A lo largo de mi vida he conocido muchos cenetistas, pero mis preferencias tienen cuatro nombres: Francecs Pedra, José Peirats, Germinal Gracia, y José Ester. Gente que trataron de hacer algo muy difícil. Nada menos que estar a la altura del ideal.

Pepe Gutiérrez-Álvarez


Mis cenetistas preferidos

A lo largo de mi vida he conocido muchos cenetistas, pero mis preferencias tienen cuatro nombres: Francecs Pedra, José Peirats, Germinal Gracia, y José Ester. Gente que trataron de hacer algo muy difícil. Nada menos que estar a la altura del ideal.

Como un niño, y luego un muchacho que buscaba la República, fui descubriendo, allá por principios de los años sesenta, que la mayor parte de gente mayor interesante que conocía, tenía su historia de militancia en la República. Primero fue un pariente, Antonio Segura, casado con una sobrina de mi abuela paterno que era un encanto, y que siendo muy joven y de “buena familia”, la respetaron. Segura era comunista, y se destacó en La Puebla por llamar públicamente asesino a un personaje que en mi libro de recuerdo llamó “Sicario”, y que todavía octogenario proclamaba que volvería a ser lo mismo. Es una frase típica de los gozan de impunidad, y un amigo me contaba que en su pueblo, no de los guardia que había acompañado a Tejero el 23-f, vivía regaladamente de una buena pensión, y repetía la misma frase…Luego estuvo “el abuelo”, el anciano mendigo que nos contaba historias a los niños “de la calle de La Ermita”,y que murió en una cueva llena de piojos ante la indiferencia de los mayores.

En Barcelona conocí muchos más, eran los obreros que en las diversas empresas en las que fui pasando, decían cosas sobre lo estúpido e ignorante que resultaban la mayoría, pendientes de los resultados del domingo y de las quinielas, mientras que trabajabanduramente por salarios que los obligaban a las horas extras o al pluriempleo. Republicano era don Antonio Vidal, maestro represaliado que daba clases nocturnas en la Iglesia de San Ramón Nonato, y republicano era el bibliotecario que nos recibía en la Biblioteca de Coll-Blanch cuya puerta era contigua a la de la policía local. Éste hombre me contaba todo lo que había tenido que sufrir para recuperar su empleo, y llevó mis inquietudes de lecturas hacía la literatura popular: Verne, London, Stevenson, Baroja…Nunca se lo apareceré lo suficiente.

Pero mi compromiso principal lo tuve inicialmente con la escuela anarquista, una relación que no se expresó con un adhesión orgánica (fui a un par de reuniones ultraclandestinas de gente de la CNT y no me convenció como hablaban de “los comunistas”), pero de ella surgió una vocación doble, tanto por el estudio de la historia social en general, como por el aprecio de la libertaria y la pluralidad. Aunque esto lo he explicado en otras partes, creo conveniente ofrecer aquí cinco céntimos de una historia que, por otro lado, es muy similar a la de tantos otros y otras que bajo el franquismo buscaron la República, y se encontraron con los restos humanos de la resistencia libertaria. Este encuentro tiene en mi caso nombres que aparecen en estas páginas, son Francecs Pedra, y a través de él, de José Peirats, y más tarde de José Ester (en el exilio en París), y luego con Víctor o Germinal García, y otros y otras como Dolores Peñalver, Lola.

Al margen de otras consideraciones como las políticas (que son muy conflictivas), esta relación adquieren unas señas de identidad que sigo considerando de gran valor para cualquier joven que quiere aprender a aprender. Pedra en particular fue, en sí mismo, una lección, de fidelidad a una clase trabajadora, de insumisión ante las injusticias, de una voluntad de saber desde una base casi analfabeta, y de reconocimiento de la pluralidad. Dicha pluralidad se manifestaba por su propia diversidad personal, asumidamente contradictoria, y justificada siempre por lo que se hace.

Pedra abogaba por estudiar, estudiar y estudiar, y ofrecía el ejemplo de Peirats que lo hizo trabajando desde bien mocoso en trabajos tan duros comoel de ladrillero, y convirtiéndose, a pesar de las vicisitudes vividas en la guerra y en los exilios, en un historiador y escritor cuyo carácter de autodidacta no le impide ser comparado con otros que hicieron su carrera en la universidad, entre ellos, Peirats es quizás el que aporta más verdad y autenticidad, aunque o se coincida con él, algo que pude comprobar a través de una nutrida correspondencia a través de la cual me ofreció información sobre una larga lista de personajes que él había conocido o había leído. Lo mismo me sucedió con Víctor García. Más que ninguno, José Ester, al que traté ampliamente en París, me ofreció el ejemplo de un libertario tolerante, capaz de llevar a cabo empresas extraordinarias que no contaba si tú no se las preguntaba, y que sobresalía por su exquisito respeto a todas las personas que luchaban por un dial, fuesen de la escuela que fuesen, al mismo tiempo que se mostraba exigente con la propia. Ciertamente, conocer gente así es todo un privilegio.

De Francesc Pedra i Argüelles, militante anarcosindicalista desde su primera juventud (Barcelona, 1914-L’Hospitalet, 2000), ya he hablado en otras ocasiones. Según me dijeron en el Centre d’Estudis de L’ Hospitalet, el ayuntamiento tenía previsto dedicarle una plaza, pero de momento no sé nada más. En esta ciudad, Pedra será durante la década de los setenta uno de los animadores decisivos de los movimientos sociales, especialmente en el barrio de Pubilla Casas. Ulteriormente fue dirigente y en buena parte, inspirador del movimiento de jubilados y pensionistas de la misma ciudad. Su padre intervino, junto con Federico Urales, uno de los fundadores del grupo anarquista “Los de ayer y los de hoy”. Dolors Marín cuenta La ciudad rebelde, la historia de los huelgas de los aprendices en la que Francecs fue uno de los animadores. Su hermano Camilo fue un notable «hombre de acción» conocido como «El cojo de Sants», y murió en exilio en la miseria por rechazar una pensión concedida por el Estado francés por su reconocida labor en la Resistencia. De formación autodidacta («…aprendí a leer tarde, no fui nunca al colegio, lo poco que sé me lo enseñó mi padre y un maestro racionalista…»); quedó huérfano cuando cumplió a los 9 años. Militante cenetista desde finales de los años veinte, es nombrado a los 17 años Presidente del Sindicato de Oficios Varios en Stª Eulalia, en L’Hospitalet, donde tomará parte en la efímera tentativa de implantar el comunismo libertario en 1933. Al estallar la guerra, Pedra ocupa la vicepresidencia del mismo sindicato en Barcelona y en la sección del Vidrio Hueco, oficio en el que trabajará la mayor parte de su vida y que ejercerá con orgullo profesional. Contraviniendo las órdenes de su sindicato, Pedra marchó clandestinamente al frente.

El exilio le hará recorrer una larga y penosa estancia en diversos campos de concentración: Saint Cyprien, Agde, Clermont Ferrant, Argelés para desembocar en Magdeburg, a 60 Km de Berlín. El 16 de noviembre de 1945, Pedra regresa clandestinamente a Barcelona siguiendo sus propios criterios y sobrevive gracias a la solidaridad de los trabajadores de Can Tarrída. Vuelve a vivir con su compañera Dolores Peñalver, de origen murciano y también militante de la CNT. A mediado de los años sesenta, y a pesar de sufrir una crisis depresiva derivada de sus duras experiencias, se acerca a Comisiones Obreras. En 1967, Pedra participa en el núcleo izquierdista que anima el Centro Social del barrio de La Florida, y a principios de la década siguiente es uno de los fundadores de la Asociación de Vecinos de Pubilla Casa que, después del desplazamiento de la hegemonía del PSUC, pasa a ser el centro urbano más activo y radical de la ciudad. Cuando poco antes de su jubilación se queda parado, Pedra milita intensamente en la Asamblea de parados de la ciudad que protagoniza grandes movilizaciones. Poco después de la muerte del dictador y junto con el cordobés Pedro Rodríguez – anarquista, soldado con Mera- y Merced Rosaura -monja seglar e intrépida asistenta social, cuya categoría moral haría matizar notablemente el anticlericalismo de Pedra-, constituyen la dinámica vocalía de jubilados y pensionistas del barrio, uno de los centros generadores del desarrollo ulterior del movimiento que tendrá un peso militante hasta mediados los años ochenta. Esta labor se verá reconocida en el Congreso internacional de Lille, cuando los delegados italianos le conceden la medalla al mejor militante.

En estos años Pedra se ha mantenido como un anarcosindicalista muy a su manera, tempranamente se distanció de la CNT del exilio que calificaba de «federiquista» considerando que «se le había parado el reloj». Volvió con la CNT al inicio de la “Transición”, pero se distanció cuando se produjo la crisis que dio lugar a la CGT. Defensor fervoroso de las tradiciones de la democracia obrera, no pudo evitar -quizás por su empirismo intelectual y su desconfianza hacia el comunismo oficial- la tentación socialdemócrata, llegando a mantener una colaboración institucional con el PSC local, sin dejar por ello de manifestar su profunda malestar por su derechización, y por la decadencia de la actividad social, reviviendo en ocasiones como la campaña anti-OTAN.

Fue gracias Pedra que conocí a José, Peirats, del que me habló siempre como un modelo de obrero autodidacta que llega a ser un historiador apasionado pero muy respetado.
Desde muy joven Peirats fue un destacado militante e «intelectual orgánico» de la CNT y la FAI, conocido tanto por sus actividades como por sus trabajos como divulgador e historiador (Vall de Uxo, Castellón, 1908-1989). Emigró a Barcelona cuando tenía 4 años, y a los 9 se instaló en el barrio de La Torratxa, de L’ Hospitalet. Trabajó como «un bruto» como ladrillero desde los 9 años hasta el 18 de julio de 1936. A los 14 años ingresó en la CNT y comenzó a sentir una gran pasión por la cultura. Peirats lee de todo, su fiebre de lectura llega hasta Volney, Darwin, Haeckel y se extiende hacia los clásicos griegos y, claro está, los anarquistas. Frecuenta la escuela nocturna de Juan Roige.

Vive intensamente la lucha contra la dictadura de Primo de Rivera, y sobresale en las actividades culturales del Ateneo del barrio. Posteriormente, Peirats participa en el Ateneo Racionalista de Sants, mostrándose muy preocupado por la acción cultural: «…queríamos que la cultura no fuese ni comunista ni anarquista, porque la cultura es algo general de la humanidad y por eso tratábamos en nuestros cursos de conferencias de temas de cultura general, desde la astronomía a la química o a la pedagogía (…) queríamos que los jóvenes que se formaban con nosotros, y nosotros con ellos, tuviesen una visión de la cultura lo más amplia posible; que tuviesen una base cultural y no una cultura adocenada y clasista, saturada de temas obreristas», declaraciones en Tiempo de Historia).

A los 20 años publica el Boletín del sindicato de los ladrilleros. Colabora en toda la prensa anarquista y anarcosindicalista de los años treinta utilizando diferentes seudónimos, fue redactor del diario Solidaridad Obrera, y director de Acracia, de Lleída. Peirats se especializó en temas judiciales y desarrolló un estilo literario muy semejante al de Felipe Aláiz y Angel Samblancat. Fue adversario de las posiciones «trentistas» («no por sus tesis sino por su fermento escisionista») y estuvo siempre dentro de la FAI, aunque se proclama en «contra la prepotencia desquiciada de la FAI, que siempre tuve por no anarquista y bolchevizante». Militante de las JJLL; delegado y secretario de actas en el Congreso de Zaragoza, teniente de la 26ª División del Ejército popular republicano, cruza la frontera en unión del resto de la unidad al finalizar la guerra en Cataluña.

En agosto de 1939 se les anuncia que podrán emigrar a México, pero son vetados y conducidos a campos de concentración. En 1940, Peirats desembarca en la República Dominicana que vive bajo el terror de la familia Trujillo. Trabaja en las fronteras con Haití hasta que una fundación norteamericana presidida por John Dos Passos que quiere facilitar una solución a los españoles exiliados mediante la creación de unas colonias agrícolas en el Ecuador, le permitió salir de allí para llegar, después de diversas vicisitudes marineras, al puerto de Guayaquil. Vivió entonces cortado de la civilización, en plena sierra oriental donde la estación de las lluvias se prolongaba por meses enteros. Aunque se entregaron en cuerpo y alma a la tarea -Peirats se hizo un consumado panadero-, la situación cambia cuando a raíz de la entrada de los Estados Unidos en la guerra, la fundación cesa en su ayuda. Navega entonces hacia México en un barco que va a la deriva y sin subsistencias en medio de un mar Pacífico que hace honor a su nombre. Llega a Panamá y se gana la vida trabajando en oficios diferentes, entre ellos el de fotógrafo ambulante.

Luego marcha a Venezuela donde colabora en el periódico El País y en 1947 asiste a una Conferencia Intercontinental del ML en París. Regresa clandestinamente a España como miembro de las JJLL. De nuevo en Francia ocupa la Secretaria del Movimiento Libertario y pasa a ser uno de los más incisivos polemistas en los diferentes debates que conmueven el exilio, en particular sobre el tema de la posible participación en los sucesivos gobiernos republicanos. Teóricamente, Peirats siempre se manifestó contrario al gubernamentalismo anarquista. Cuando en 1948 trabaja en la instalación de una explotación maderera en la Landas francesa, le llega la propuesta para hacerse cargo «de una extensa obra sobre la actuación de la CNT en la guerra y en la revolución española. Era una tarea importante que llevaría años de trabajo en condiciones nada favorables. Pero acepté sin vacilaciones, entregándome de lleno a la tarea, consultando archivos, reuniendo documentos y dialogando con cuantos habían intervenido personalmente en cada uno de los acontecimientos». Tras cuatro años de intensa labor -parte de la cual transcurre en la cárcel-, concluye La CNT en la revolución española (editada en 3 volúmenes por Ruedo Ibérico; reedición Madre Tierra), que se agota rápidamente. Sin duda esta es la obra capital de Peirats y resulta, con todas las limitaciones obvias derivadas tanto de las condiciones materiales en que fue escrita como de su carácter «orgánico» -fue un encargo del Congreso de 1947 celebrado en Toulouse-, comparable por su importancia con El proletariado militante, de Anselmo Lorenzo. Imprescindible para cualquier estudio serio sobre la revolución española y la actuación de los anarquistas, fue también la base para una versión reducida titulada Los anarquistas en la Guerra Civil española (Júcar, Madrid, 1976).

Peirats no es un pensador original, sus ideas son las de la tradición libertaria (esto es notoria por ejemplo en su concepción sobre el Estado cuando escribe «La conquista del Estado es una ilusión El Estado conquista finalmente a sus conquistadores. O convierte en Estado a cuantos llegan hasta él, por sufragio o por asalto»), su principal característica radica en que personifica como pocos a ese importante sector de obreros autodidactos educados y forjados en las luchas sociales y en la intensa vida cultural proletaria de finales de los años veinte y la década de los treinta. Hombre de carácter, de voluntad critica, áspera e independiente, lo cual ha motivado no pocas discusiones en las filas anarquistas del exilio, y con numerosas personalidades y comités. Después de 37 años de exilio, pudo regresar a España con la ilusión de una pronta e inevitable reconstrucción del anarcosindicalismo.
En su actuación pública, durante un mitin multitudinario -el primero y el último de esta amplitud en la efímera reconstrucción cenetista- en Barcelona, en el Estadio de Montjuich, sus palabras sobre las autonomías, muy en la honda proudhoniana, dieron lugar a una reacción crispada dentro y fuera del movimiento al que pertenece. La ulterior división de la CNT, lo ha llevado a una posición solitaria y pesimista, retirándose de la vida militante activa y recluyéndose en su pueblo natal.

Otras obras son: Figuras del movimiento libertario español (Picazo, BCN, 1977), Emma Goldman. Una anarquista de dos mundos (Campo Abierto, Madrid, 1977, reedición Laia, BCN), Diccionario del anarquismo (Dopesa, BCN, 1977). Al exilio corresponden: Examen crítico-constructivo de movimiento libertario español (Ed. Mexicanos Reunidos, 1967), Voluntarismo y determinismo, La destrucción del Estado; España: ¿transición o continuidad? (Toulouse 1973), Estampas del exilio… Anarquismo, Breve historia de la CNT, La pretendida destrucción del Estado (las tres en Madre Tierra). Peirats ha escrito para la prensa libertaria numerosas semblanzas biográficas, varias traducciones (como El debate imaginario entre Marx v Bakunin, de Maurice Crompton), así como algunos prólogos como el que antecede al libro de H.E. Kaminski, Los de Barcelona (Cotal, BCN, 1977). En Tiempo de Historia nº 62 apareció una larga entrevista sobre su vida y sus ideas. La revista Anthropos (nº 18), le dedicó uno de sus «dossiers»: José Peirats Valls: Una experiencia histórica del pensamiento libertario. Memorias y selección de artículos breve, que contiene igualmente unacompleta bibliografía.

Algún día no muy lejano pondré en limpio las cartas que me escribió para darlas a conocer.

Y fue gracias a Peirats que mantuve una nutrida correspondencia con Tomás Gracia Ibars, más conocido como «Víctor García» o como «Germinal Gracia» (Barcelona, 1919). Autodidacta, hombre de acción y de pluma, divulgador e historiador prolífico. Tomás marcha como voluntario al lado de «Los Aguiluchos» al frente de Aragón, pero cuando llega la militarización abandona el frente y se integra en la colectividad de Cervía (Lleída) donde constituye las juventudes formando parte del CR juvenil catalán. Después del desastre del Ebro se reincorpora a las armas y es herido en Tremp. En Francia pasa por el campo de concentración de Le-Vernet d’Ariège, y escapa de un convoy alemán que le conduce al campo de exterminio de Dachau. Para escapar del cerco de la policía vichysta tiene que trabajar como minero de fondo, sin embargo la Liberación le coge en París y ocupa cargos en la FIJL.

Viaja por Italia y asimila el idioma, ya sabía también francés y esperanto (en el que se expresa en el Convegno de Faenza de 1946 como delegado español), y aprenderá después el inglés. A finales de este mismo año penetra en España para incorporarse a la lucha clandestina y es detenido en 1949; en la cárcel redacta los boletines Esfuerzo y Acurus scabieri. Excarcelado logra burlar la policía franquista y llegar a Francia desde donde -quemado políticamente- embarca hacia Venezuela, allí «no tardó en realizar su más caro sueño juvenil: nada menos que la vuelta al mundo a través del Pacifico, desde San Francisco al Japón, recorriendo la China, India, Medio Oriente, Israel y nuevamente Francia y Venezuela, donde echó anclas al constituir una familia. De estos viajes, que le valieron a Gracia ser amistosamente nombrado -un poco pomposamente-el `Marco Polo de la anarquía’, produjo varios libros…» (Peirats), tales como Coordenadas Andariegas, Panamá, México y el Océano Pacífico, El Japón hoy, Escarceos sobre China, El sudeste asiático, La incógnita de Indonesia, La sabiduría oriental, y el estudio Mussihushugi, al anarquismo japonés (Mexicanos Unidos, 1977), el que denota un conocimiento de primera mano del material histórico tratado, el único por lo demás aparecido en castellano.

Militante incansable, vinculado al sector más ortodoxo del anarquismo -aunque Carlos Díaz subraya su primacía de la praxis, su apertura a las renovaciones y su hostilidad al sectarismo-, «ha escrito muchísimo en la prensa afín y de mucho más calidad de lo que suele ser norma» (Iñiguez). Tal es su esfuerzo divulgador que crea una editora artesanal propia en Caracas, Ruta, en la que publicará sus propios textos sobre los clásicos anarquistas, también interviene en la traducción remodelada de la Enciclopedia anarquista, de Faure, que no pasó del primer volumen. Otras obras suyas son: La FIJL en la lucha por la libertad (Ed FL de la CNT, 1961), El Vaticano; España hoy (1962). Franco y el quinto mandamiento. Juicio contra Franco (1963), Las utopías y el anarquismo (Mexicanos Unidos, 1977), El pensamiento anarquista, La Internacional Obrera (una historia de la AIT, reeditado en ZYX), Bakunin, hoy (Grupo Editor de Estudios Sociales, con un prólogo de Agustín Souchy y una cronología de V. Muñoz), El pensamiento de Proudhom (1985), Madre Tierra ha reeditado el voluminoso compendio Antología del anarcosindicalismo (cuya primera edición fue en Ruta, Caracas, en 1988), Utopía y anarquismo, así como un retrato suyo efectuado por Carlos Díaz: Víctor García, «El Marco Polo de la anarquía»…

Pero anteriormente había conocido en París, a José Ester Borrás, (a) Minga, anarcosindicalista del Alto Llobregat (Berga, Barcelona, 1913-Alés, 1980), reconocido sobre todo por su testimonio sobre el calvario de los exiliados españoles en los campos de concentración nazis, del que guardo el recuerdo como un hombre de principios pero abierto y dialogante como pocos dentro de n movimiento que -a mi parecer- siempre pecó de estrecho…

De familia pequeño burguesa, comenzó a interesarse por las concepciones anarquistas durante los acontecimientos revolucionarios de Figols. Con un grupo de amigos consiguió fundar en su pueblo un sindicato confederal, que hasta 1936 tuvo una implantación muy modesta. Fue notoria su intervención para evitar las represalias contra los sectores carlistas y ultramontanos de la comarca. Luchó con la columna «Tierra y Libertad» en el frente de Madrid, y sufrió -cuando la columna se convirtió en la 153 Brigada- los embates del partido comunista que no se detuvo en medios para situarla bajo su mandato. El propio Minga fue perseguido judicialmente y detenido. Una vez en el exilio en Francia, gracias a su relación con Pozan -que lo liberará del campo de Vernet- formó partede uno de esos grupos poco conocidos que se dedicaron a colaborar con los servicios aliados en la tarea de salvar aviadores, e incluso a muchos de los propios agentes aliados en apuros, a través de los pasos pirenaicos.

Ester conocía muy bien la frontera, y amplió estos trabajos hacia los judíos. Cayó prisionero, junto con su primera mujer Alfonsina, y su cuñado Miguel Bueno, gracias a una trampa y fue a recalar al campo de exterminio de Mathaüsen. Allí contempló como «La gente veía como mataban a su padre y a su hijo y no podían decir ni hacer nada. Éramos miseria humana (…) con que lo que nos daban para comer, un ser humano no podía sobrepasar los seis meses de vida. Sólo sobrevivimos los que pudimos ejercer algún oficio o los que podíamos robar algo.

Soportar doce horas de trabajo y torturas sin comer es inaguantable. Hay que pensar que dentro del campo no había ningún soldado alemán. La administración la llevaban los propios presos. El jefe de una barraca tenía plena libertad para matar y, se cargaba a siete u ocho, y entonces había más raciones para comer». En la posguerra, Ester llevó una infatigable labor, primero en Toulouse, con la Federación Española de Deportados e Internados (FEDIP), que reagrupará a todas las corrientes políticas del exilio salvo a los estalinistas, en 1947 Ester fue el instigador de la campaña por la liberación de los marinos y aviadores antifascista españoles internados en el campo de reclusión soviético de Karaganda; después, siguió trabajando en la OFRA, con Eroles, donde mostró su capacidad solidaria, una extraordinaria bondad y su talante, abierto y dialogante.

Siempre mantuvo su revista Hispania. Igualmente fue un gran coleccionista de libros y documentos, sobre todo en lo referente a loa campos de concentración nazis, que fueron distribuidos en el Instituto de Ámsterdam, en tanto que sus libros fueron a parar a la Fundación que lleva su nombre en Berga. Su nombre es también inexcusable en la red de apoyo de las actividades de los maquis de Caracremada o Massana. Murió de cáncer y fue incinerado en Marsella.

Evidentemente, a lo largo de mi vida reconocido a muchos más, algunos de gran valor, otros no tanto, y algún otro sobre los que me costaría hablar bien. En general, gente muy valiosa, de los que siempre he querido aprender, y antes los que he mantenido una línea de devoción especial, lo cual no quiere decir que no discutiera con ellos, de hecho ellos mismos eran unos grandes discutidores. Gente de un tiempo, de una clase, de unas ideas, y que hicieron cosas grandes sin esperar reconocimientos ni recompensas.
Ahí es nada.