
Inmigrantes: carne de cañón para los Ejércitos
Dos militares muertos en Afganistán
Siete meses después de la muerte de la soldado Idoia Rodríguez Buján, el contingente español en Afganistán ha vuelto a sufrir nuevas bajas. Dos legionarios –Germán Pérez Burgos, de Badajoz, y Stanley Mera Vera, de Guayaquil, Ecuador– han fallecido al explotar una mina al paso de su vehículo. La investigación preliminar del Ministerio de Defensa revela que se ha encontrado un cable de 70 metros que llegaba hasta el lugar del ataque desde una casa cercana. Sin embargo, la falta de rastros recientes hace pensar que se podrían tratar de un artefacto colocado hace tiempo que estalló al contacto con una rueda del blindado. En cualquier caso, sería una trampa explosiva colocada con la intención de atacar a un vehículo militar de las fuerzas de la OTAN.
También ha muerto el intérprete afgano Roohulah Mosavi y otros tres militares han resultado heridos de gravedad.
El ministro de Defensa ha dicho que el blindado BMR contaba con todas las medidas de seguridad necesarias, incluido el inhibidor de frecuencias. La desgracia de hoy demuestra hasta qué punto era estúpida la polémica que se armó en junio tras el ataque contra tropas españolas en el Líbano. La idea de que se puede enviar a los soldados a una guerra y garantizarles una seguridad absoluta es ridícula.
En este mes de septiembre, han muerto en Afganistán soldados españoles, franceses, norteamericanos, británicos y holandeses. En el 2007, han muerto 4.500 personas, según el recuento de Associated Press, que incluye a 3.100 insurgentes y 600 civiles.
Desde hace una semana, 2.000 soldados británicos, con el apoyo de tropas de otras nacionalidades, llevan a cabo una operación a gran escala contra los talibanes en la provincia de Helmand. Le llaman la operación Palk Wahel y la presentan como otro momento decisivo en la guerra. Ha habido tantos de ellos en los últimos años que The Independent le llama «Operation Groundhog Day» (por el día de la marmota).
La guerra será larga. Cada vez que las tropas occidentales han conseguido expulsar a los talibanes de algunas de las provincias más peligrosas del país y han entregado el control de la zona a las fuerzas de seguridad afganas, el resultado ha sido poco alentador. En algunos casos, los insurgentes han vuelto a hacerse con el control de la situación.
En unas semanas llegará el invierno que dejará impracticable caminos y pistas forestales. Hasta hacer la guerra es difícil con ese tiempo. Después del anterior invierno, se dijo que los talibanes realizarían una ofensiva en primavera que pondría las cosas difíciles a las tropas de la OTAN. Al final, los ataques fueron menores de lo esperado, quizá porque los talibanes –conscientes de su inferioridad en potencia de fuego– han rehuido el contacto directo con el enemigo. Prefieren apostar por atentados y emboscadas con trampas explosivas.
Eso no les acercará a la victoria, pero les servirá para prolongar durante años este conflicto.
Dos legionarios muertos en una larga guerra
¿Y nosotras qué hacemos?
Dos legionarios muertos en una larga guerra
¿Es una pregunta retórica? ¿en Madrid no hay colectivos antiumilitaristas? ¿a que se dedican?
Dos legionarios muertos en una larga guerra
hombre, yo creo q lo mas adecuado en este caso seria mostrar respeto y solidaridad,¿no?
por cierto, ¿¿no eran de la brigada paracaidista??
Dos legionarios muertos en una larga guerra
Respeto siempre. Solidaridad con el dolor de sus familiares y personas cercanas también.
Pero ello no nos debe hacer cejar en nuestra crítica a la institución armada y en el esfuerzo de desenmascarar los torcidos y no confesados intereses que hacen que dos jóvenes vayan a morir al último rincón del planeta, en una guerra de ocupación que ni les va ni les viene, más allá del sueldazo que les dan por estar allí jugándosela a mayor gloria de la industria del petróleo.