
Las dos cárceles alicantinas están a la cabeza de la conflictividad en todo el país. Un informe de Interior constata que en los 7 primeros meses del año ya se han producido 52 episodios de violencia.
ALEJANDRO FERNÁNDEZ.
Las prisiones de la provincia vuelven a aparecer en las estadísticas como los centros penitenciarios españoles en los que más agresiones y amenazas se producen a los funcionarios. Un informe del Ministerio del Interior al que ha tenido acceso este diario revela que hasta el 16 de julio de este año se han registrado cinco agresiones y 27 coacciones en Villena, mientras que en Fontcalent se han contabilizado cinco ataques y 25 amenazas. Estas cifras consolidan a las cárceles alicantinas al frente de toda España en este tipo de delitos y sacan a relucir una vez más la «multitud de problemas» que deben afrontar los funcionarios, en palabras del delegado de la Junta de Personal de UGT, José Luis Guerrero.

Guerrero analizó ayer las causas de esta lacra y aseguró que el principal problema es «el hacinamiento» de los dos centros penitenciarios. «En Villena la población está doblada. La cárcel tiene capacidad para 725 internos y a día de hoy hay alrededor de 1.400», explicó. En esa cárcel además existe otra importante disfunción. «Tenemos reconocidos 45 enfermos mentales que no deberían estar aquí, sino en el Psiquiátrico. Y eso genera una distorsión tremenda», agregó.
En Fontcalent el problema es similar. «Hay 2.000 presos cuando debería haber 450. Y claro, ese produce conflictividad», apostilló. Guerrero además desveló que la ingente cantidad de reos extranjeros – representan el 50% del total del centro – también es un elemento clave para explicar las agresiones que sufren los funcionarios. «Hay presos de 50 países y eso motiva que se creen clanes de rumanos, ucranianos, rusos… Dentro de la cárcel hay bastantes bandas», comentó.
Y si a todo ello se suma además el «penoso» estado de las instalaciones de Fontcalent, el resultado es claro: «Las infraestructuras son lamentables y parecen más el Tercer Mundo que de un país desarrollado. Y además, la Relación de Puestos de Trabajo no se cumple. Todo ello motiva que tengamos una brutal carga de trabajo y una sensación de inseguridad muy grande».
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