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La sombra de los lobbies en la salud

Miguel Jara / Madrid

La presión de los lobbies se deja sentir en todos los niveles de decisión: en el Parlamento Europeo y la Comisión Europea, en los distintos gobiernos estatales, en los autonómicos y en los municipales.

Tras cuatro años de investigación la conclusión del estudio Reflex, en el que han participado investigadores de 12 países europeos, es que las ondas electromagnéticas de la telefonía móvil producen alteraciones del ADN que transporta la información genética en las células. Pese a ello y a que existen alrededor de 3.000 estudios científicos sobre la contaminación electromagnética que despiden los teléfonos móviles y sus antenas emisoras-receptoras, las torres de alta tensión o los transformadores eléctricos, buena parte de la ciudadanía cree todavía en la inocuidad de estas tecnologías. Ésta es quizá una de las mayores victorias protagonizadas por un sector industrial, el de las telecomunicaciones, en los últimos lustros: el despliegue y popularización de la telefonía móvil. Pero ¿cómo ha conseguido esta industria semejante amenaza para la salud pública? Reflex estaba financiado por la Unión Europea pero lo descubierto no debió gustar a sus mentores y tras una primera publicación se retiraron los fondos, aunque se llevaban invertidos 3,15 millones de euros. Y es que, pese a que existen muchas investigaciones que advierten sobre los peligrosos efectos de las ondas electromagnéticas en nuestra salud, la mayor parte están pagados por las compañías eléctricas y de las telecomunicaciones.

Éstos casualmente explican la inocuidad de esta tecnología o minimizan sus riesgos. Éste es parte del trabajo de lobbies como los que trabajan en o para éstas compañías: crear confusión entre la población, una confusión ‘documentada científicamente’. Y es que mientras los ‘expertos’ deciden si los teléfonos móviles son ‘buenos’ o ‘malos’ para el ciudadano, las operadoras continúan vendiéndolos, expandiendo su red de antenas telefónicas y creando nuevos servicios con los que seducir a los consumidores.

Científicos perseguidos

Al tiempo, los científicos que hacen y publican sus fatales averiguaciones son sistemáticamente perseguidos. El Centro de investigación Alonso de Santa Cruz, de Alcalá de Henares (Madrid), dirigido por el doctor José Luis Bardasano Rubio, ha realizado numerosos trabajos y reuniones de gran nivel sobre la contaminación eléctrica y magnética. Misteriosamente, fue clausurado en noviembre de 1999. En enero 2002 le ocurrió algo similar al pionero en la investigación sobre electromagnetismo, el francés Roger Santini, ya fallecido.

En 2000, Claudio Gómez Perretta, Jefe de Sección en el Centro de Investigación del Hospital Universitario La Fe de Valencia y uno de los investigadores más prestigiosos sobre los campos electromagnéticos, fue amenazado, según su propio testimonio, por la gerencia del centro sanitario con una falta grave si persistía en su empeño de continuar investigando los campos electromagnéticos y su afección sobre la salud humana. Lo cierto es que, finalmente, en 2002 fue retirado de sus investigaciones por difundir averiguaciones nada halagüeñas para la industria. Otro compañero de Perretta, Manuel Portolés, explica en Conspiraciones tóxicas que fue espiado a través de su ordenador por Telefónica, que le ha amenazado a través de un notario con acciones judiciales por realizar denuncias públicas sobre la actitud de éstas compañías.

Entretanto, el documental Contracorriente, realizado hace años para TVE, continúa sin emitirse. En él Javier Aguilera, ex consejero delegado de Telefónica, reconoce públicamente: “Uno se muere por 38.000 cosas. ¿Que ésta es una más? Mire, indiscutible. ¿Que es una más incluso para los que no usan la telefonía? Indiscutible. ¿Y que los que usan la telefonía móvil no debían conocer este factor? Sin duda”. ¿Queda claro?

Silencio, se contamina

La compra de silencio es otro trabajo habitual de los lobbies industriales contaminantes. En las comarcas en las que hay instalada una central nuclear los pocos estudios epidemiológicos existentes nos explican que en ellas se producen ciertos tipos de cáncer que prácticamente no existen en las zonas que no poseen planta atómica. Esto no interesa que se sepa y por ello las empresas propietarias, la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA) o la Asociación de Municipios en Áreas de Centrales Nucleares (AMAC), disponen de fondos para “desarrollo local” que emplean en actividades culturales, deportivas o festivas en las localidades que interesa mantener calladas. Más aún, en el entorno de Almaraz, Zorita, Vandellòs, Trillo o Garoña gran parte de los alcaldes y concejales de los pueblos trabajan o han trabajado en la central que acogen. Silencio garantizado.

Todo esto necesita de un trabajo sistemático de relaciones públicas y contactos directos entre el personal de las empresas y asociaciones empresariales, los lobbistas, con los políticos y funcionarios locales. Las administraciones regionales tampoco se libran de los lobbies que atentan contra el medio ambiente y la salud pública. En Extremadura [ver pág. 37], en una de las comarcas más fértiles de toda la Unión Europea, Tierra de Barros (Badajoz), el empresario más rico de la Comunidad Autónoma, Alfonso Gallardo -alguien que ha construido un imperio que fabrica acero y hormigón partiendo de sus orígenes como chatarrero gracias en parte a las subvenciones públicas con las que le beneficia la Junta de Extremadura- quiere instalar una refinería petroquímica. En pleno siglo XXI, el de la preocupación por la crisis ecológica mundial, socios como BBVA, Iberdrola, Caja Madrid o Caja Extremadura le acompañan. El Grupo Alfonso Gallardo tiene en Francisco Fuentes Gallardo, sobrino del jefe y senador del PSOE por Extremadura a su enlace con el Gobierno extremeño. La compañera sentimental del segundo es la delegada del Gobierno, Carmen Pereira, en la tierra del cerdo ibérico y ha destacado por reprimir cualquier crítica al proyecto contaminante. Para que la ciudadanía extremeña le otorgue su beneplácito, las encuestas favorables a los intereses de Gallardo y la Junta de Extremadura las realiza el Instituto Opina, que trabaja, entre otros partidos, para el PSOE, obvia preguntas incómodas, como la verdad, y luego son reproducidas por los medios en los que el empresario inserta publicidad o pertenecen a accionistas que también lo son del proyecto refinero.

La ‘mordaza informativa’

Para que todos estos planes y tecnologías lleguen a buen puerto es necesaria la concurrencia de la prensa afín. Es lo que se ha dado en llamar ‘La mordaza corporativa’: las grandes compañías y sus lobbies tienen departamentos encargados de llamar a los medios antes, durante o después de la publicación de un reportaje, sea para interesarse por “ofrecer su versión” de los hechos, para amenazar con acciones judiciales si publican el trabajo en curso o simplemente para quejarse por la difusión de los mismos y tratar de que se cuente con ellos para futuros asuntos, por ejemplo. De modo que ‘trabajarse’ a la prensa insertando publicidad, subvencionando espacios concretos, ofreciendo premios a los periodistas, ya sea por su trabajo o con cualquier excusa o bombardearlos con ‘información’ sobre la empresa es un trabajo indispensable para cualquier lobby.


HAY 4.435 LOBBISTAS REGISTRADOS EN BRUSELAS

Corporaciones contra el medio ambiente

Rafael Carrasco / Madrid

Quién contamina, paga ¿pero a quién? Con esta pregunta el libro ‘Conspiraciones Tóxicas’ indaga sobre las relaciones entre grandes empresas y Gobierno.

Seguramente no haya mejor ejemplo de cómo operan los lobbies industriales en contra del interés general que la agricultura transgénica. Los consumidores europeos rechazan el maíz o la soja modificados genéticamente porque la mayoría de ellos, según todas las encuestas, creen que los nuevos vegetales pueden ser perjudiciales para la salud. Las organizaciones ecologistas y un cierto número de científicos alertan de que no existe conocimiento sobre los efectos en el medio de introducir unos organismos genéticamente modificados.

Muchos agricultores, por su parte, temen que la costosa inversión que representan estas semillas y los servicios asociados a ellas, con el tiempo, les lleven a la ruina y concentren la actividad agraria en un puñado de ‘agroindustrias’, algo que está ocurriendo ya en EE UU; otros agricultores saben que el flujo de polen transgénico puede contaminar cultivos convencionales o cultivos ecológicos, con lo que se corre el riesgo de que toda la agricultura acabe siendo transgénica. El resultado de todo esto es una abrumadora oposición en toda la UE, a pesar de lo cual, los Gobiernos españoles de la última década han permitido su comercialización y cultivo sin apenas condiciones. ¿Cómo se explica algo así?

¿Quiénes son esos lobbistas?

Jaime Costa podría responder a esa pregunta. En la actualidad es director de Asuntos Regulatorios de Monsanto- España, lo que en la terminología empresarial significa el departamento de lobby. Durante los años del Gobierno popular, su presencia en los despachos de Agricultura, Medio Ambiente o Sanidad era constante.

Con el cambio de Gobierno, y la posición menos clara de los nuevos responsables socialistas, el trabajo de éste y otros lobbistas de la industria agroquímica se ha vuelto más discreto, aunque su influencia en el Ministerio de Agricultura y en los departamentos autonómicos correspondientes sigue intacta -no así en el Ministerio de Medio Ambiente-. Su trabajo es, al decir de todos los que le conocen, incansable y eficaz: representa en infinidad de actos a Monsanto y a la patronal Asebio, hace presentaciones en reuniones científicas, acude a debates de todo tipo, contesta en cualquier foro a los cibernautas que mencionan a Monsanto, se entrevista con funcionarios de todas las Administraciones, recibe a delegaciones de periodistas, agricultores o funcionarios en campos de demostración sembrados con transgénicos…

La agroquímica suiza Syngenta, la gran rival de Monsanto, también dispone de ‘departamento de lobbying’, dirigido por Esteban Alcalde. Pero otros muchos lobbies transgénicos presionan a los poderes públicos desde diferentes ángulos. La Fundación Antama -creada por Monsanto y Syngenta, entre otras- defiende los intereses conjuntos de las empresas agrobiotecnológicas. El Foro Agrario -ligado económicamente a la anterior fundación a través del Observatorio de Biotecnología- reúne periódicamente a los distintos agentes involucrados en el debate transgénico, incluidos funcionarios y altos cargos de la Administración. Además, presionan activamente y en la misma dirección las patronales biotecnológicas -Asebio, en España, y Europa- Bio, en Bruselas-; la Sociedad Española de Biotecnología (SEBIOT), que reúne a científicos relacionados con estas tecnologías; la patronal de fabricantes de semillas (APROSE); la Confederación Española de Fabricantes de Alimentos Compuestos para Animales (CESFAC); el Grupo de Empresas Agrarias (GEA, el lobby de las grandes explotaciones agrarias); y la Asociación General de Productores de Maíz (AGPME). Por si faltase algo a esta temible máquina de presionar, las compañías y las organizaciones creadas por ellas echan mano, cuando es preciso, de bufetes y agencias de relaciones públicas especializados en tratos con el poder, como Burson-Masteller o Power Axl. “Yo creo”, explican fuentes de la fiscalía, “que es preocupante la presencia de grupos de presión transgénicos en todos los ámbitos políticos de decisión, tanto en España como en la Unión Europea”. “Con el Gobierno del PSOE”, añaden, “todos estos grupos de presión se están reconstruyendo, esto es evidente. Conocíamos políticas de lobby desde el contexto de la derecha, son más nítidas, pero viene el PSOE y yo me encuentro con políticas de lobby que afectan a mi trabajo… A mí eso me preocupa mucho”.

Aunque la inmensa mayoría de los ‘cabilderos’, como son también conocidos los lobbistas, representa a un sector económico al margen de cualquier interés social, los profesionales de “asuntos públicos”, como prefieren llamarse ellos, son casi siempre personas de modales exquisitos y con grandes dotes de comunicadores para ‘vender’ bien sus argumentos. El lobbista tiene siempre la mejor y más actualizada información en su campo, una exhaustiva agenda de contactos y, muy importante, habla varios idiomas para ‘llegar’ mejor al parlamentario o funcionario de turno. David Hammerstein, eurodiputado español del Grupo Verde, conoce de cerca al colectivo de lobbistas. “En el Parlamento”, explica, “tenemos lobbies hasta en la sopa, y no sólo entran, es que están presentes, entran hasta en las reuniones de las comisiones”.

La Eurocámara creó, a finales de los años ‘90, un registro de lobbistas acreditados mediante una tarjeta de acceso total -incluidos plenos y comisiones- a sus dependencias. Según datos oficiales, actualmente, son 4.435 los lobbistas registrados en el Parlamento Europeo. Con un aforo de 732 escaños, da una proporción de ¡seis lobbistas por diputado! Ivo Schmidt, lobbista de la patronal eléctrica europea (EURELECTRIC) trabaja ahora en la nueva Directiva sobre Calidad del Aire en Europa, una controvertida revisión de los objetivos de reducción de polución de la atmósfera que ha sido duramente criticada por todos los grupos ecologistas ya que eleva sustancialmente los máximos permisibles de partículas en suspensión y otros contaminantes fijados por una directiva anterior. Detrás de esta ‘rebaja’ está el trabajo coordinado y eficaz de un gran número de industrias -las eléctricas, las gasistas, las del automóvil…- que contribuyen a la polución del aire.

“Cuando estamos de acuerdo varios sectores en una dirección, solemos trabajar una posición común en UNICE [la patronal de patronales europea] antes de comunicarla a las instituciones, así tenemos más fuerza”. “En ocasiones -explica su colega Chris Messi, lobbista de la asociación que representa a los talleres mecánicos y concesionarios de todo el continente- hablamos con los constructores de coches, los transportistas en camiones, y otros sectores interesados en una determinada regulación, y presentamos un solo documento en la fase de consulta pública de esa regulación o hacemos una conferencia de prensa conjuntamente para demostrar que hay un frente de todo el sector, un poco haciendo de bárbaros a las puertas de Roma”.