
BELÉN GARCÍA
Hace hoy cien años que el Sanatorio San Francisco de Borja de Fontilles, ubicado en mitad de La Vall de Laguar, recibía a los ocho primeros enfermos de lepra entre sus paredes y las murallas que recorren el valle. Cuatro hermanas franciscanas fueron en 1909 las primeras en atender a los recién llegados, aquejados de una enfermedad que «afectaba tanto al ámbito de la salud como al social», señaló ayer el presidente de la Generalitat, Francisco Camps, que, un siglo después, descubría una placa conmemorativa para homenajear a «tantas personas que han sumado esfuerzos» desde ese día hasta la actualidad.
Ayer, esas murallas que con el paso de los años fueron abriéndose a la par que la mentalidad de la sociedad y al ritmo de los avances médicos, recibieron a decenas de personas para celebrar el centenario de una entidad que «cumple cien años de esfuerzo colectivo al servicio de las personas más necesitadas», destacó el presidente de la Generalitat en «un día tan especial en que se cumplen cien años de un sueño».
Un sueño que idearon los valencianos Joaquín Ballester de Tornos y el padre jesuita Carlos Ferris, dos personas «comprometidas» y con «visión» que pusieron el germen de lo que ha sido una «tarea hercúlea» que «ha ofrecido una posibilidad y una opción de futuro a muchas personas y familias», en palabras de Camps. Ellos fundaron la Asociación Fontilles con el espíritu humanista de dar al enfermo un tratamiento global en un amplio valle rodeado de pinos y vegetación, paseos y jardines, sin necesidad de confinarlo o aislarlo, como era lo habitual.
El sanatorio, ubicado en la comarca de la Marina Alta, es el único centro de Europa dedicado a la atención integral de enfermos de lepra y hoy, una vez erradicada la enfermedad en el primer mundo -en España no tiene incidencia y apenas se registran una decena de casos al año-, es un centro de formación e investigación médica y se dedica además a proyectos de cooperación internacional. En la actualidad, alberga a una población de 50 enfermos, según explicó el director del sanatorio, el padre jesuita Antonio Guillén, que aclaró que se trata de personas que padecieron la lepra y ya están curadas, aunque todavía hoy se atienden algunos casos, en ocasiones de manera ambulatoria. Además, conviven en el recinto personas afectadas por Alzheimer.
Fontilles pertenece a la Federación Internacional de Asociaciones de Lucha contra la Lepra desde hace cuarenta años apoyando actividades médicas, científicas, sociales y humanitarias en todo el mundo. «El primer proyecto internacional fue en 1986 en la India y hoy desarrollamos 35 proyectos en 22 países diferentes», destacó el presidente de la asociación, Joaquín Sapena, durante el acto, que se completó con la celebración de una misa y la degustación de un aperitivo al aire libre para todos los asistentes.
Antes de la eucaristía, Francisco Camps firmó en el libro de visitas del centro y recibió de manos de su subdirector, el sacerdote jesuita José Luis Beneyto, antiguo profesor suyo, un ejemplar del libro «Caridad heroica», editado en los albores del siglo XX cuando surgió la idea del proyecto Fontilles. En él se recoge un estudio de la situación de la lepra en la época y el concepto inicial del proyecto, así como fotografías y planos de la idea original. Asimismo, la comitiva, en la que también estuvieron presentes el conseller de Sanidad, Manuel Cervera, o los alcaldes de La Vall de Laguar y Murla, entre otras autoridades, recorrió las instalaciones de la hospedería, que han sido reformadas para albergar, entre otros espacios, nuevas aulas de formación y biblioteca.
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