
Por Casandra
Iba a añadir «de invierno», pero mi eurocentrismo ha frenado a tiempo, ya que me acordé de que para la gente del hemisferio sur éste de hoy es el solsticio de verano.
En el solsticio de invierno nuestros ancestros paganos celebraban, lógicamente, el nacimiento de los dioses solares. Y digo lógicamente porque es en este solsticio cuando los días inician su crecida, cuando el sol va
arrebatando, día a día, más espacio a la noche. Este hecho, en las sociedades agrarias de entonces, tenía mucha importancia. Las faenas del campo se intensificaban, el tiempo de nuevas siembras se acercaba, la luz se hacía más y más presente y la resurrección del sol significaba una promesa de vida renovada para la naturaleza y para los humanos.
En el imperio incaico, el dios sol era Inti. Entre los egipcios, Ra, que
luego se unió al dios tebano Amón y quedó como Amón-Ra, que era venerado en
Heliópolis (ciudad del sol en griego), pues Helios es el dios solar de los
helenos. También Apolo es un dios solar, de la luz, contrapuesto por
Nietzsche al oscuro y orgiástico Dionisos. Pero las mayores celebraciones,
ya en la cultura romana, se consagraron a Jano y a Mitra. El primero es un
dios de origen etrusco con dos caras, que representan los dos solsticios. El
de verano, que se refiere a «la puerta de los hombres», y el de invierno, a
«la puerta de los dioses». Por eso la iglesia suplanta estas dos
celebraciones con las fiestas de San Juan Bautista y San Juan Evangelista
(Jano-Juan). Mitra, por su parte, es un dios de origen iranio, cuyo culto
trajeron consigo las legiones romanas desplazadas en oriente. Nació
milagrosamente del seno de una roca y los pastores fueron los primeros en
dirigir sus plegarias al niño desnudo, cubierto tan sólo por un gorro
frigio. ¿Les suena? Su fiesta se celebraba en el solsticio de invierno bajo
la advocación del «Sol Invictus», por lo que, también la iglesia católica,
aprovecha para poner el 23 de diciembre la conmemoración de una tal santa
Victoria, de la que no tengo el gusto, aunque sea mi patrona.
La nueva religión del Imperio, que no es otra que la católica, secuestró
los principales símbolos de las religiones paganas, sobre todo de los cultos
mistéricos, y montó su sincretismo publicitario particular. De ahí que los
fastos de la Navidad no sean más que una burda suplantación de las fiestas
del nacimiento de los dioses solares. Fueron muy listos. Debo añadir que esa
iglesia del Imperio, inventada por Constantino, el obispo Osio y el erudito
Eusebio de Cesarea, no tiene nada que ver con el primitivo cristianismo, con
el llamado «movimiento de Jesús». Nada.
El capitalismo consumista ha terminado la faena. Definitivamente, el
nacimiento de los dioses solares ha pasado a significar el enriquecimiento
de los dioses financieros y el empobrecimiento de estos tontos útiles, que
no danzamos al sol, sino que bailamos al son que nos tocan.
Les deseo un feliz solsticio.
CASANDRA
Fuente: http://victoriasendon.blogspot.com/2007/12/feliz-solsticio.html
Feliz solsticio
Así parece: más que cristianizar el paganismo la iglesia se paganizó. Estoy de acuerdo.
Por otro lado, un comentario nada personal (no te conozco), sólo a propósito de lo que dices. Está muy bien que una y otra vez los anarcocristianos (o lo que sea) señalen que la(s) actual(es) iglesia(s) no tiene nada que ver con el original movimiento de Jesús. Está bien, como hacía Pablo en otro reciente artículo, desmarcarnos y sentirnos libres de los montajes eclesiásticos que han venido por la ‘constantinización’ (=paganización) de la iglesia y el cristianismo triunfante. Pero como advierte el evangelio, a quien más sabe se le pedirán más cuentas: ¿qué nos impide a los que sabemos del movimiento original de Jesús reeditarlo hoy fielmente? Recuerdo que ‘Iglesia’ significa ‘asamblea’, la asamblea de los convocados por Jesús a seguirlo en su nuevo modo de vivir que anticipa el mundo nuevo de su Dios y Padre, ‘los Nuevos Cielos y la Nueva Tierra en que habita la justicia, y como su fruto natural, la paz.
No se puede seguir a Jesús si no es en común-unión con los demás que también le siguen. La Iglesia, originalmente, es una Hermandad, una realidad orgánica, un Cuerpo habitado por la Vida de Jesús (el Viviente), para desplegar en medio de nuestra Historia su poder transformador.
Perdonad, pero tengo serias dudas de si conocemos realmente el carácter y contenido del invocado ‘movimiento original de Jesús’. Es más, mucho me temo que hay mucho de proyección idealista en esto, mucho de domesticar lo de Jesús para armonizarlo con otros montajes (los nuestros);
Si bien, justificadamente, la pervertida realidad actual de las iglesias nos escandaliza y nos parece inaceptable, no sé si el verdadero movimiento de Jesús nos seguiría resultando escandaloso y rechazable; y esto, en mi opinión, porque su radicalidad nos cuestionaría también nuestros montajes, dogmas y costumbres, que por ser los nuestros no percibimos como tales.
Salut.