
Publicamos este curioso artículo de opinión firmado por Enric González en El País. Ni que decir tiene que nuestros puntos de partida ideológicos están lejísimos de los suyos. Sin embargo nos resulta muy ilustrativo y por eso lo queremos difundir, ya que con diferentes opiniones, algunas de ellas verdades como puños, saca a relucir entre sorprendido, entristecido y escandalizado una por una todas las incongruencias, todos los absurdos, todos los engaños que se emplean hoy en nuestro estado para definir la profesión militar. Y tiene la gracia de que quien realiza semejante examen de conciencia que tan atribulado le deja por lo que él mismo parece descubrir no es un antimilitarista, sino un simple columnista de un periódico conservador. Nota de Tortuga.
ENRIC GONZÁLEZ
El soldado es, en términos comparativos, y muchas veces también en términos absolutos, el servidor público peor pagado. Se trata de un funcionario al que enviamos a la guerra para que defienda nuestros intereses con su cuerpo y con su vida. Su trabajo merece el máximo respeto. Y, sin embargo, ofendemos con frecuencia al soldado. Diciendo, por ejemplo, que va en «misión de paz» a un territorio en guerra. O deslegitimando a su enemigo con el término «terrorista», un término que, inevitablemente, prolifera de nuevo tras la muerte del brigada Juan Andrés Suárez García y el cabo Rubén Alonso Ríos.
Ése es el problema de los juegos de palabras. En una guerra, fusilar a niños constituye un crimen de guerra. Hay reglas, aunque no se cumplan. Si no se reconoce la guerra, casi cualquier cosa que haga el enemigo puede calificarse como «terrorismo». Para el ejército nazi, los partisanos eran terroristas. Mal precedente.
Un soldado de un ejército regular, encuadrado en una fuerza multinacional de ocupación, es un objetivo militar legítimo, aunque quien le mate vista de civil y profese una ideología detestable. Si negamos eso, negamos su misma profesión. Ese soldado puede contar con el respaldo de la ONU, puede atenerse escrupulosamente a las leyes de la guerra, puede dejarse el corazón ayudando a la población civil, puede desear la paz con el máximo fervor: sigue siendo un soldado en territorio extranjero. Cuando cae, cae con honor en el campo de batalla y debemos agradecerle que lo sacrificara todo, su propia vida y la felicidad de su familia, en nombre de algo tan abstracto como nuestros intereses geoestratégicos. No le insultemos, por favor, diciendo que le enviamos a Afganistán para construir escuelas o mantener el orden público. A eso se dedican otros profesionales.
Y no insultemos nuestra propia inteligencia diciendo que ese soldado combate «por la libertad». Combate por nuestra seguridad. ¿Es legítimo defender nuestra seguridad ocupando militarmente un país tan lejano? Tan legítimo como hacerlo en Irak, supongo.
“Soldados”
¿El País es un periódico conservador?
“Soldados”
¿No te lo parece? ¿Piensas que es un periódico que apuesta por lo de «otro mundo es posible»? ¿Es un periódico revolucionario? ¿al menos reformista…?
“Soldados”
Supongo que para quien sólo ve, conoce, o reconoce las posiciones políticas ubicadas a la derecha de la línea editorial de El Pais, éste no es un periódico de derechas (no sé si es el caso del autor del mensaje al que responde éste).
A mí me parece que todos los demás consideran a El Pais un periódico conservador.
Saludos,