
Los músicos tienen a su disposición un enorme abanico de opciones y alternativas a la hora de dar a conocer su obra, tengan o no un contrato discográfico con una compañía al uso.
En el actual contexto tecnológico y social, todo está cambiando en la industria discográfica, y a una velocidad de vértigo: cambian los soportes y formas de adquisición de la música, pero también la forma de producirla y difundirla. Una vez finiquitado el vinilo -excepto para algunos nostágicos y dj’s- los soportes digitales y, sobre todo, Internet y redes como las P2P han impulsado una revolución en la música. Quien tenga a mano un ordenador conectado a Internet tiene la posiblidad, con un mínimo esfuerzo, de acceder a la obra musical de prácticamente todos los artistas, vivos y muertos, exitosos o desconocidos, de moda u olvidados… Es decir, todo un cambio de paradigma respecto a cómo los consumidores acceden a las obras de sus artistas favoritos.
Esto facilita el fraude puro y duro de evidentes repercusiones económicas en el mercado musical -el archiconocido «top manta»-, pero también enormes posibilidades para los artistas y creadores. Mientras las opiniones más apocalípticas hablan del fin de la industria musical y del concepto de «disco», otras voces, a nuestro juicio más lúcidas, hablan de una nueva era en la producción, distribución y consumo de música al calor del copyleft y las nuevas tecnologías. Un momento, un momento… ¿copyleft?, ¿¿¡¡y eso que demonios es!!?? Que no cunda el pánico, le explicamos en un momento el concepto más de moda.
El copyleft es una forma de copyright (propiedad intelectual para los amigos) que permite a los autores tener un control más «fino» de su obra -musical, literaria, gráfica…-, que lo que tradicionalmente les era permitido. Hablamos de las formas clásicas de propiedad intelectual y del funcionamiento de las entidades de gestión como la SGAE, donde el autor siempre delegaba la gestión de sus derechos, y se asumía que siempre había que perdir permiso (y pagar) para copiar y distribuir una obra ajena. El copyleft es, en la práctica, la existencia de licencias o dispositivos que permitan al artista licenciar su obra, de una manera en que si no hay ánimo de lucro ésta pueda ser copiada y distribuida (incluso modificada) libremente, si (evidentemente) así lo desea el autor. Si no puedes con tu enemigo… únete a él. Estas nuevas modalidades en la producción y distribución musical chocan frontalmente con los intereses de las industrias discográficas -esas que tienen la insidiosa «manía» de querer cobrar por sus cd’s- y con el afán recaudatorio de entidades de gestión de derechos de autor como la SGAE. Las licencias más conocidas y más extendidas de tipo copyleft son las Creative Commons, que permiten al artista conseguir la licencia deseada rellenando un simple formulario web.
Y esto no es cosa de cuatro gatos”: es sintomático que diarios de tirada nacional como El País se hagan eco del Portal 127, la iniciativa copyleft de unos de los autores más exitosos del pop nacional, Enrique Sierra (ex Radio Futura). Portal 127 es, según sus palabras: «una especie de galería de arte digital para darte a conocer. Cualquier creador que pueda digitalizar su obra tiene un espacio. Poesía, relatos cortos, animación, fotografía, software…«, y música, mucha música, por supuesto. Las alternativas que ofrecen Internet y la filosofía copyleft a la industria musical van creciendo, desarrollándose y consolidándose en todos los aspectos que implican la creación y distribución de música: hay asociaciones como la AMI (Asociación de Música en Internet), registros de propiedad intelectual alternativos y copyleft (Safe Creative), compañías de discos virtuales que licencian con Creative Commons (Jamendo, Magnatune, Dogmazic…) y para rematar, cada vez más salas y radios alternativas que sólo programan música copyleft (Ladinamo, Radio ELO…), evitando a los artistas con «repertorio SGAE».
Es evidente que las discográficas no desaparecerán y que toda la música venidera no será copyleft, pero se está abriendo poco a poco un nuevo escenario, donde los músicos más avispados tienen ya herramientas y vías para crear y distribuir su obra al margen de la industria musical impensables hace unos pocos años, facilitando enormemente así que los consumidores con acceso a Internet conozcan sus trabajos. Como decía esa entrañable canción de Radio Futura, el futuro ya está aquí…