La Administración Bush ha decidido plantar cara al inmenso agujero en el que se encuentran sumergidas las arcas públicas estadounidenses y reducirá drásticamente el gasto en buena parte de los programas sociales sin, a priori, recortar las ayudas políticamente más relevantes, lo que podría ser utilizado por los demócratas para cargar contra la reelección del presidente norteamericano.
Según fuentes de la Casa Blanca, citadas ayer por el diario «The New York Times», el presupuesto fiscal para 2005, que será efectivo a partir del 1 de octubre, meterá mano al creciente gasto en viviendas públicas para los estadounidenses más desfavorecidos, exigirá a los veteranos de guerra que comiencen a pagar más por su gasto médico, pondrá freno al crecimiento en el gasto a los proyectos de investigación biomédica, y fusionará o eliminará directamente los programas de formación y empleo públicos. La idea es llevar adelante este recorte del gasto en ayudas sociales sin romper con la estrategia diseñada para la campaña de Bush, que pasa por mostrar la cara «compasiva» del republicanismo, por lo que el presupuesto buscará -sólo en la medida de lo posible, según las mismas fuentes- no romper en mil pedazos los ya exiguos programas públicos esenciales.
A pesar de las optimistas perspectivas económicas con que cuenta Bush para los próximos dos años, los expertos fiscales de su Administración han proyectado que el déficit público en el presente año fiscal se disparará por encima de los 374.000 millones de dólares registrados el pasado ejercicio, el mayor agujero en las arcas públicas de Estados Unidos de toda su historia. Una negra perspectiva ratificada por la Oficina de Presupuestos del Congreso y por la propia Casa Blanca, que manejan ya la escalofriante cifra de 450.000 millones de dólares marcados en rojo en las cuentas de Washington para 2004.
Sin embargo, en la Casa Blanca parecen no alarmarse, a tenor de las tesis manejadas por el director de presupuestos de Bush, Joshua B. Bolten, quien estima que estos recortes serán suficientes para reducir a la mitad el agujero fiscal en un tiempo récord de cinco años, unos recortes que, en cualquier caso, deberán estar acompañados por el esperado estirón de la economía norteamericana.
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