
La entidad cuenta con talleres de carpintería cuyo objetivo principal es servir de puente entre la prisión y el mercado sociolaboral.
LA GACETA DE CANARIAS (YURENA LUZARDO).- La asociación Libertad y Vida nace en el año 1996 de la mano de Francisco Suárez, actual presidente de la asociación, cuando éste ejercía como párroco en la prisión de Tahíche en la isla de Lanzarote, tras palpar la situación de inactividad que experimentaban los reclusos en el centro penitenciario.
Es así como surge la idea de implantar en prisión una serie de actividades donde los presos pudieran sentirse realizados, creando los talleres de carpintería y ebanistería.
Posteriormente cuando en 1996 se traslada a la prisión de Salto del Negro, donde ha ejercido de consejero espiritual hasta el año 2002, implanta también esta iniciativa social y solidaria en la isla de Gran Canaria.
Libertad y vida lucha por la reinserción sociolaboral de personas que se encuentran en situación de marginación social, principalmente presos y exreclusos.
Una vez asumidos los talleres en prisión surge la idea de trasladarlos a la calle con el objeto de trabajar con exreclusos y aquellos presos que se encuentren disfrutando de un segundo y tercer grado. La finalidad es proporcionarles capacitación profesional y garantizar en la medida de lo posible un mejor resultado en la inserción sociolaboral de los usuarios, contando en la actualidad con un taller de inserción laboral dedicado a la actividad productiva en carpintería industrial, en el municipio grancanario de Telde.
En este contexto la asociación crea el pasado año la empresa de inserción Carpinterías Lagran que sirve como puente entre los talleres de prisión y el mercado sociolaboral, donde los usuarios que durante la fase previa en prisión en el taller de aprendizaje hayan adquirido los conocimientos instrumentales y tecnológicos necesarios realizan, durante un período que puede oscilar entre los seis meses y dos años, una actividad productiva en régimen de contratación laboral con el objetivo primordial de que éstos puedan convertirse en trabajadores autónomos o por cuenta ajena, incorporándose plenamente al mercado laboral.
En la última etapa del proyecto la asociación se encarga de articular una serie de relaciones de cooperación con empresas del ramo, dando como resultado la promoción de los trabajadores y su colocación en las plantillas de estas empresas.
El proyecto se orienta principalmente a personas que por haber pasado ciertos años de su vida entre rejas, en algunos casos dependiendo de las drogas o por haber abandonado a temprana edad los estudios, carecen de experiencia, habilidades sociales y disciplinas laborales, facilitándoles no sólo la reincorporación al terreno laboral, sino también una rehabilitación personal.
Un total de cinco trabajadores han obtenido un contrato indefinido una vez culminado el proceso de inserción anteriormente descrito, esperando conseguir la entidad en el presente año entre cuatro y seis nuevas colocaciones.
Sin embargo, a pesar de que Suárez empezó a desarrollar esta obra social en prisión, considera la cárcel “como un moderno invento que no propicia la reinserción”, abogando por nuevos métodos de rehabilitación social puesto que considera que existen fórmulas más eficaces y civilizadas para poner en práctica aquello que en la antigüedad suponían las condenas a la esclavitud y a remar en galeras, “que no eran otra cosa que hacer servicios sociales para la comunidad”.“No pagar con cárcel sino condenar a reparar el daño ocasionado”.
Lo compara como el castigo que los padres pudieran imponer a un hijo, al que nunca dejarían encerrado en una habitación sin hacer nada.