Rigoberto Lanz

ALAI

Los mitos del “progreso” y las distintas idolatrías del “desarrollo” son los principales escollos de mentalidad para entender de qué va la cosa cuando hablamos de Crecimiento Cero o de decrecimiento. El colega Alberto Buela ha desarrollado en este mismo espacio las coordenadas teóricas básicas de este debate. Recientemente la “Universidad de Verano” que organiza anualmente Edgar Morin consagró sus deliberaciones a preguntarse “¿Qué queda del desarrollo sustentable?”. Justo en ese contexto aparece con nitidez la envergadura teórico-política de esta vertiente de la ecología política que no se contenta con la crítica a los “excesos” del desarrollismo sino que cuestiona en su raíz el modelo cultural que está por detrás de todos los paradigmas de crecimiento económico en el mundo (incluido el modelo chino que aparece emblemáticamente como el colmo de una visión salvaje de los paradigmas del “progreso”).

Como suele ocurrir con las ideas radicales, las tesis del decrecimiento hacen ruido a las mentalidades cientificistas instaladas, al realismo político de los grupos de izquierda, al status quo académico que tardará mucho en entender cuál es la agenda donde se inscribe este debate fundamental. Las tesis desarrolladas por gente como Serge Latuche o Alain de Benoist hace rato que han impugnado en sus raíz el modelo de crecimiento del mundo occidental que lleva ineluctablemente a la eco-depredación del planeta. Ello incluye una crítica radical al modelo tecno-científico que está en la base, a los sistemas educativos que reproducen la mentalidad desarrollista, a las políticas públicas que en el mejor de los casos no pasan de la retórica de la “protección medio-ambiental”.

Lo que se produce en el mundo -y cómo se produce- corresponde a modelos culturales íntimamente imbricados con los juegos de intereses de clases y grupos bien identificados. Los modelos de consumo que se reproducen planetariamente son igualmente expresiones de un paradigma cultural que no es inocente. Podemos constatar que el 80% de lo que se produce en el mundo es esencialmente supérfluo. El modelo energético que sustenta este modo de producción mundial es absolutamente insostenible. No hay solución verdadera al drama de la muerte ecológica del planeta arrastrando el modelo de consumo dominante: su sustento ético, su legitimación estética, sus coartadas políticas.

En Venezuela la discusión sobre un asunto aparentemente menor como el “desabastecimiento” conecta inmediatamente con esta agenda controversial. ¿Qué es eso de “abastecimiento”? ¿Quién decidió que son estos o aquellos los productos y servicios que la gente debe consumir? La trampa es hacer creer que el asunto es tener anaqueles llenos o anaqueles vacíos. ¿Y cuándo discutimos la cuestión de la naturaleza misma de esa producción? ¿Dónde debatimos sobre la manera cómo se produce lo que se consume? ¿Con quién debatimos la cuestión crucial de otras pautas de consumo, otro modelo energético, otros valores de uso, otro concepto de “necesidad”?

Estos son apenas algunos indicios de los tremendos problemas que están en la agenda mundial de debate de una nueva ecología política. No decimos que hay aquí una “solución” mágica a los entuertos de toda una civilización.
No se trata de “salvar” la Modernidad (como quisieran los habermasianos) sino de hacer aflorar un nuevo humus civilizatorio que instaure las condiciones para otro modo de vivir. Ello no se decreta. Se trata más bien de hacer los enlaces entre una voluntad emancipatoria que lucha a diario contra las miserias del poder y el horizonte utópico de una “sociedad-mundo” (Edgar Morin) que le ha torcido el cuello a la globalización depredadora.

La vía del decrecimiento es una apuesta epistemológica y socio-política que se inscribe en el corazón mismo de los debates Modernidad-posmodernidad. Allí hay espacio para los grandes vuelos teóricos y también para emplazar al pragmatismo político que es incapaz de hacerse cargo de las implicaciones de la gestión pública cotidiana. No se trata sólo de “llenar los anaqueles” sino de poder discutir al mismo tiempo lo que está por detrás de esa sencilla operación. Allí nada es inocente.

One thought on “Para entender la idea de decrecimiento”
  1. Para entender la idea de decrecimiento
    «Ello incluye una crítica radical al modelo tecno-científico que está en la base».

    Disiento.

    El que escribe el articulo esta totalmente en lo cierto cuando dice que el consumo irresponsable nos lleva a la debacle.

    Pero cuando lo hace, lo hace con el estomago lleno. Y lo hace con un ordenador conectado a internet, y seguramente tenga luz electrica en su casa, con nevera y microondas, y lo mas probable es que de vez en cuando conduzca un automovil, o coja el metro que se mueve con electricidad.

    Si no aprendemos a distinguir lo superfluo de lo necesario, mal vamos.

    La tecnica derivada de la ciencia es un arma de doble filo: El fuego puede calentarnos o quemarnos, depende de nosotros, no del fuego.

    La ciencia en si misma, no puede atarse con cadenas a la tecnica derivada de ella, o al uso de esta tecnica para tal o cual fin. La ciencia solo pretende saber como funcionan las cosas. Solo saber. No utilizar.

    Por otro lado, cuando ya se sabe algo, que se ha aprendido a lo largo de muchas generaciones, no se puede «desaprender».

    Para ejemplo, el uso del fuego. Puede que la humanidad este al borde del colapso, o de un gran cambio inedito en su historia, pero despues de todo, seguiremos usando el fuego. Otra cosa es para qué lo usaremos.

    Esto es lo que no entienden los que creen religiosamente que todo el progreso material, cientifico y tecnico es malo por insostenible, porque se acaba el petroleo y somos demasiados.

    Hay que recordarles que mucho antes de la era consumista, mucho antes de la revolucion verde, mucho antes del descubrimiento del petroleo, vivieron sabios como Arquimedes, Galileo, Newton, Lavoisier, Mendeleiev… ¡Que no derrochaban nada de nada, porque no tenian cómo!

    Ellos nos enseñaron como funcionan muchas cosas de este mundo material. Y no eran capaces ni de imaginar de lejos lo derrochadores que podriamos llegar a ser sus tataranietos.

    Si les echamos la culpa a ellos de nuestros excesos, no estamos dando en el centro de la diana, sino barriendo comodamente debajo de la alfombra.

    ¡Ah, lo siento! ¡La culpa no es mia, es de Alberto Einstein! … ¡Sigamos derrochando, ahora que ya sabemos que somos inocentes! …

    Parece que hay algunos a los que les gustaria volver a la edad media, santa inquisicion incluida… ¡Desde luego es un modelo estable y sostenible! (Por lo menos hasta que llega un Galileo y tira unas bolas por un plano inclinado, o dice que la tierra gira sobre si misma y alrededor del sol, y no al contrario)…

    El conocimiento cientifico perdura. El hecho de que sea un arma de doble filo no puede ser leido desde la perspectiva parcial de que es SOLO perjudicial. Esto no es mas que la mitad del asunto. Incluso mucho menos que la mitad.

    Hay una diferencia importante entre «peligroso» y «nocivo». Depende de cada cual usar lo que puede ser peligroso sin peligro, y sin que llegue a ser nocivo.

    internete
    1234567

    PD: Al final la culpa es de los cientificos… ¿Y que pasa con los banqueros, los politicos, los curas, los militares y los periodistas que definen el mundo actual bajo un prisma absolutamente ignorante de la ciencia?

    Son ellos los que promueven la ignorancia, el derroche, el consumismo incosciente.

    Hemos dejado en manos de ignorantes la mala aplicacion del conocimiento cientifico, en lugar de hacer que el conocimiento cientifico llegue al ultimo rincon para el bien de todos, incluidos los no-humanos.

    La ciencia es luz. Lo que provoca sombras no es la luz, son los obstaculos intermedios entre la luz y nuestros ojos.

    Y lo que es mas: La ciencia incluye su propia critica dentro. De hecho es esto (la critica constante de la Ciencia) a lo que llamamos Ciencia.

    La ciencia dice lo que dice. Que 2+2=4
    ¿Hay alguien que no esta de acuerdo? Bueno, pues que se explique bien, porque la mayoria estamos de acuerdo con que 2+2=4, y no parece que tenga mucho sentido «criticarlo».

    En fin… «La paciencia es la madre de la Paz y de la Ciencia»

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