez, este trabajo político nutre, con sus experiencias y formas de afrontar la represión, nuestro propio accionar político. Si bien las FARC nacieron como un movimiento esencialmente campesino, y esa base se mantiene en su composición actual, también es cierto que ya hay otros sectores de la sociedad Colombiana que nos acompañan en la lucha. Se encuentran capas medias y sectores profesionales, técnicos y superiores, también, de profesiones liberales, clérigos, gente de la cultura y el arte popular en todas sus expresiones, vinculados a las FARC. Eso ha venido cambiando en los últimos años. Destacamos la participación de la mujer en nuestras filas que hoy representan el 43% de la fuerza Guerrillera.
– JT: Se dice que las FARC no siempre se han mostrado capaces de permitir concretamente, en las regiones bajo su control, el desarrollo de una sociedad civil organizada de manera autónoma en torno a los diferentes intereses que lo componen (cooperativas, sindicatos, asociaciones diversas, minorías indígenas etc.). ¿No revela esta situación un proyecto de sociedad más bien autoritario fundado exclusivamente sobre las capacidades y competencias de una especie de partido-estado?
– RG: (risas…) Yo no se a que se refiere usted con esa pregunta. Ni donde nosotros hemos tenido bajo dominio alguna parte del territorio nacional. Esto no ha sucedido hasta ahora. Nosotros no llevamos a cabo en Colombia una guerra de posiciones. Nosotros somos una guerrilla trashumante. Cuando estamos por un tiempo en algunas áreas, desarrollamos la democracia directa como no se ha visto en ningún otro tipo de organización promovida por el estado o los partidos de de la oligarquía. Mas aún, yo creo que las FARC-EP en su interior son mucho más democráticas que algunos estados y algunas democracias; nosotros tenemos como máximo órgano de dirección en las FARC-EP la Conferencia Nacional de Guerrilleros que se reúne cada cuatro años (o algo más, dependiendo de la situación de guerra). Los, mandos, sin distinción, son elegidos por voto de todos los guerrilleros. Es decir, no hay nombramientos. Es a través del voto popular, a través del voto de las integrantes de las FARC-EP, como se maneja la democracia (y la cuestión de jerarquías) al interior del movimiento guerrillero. Con las comunidades.
El caso más significativo lo constituyó el de San Vicente del Caguán, en el centro sur del país durante el periodo del despeje y diálogos, entre 1999 y el 2002. Allí estuvimos durante tres años y trabajamos con las comunidades en acciones cívico-militares. Entre la población civil y la “guerrillerada” se construyeron, gracias al trabajo común, puentes, carreteras, escuelas, hospitales, caminos vecinales y se recuperaron algunos ríos, caños y quebradas que estaban fuertemente contaminados. De otra parte las FARC-EP reglamentó en materia ecológica (caza, pesca, tala y explotación de maderas, protección de árboles nativos) y todo se hizo con la participación de la comunidad. Por ejemplo, para la construcción de una carretera se citaban 100 o 200 juntas de acción comunal de toda la región y allí, por votación popular, se determinaba quienes iban a trabajar, cómo y cuánto se iba a aportar económica y logísticamente y después se sacaban las cuentas y se entregaban a las masas para que ellas mismas analizaran en que se había invertido cada uno de los aportes.
Esta es la democracia participativa, abierta, y una verdadera democracia de masas como jamás la ha conocido el país. Esa es la experiencia que nosotros tenemos. El autoritarismo no va en los principios de las FARC-EP. Lo que pasa es que nosotros sí defendemos principios. Y en los principios no claudicamos. Nosotros tenemos nuestra propia visión de lo que debe ser la democracia. La democracia debe ser abierta y lo mas directa posible. Es decir una democracia de masas como forma para definir y discutir los grandes problemas. Es muy simple: ¿si en una comunidad hay 100 personas porqué 10 van a decidir por todas ellas? Para nosotros son esas 100 personas quienes tienen el poder de tomar la decisión. A nosotros en Colombia se nos habla de una democracia representativa porque hay elecciones, pero en realidad estos bellacos, todos estos vagabundos que van al Senado o la Cámara de Representantes no son ningunos representantes auténticos de las comunidades. Son gentes, en su mayoría, que llegan allí a través de su riqueza, por el clientelismo y por las amenazas al que someten a nuestro pueblo.
Entonces, vea usted, hay que tener claro de que tipo de democracia se habla, qué entendemos nosotros las FARC-EP por democracia y que entienden ustedes en Europa por democracia. Considero que las FARC-EP es una organización democrática y que ejerce la democracia en las áreas en las que trabaja. Nuestra opción es por la democracia directa lo mas amplia y participativa posible. Democracia ejercida por y para las mayorías. No democracia de papel. No democracia para un reducido grupo de privilegiados. Ese tipo de “democracia” no nos gusta y no la vamos a practicar. Le decía que en las FARC nos gusta organizar a las masas en todo tipo de colectivos desde donde puedan defender sus intereses. Ese es el secreto de la existencia de las FARC-EP en medio de un conflicto tan complicado como el colombiano.
– JT: Las FARC son criticadas frecuentemente, incluso por fuerzas de izquierda, por el uso, a su interior, de métodos “expeditivos”: es el caso de ejecuciones de desertores o el envio de militantes “desmoralizados” al cumplimiento de misiones suicidas, imposición del aborto obligatorio para las combatientes que resulten embarazadas etc. No hay duda en que las FARC se encuentran comprometidas en una lucha armada que es muy dura, pero ¿tales métodos o prácticas no cuestionan los derechos individuales de los combatientes o de la libertad de discusión en el seno de la guerrilla, revelando de esta forma una forma de organización política muy vertical en la más pura tradición estalinista?
– RG: Su pregunta demuestra lo poco que se conoce a las FARC y como, tal vez inconscientemente, se le hace eco a toda la propaganda del enemigo (el régimen oligárquico colombiano y sus aliados los Estados Unidos). Es el enemigo quien ha dicho que nosotros somos verticales, que nosotros todos los problemas los resolvemos de la forma expedita que usted evoca en su pregunta.
Nosotros utilizamos los métodos políticos para resolver al interior de las FARC-EP cualquier tipo de problema. Inicialmente los nuevos combatientes van a una escuela de seis meses donde los documentos que se estudian son fundamentalmente el estatuto, las normas de Comando y el Régimen disciplinario. Si el aspirante se da cuenta que no puede, por razones físicas o morales, cumplir esas normas, se puede devolver para su casa sin ningún problema, porque hasta ese instante no conoce nada y a nadie mas que a la gente que con él, clandestinamente, ha realizado el curso de formación inicial. Una vez sobrepasado este nivel, la persona adquiere un compromiso y a las FARC-EP se ingresa de por vida, es decir hasta el triunfo de la revolución y luego en la construcción de la nueva sociedad.
Nosotros no tenemos un servicio militar obligatorio, ni tampoco voluntario. El ingreso a las FARC-EP implica un acrecentamiento a fondo en la formación política y militar, en términos de formación consciente… No olvidemos que gente para manejar un arma se encuentra en cualquier parte, pero gente para manejar la política, la lucha de clases y los cambios sociales, en una sociedad como la nuestra, es mucho mas complicado. Esto, que es nuestro interés, necesita y exige una formación permanente y a largo plazo. No es cierto, entonces, que nosotros hagamos fusilamientos o, digamos, ejecuciones extrajudiciales. No tenemos por qué hacerlo, porque hay dentro de nuestro estatuto muchas formas de sancionar cualquier quebrantamiento de la disciplina de la organización. El fusilamiento es contemplado únicamente para traidores o infiltrados que conscientemente estén trabajando para el enemigo. Esa es la medida más grave que se aplica en las FARC-EP. De resto, cualquier situación se supera con la crítica y la autocrítica sobre la base de los principios marxistas-leninistas, que son parte integrante de nuestra concepción revolucionaria.
Lo otro, como lo contenido en su pregunta, no deja de ser una campaña difamatoria que busca que las FARC se diluya en un movimiento sin ninguna disciplina, sin jerarquía, sin mandos reconocidos. Y una organización militar en esas condiciones no puede subsistir. Hay un adagio que dice que “la disciplina se cumple o la milicia se acaba”. En ese sentido, sería absurdo pensar que nosotros pudiéramos enviar a cumplir misiones a personas desmoralizadas, con problemas psíquicos, o sin calificaciones político-militares suficientes. (En una guerra, ¿a quién se le puede ocurrir tamaño desacierto?) Muy al contrario, dentro las FARC-EP la participación en misiones constituye un reconocimiento al buen trabajo y son un estímulo y un honor para los combatientes. En las FARC-EP se emplea la participación consciente y por ello, antes de las acciones se estudia de manera pormenorizada por parte de los mandos, la calidad de los combatientes que pueden participar en cada una de las acciones de guerra, o misiones especiales que las FARC determinen.
En cuanto a la condición de la mujer en la guerrilla, ella es libre. Es decir que por primera vez una organización de izquierda y un movimiento revolucionario caracterizan a la mujer como una persona absolutamente libre y en pleno plan de igualdad con el hombre, que asume las mismas responsabilidades, las mismas tareas y tiene los mismos derechos. Desde la época del Matriarcado, tal vez ahora, en la guerrilla, es donde la mujer comienza a cumplir el papel que históricamente perdió y que fue la derrota más grande que haya tenido el género femenino en la historia de la humanidad.
En cuanto al tema del embarazo en las FARC-EP, las guerrilleras saben, de antemano que en esta coyuntura de guerra que les toca vivir, no pueden quedar embarazadas. Dentro de nuestra organización se hace todo un trabajo educativo, de difusión de información y prevención para que las mujeres conozcan todo lo relacionado con este tema y las formas de evitar el embarazo y/o enfermedades sexualmente transmisibles. A veces, por error o accidente, se producen casos involuntarios de embarazo, pero atenidos a las normas y a las condiciones objetivas de la vida en medio del combate, este se interrumpe, en general, a petición de la propia combatiente. En estos casos la interrupción se lleva a cabo en condiciones higiénicas de asepsia, con médicos calificados y tomando las medidas para evitar cualquier riesgo para sus vidas. Ahora bien, en muchos países la interrupción del embarazo ya está legalizado y hace parte de algunas constituciones del mundo, pero a nosotros siempre se nos ha tratado de imputar arbitrariedad frente a este tema y se nos ha satanizado. ¿Qué hay aquí? Una doble moral.
Sepan ustedes que para las FARC-EP los valores familiares y el núcleo familiar son fundamento de la concepción de la nueva sociedad que queremos construir, pero estamos en una etapa que no facilita en lo absoluto el desarrollo de esta parte importante de la vida. Es revelador, que pese a toda esa propaganda impulsada en contra de nuestra organización, la presencia femenina en las filas de las FARC-EP represente el 40% de los combatientes en la actualidad. Las guerrilleras de las FARC-EP son unas verdaderas amazonas en la guerra, o como diría Simón Bolívar, refiriéndose a aquellas valientes guerreras romanas, son unas verdaderas “Belonas”. Más allá de la guerra, nuestras compañeras tienen un comportamiento muy femenino. En el combate son tan aguerridas como los hombres. Ellas nos dan lecciones de honestidad, de entrega, de sacrificio, de fraternidad y de heroísmo… mal pudiéramos nosotros maltratar a nuestras compañeras que son parte fundamental en la lucha por el triunfo de nuestra revolución.
– JT: ¿Quién es el responsable de la muerte de los once diputados colombianos detenidos por las FARC? ¿Cómo es posible que esos once rehenes estuviesen juntos y en un mismo lugar? ¿Piensa usted que mas bien se trata de una operación deliberada del estado colombiano para lanzar una vasta política contra la guerrilla de las FARC?
– RG: De tiempo atrás las FARC-EP venían advirtiendo a la opinión pública nacional e internacional que los operativos de rescate de prisioneros por la fuerza eran exageradamente riesgosos para la vida de los rehenes en su poder. Es por eso que las FARC-EP han señalado que la responsabilidad de la muerte de los once Diputados del Valle del Cauca, el 18 de junio del 2007, recae fundamentalmente en quienes dieron la orden y propiciaron el intento de rescate por la fuerza. El señor Uribe, el primero de ellos.
Ahora bien, explicarle porque estaban juntos, sería ponerme a especular, porque recuerde que para la fecha yo recién dejaba la cárcel de La Dorada. Sobre la muerte de los once diputados hay que decir, que indudablemente se trata de un plan minuciosamente preparado, tanto en lo político, como en lo militar y en lo propagandístico. El gobierno de Uribe comenzó su plan hablando sobre la posibilidad de la excarcelación de una cantidad de prisioneros de las FARC-EP, a cerca de los cuales nadie había solicitado nada, porque nosotros hemos buscado el Intercambio Humanitario de prisioneros de manera bilateral FARC-EP/gobierno. Pero entonces, Uribe decidió de manera totalmente unilateral dejar en libertad algunos de los combatientes de las FARC-EP. Eso, a mi modo de ver, estaba relacionado con la preparación de una acción de mayor envergadura en las montañas colombianas.
Esa acción secretamente preparada era precisamente la del rescate de los doce Diputados por parte de un grupo de especialistas compuesto por agentes de la CIA, mercenarios ingleses e israelíes y comandos del Ejército Colombiano. El golpe era que mientras estos últimos aparecían liberando exitosamente a los doce Diputados, Uribe devolvería a las cárceles a los prisioneros que intentaba dejar en libertad, e iniciaría un trabajo político al interior y al exterior del país, demostrando que los rescates serían en adelante la vía mas indicada para obtener la liberación de quienes estuvieran en poder de las FARC-EP y así cerrar toda esperanza para que se viabilizara el Intercambio Humanitario y cualquier posibilidad de diálogo.
El resultado de éste y otros hechos similares nos llevan a pensar que las operaciones de rescate tipo “embajada de Lima” o “la operación Entebbe” son irrepetibles en las selvas colombianas. Decididamente lo que se impone en Colombia es el Intercambio Humanitario entre el gobierno y las FARC-EP, como preámbulo hacia una posibilidad de diálogo que abra vías hacia la paz con justicia social. Ojalá que muchos de sus lectores, la comunidad internacional, los Estados, gobiernos, pueblos, partidos, organizaciones sociales, religiosas, humanistas y de izquierda puedan contribuir en esta búsqueda para lograr el Intercambio Humanitario y que esto a su vez sirva para conducirnos a unos diálogos en la búsqueda de una salida al conflicto social y armado que se vive en Colombia.
* La entrevista fue realizada el 27-7-2007 en La Habana-Cuba. Journal Solidarités (Suiza): www.solidarites.ch. Enviado por Agenda Radical.