
Margarita Padilla
¿Quién puso en el Gobierno a Zapatero? La respuesta de perogrullo es los votos. Pero ¿de dónde surgieron esos votos? Supongamos que de los movimientos sociales. En ese caso, la hipótesis sería que el Gobierno de Zapatero se debe a la fuerza de unos movimientos sociales que expresaron con el voto su rechazo a la nefasta gestión que realizó el Gobierno de Aznar. Sin embargo, la diferencia respecto a otros gobiernos surgidos, aparentemente, en circunstancias similares, como pueden ser el de Brasil, Argentina o Venezuela, es total, puesto que en el caso de España los movimientos sociales que tan fuertemente se expresaron como críticos al Gobierno de Aznar, no están (ni estaban hace cuatro años) autoorganizados como tales.
De ahí las preguntas que los propios grupos conscientes que se sienten parte de esos movimientos se empezaron a hacer a sí mismos nada más empezar legislatura: ¿dónde está el “Nunca Máis”, donde está el “No a la guerra”? Recordemos que la primera desmovilización se constató con claridad a finales del verano de 2004, cuando en las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla morían personas. En un escenario clásico, en el que un gobierno de ‘izquierdas’ recoge los votos de los movimientos sociales, el proceso esperable es un difícil equilibrio entre el interés de ese gobierno por cooptar y controlarlos (posiblemente otorgando ciertas concesiones) pero sin desmovilizarlos totalmente (a fin de mantener una fuerza suficiente respecto a la ‘oposición’) y la resistencia de esos movimientos a ser cooptados, pero sin romper totalmente la relación de fuerzas respecto al gobierno (posiblemente planteando reivindicaciones gestionables).
La relación entre el Gobierno de Zapatero y los movimientos sociales no puede ser así, pues los movimientos sociales, en realidad, no existen como tales (salvo en su propia autorreferencia). Así, el Gobierno de Zapatero no puede cooptarlos (no hay nada que cooptar) pero al mismo tiempo no tiene que enfrentarse a procesos de verdadera crítica. Los ejemplos serían innumerables: el más reciente, la desmovilización ante el acoso a las clínicas abortistas, más dolorosa todavía si se la compara con las movilizaciones en favor de la familia, que lidera la derecha. ¿Qué ocurre? Que el Gobierno de Zapatero se relaciona directamente con cada ciudadano, sin mediaciones.
O, mejor dicho, se relaciona directamente con lo que llevó a cada ciudadano a decir “Nunca Máis” o “No a la guerra”. Por eso, en sus mensajes Zapatero siempre habla de paz, solidaridad, convivencia, progresismo y confianza en los españoles, y se desmarca explícitamente de la producción de temor, miedo, amenaza o confrontación, valores que organizaron el gobierno del PP y que siguen organizando su oposición. El Gobierno de Zapatero sabe mejor que nadie que no surgió de la nada, sino de una politización de nuevo cuño que utilizó las elecciones de modo instrumental, como táctica para conseguir un cambio de gobierno. Nada que ver con la imagen que los movimientos sociales proyectan sobre sí mismos. Y tampoco nada que ver con votos de ésos que se compran en una campaña electoral.