Muchos pensamos que la venda que cubre los ojos de la Alegoría de la Justicia es como la mano de un niño tapándose con ella la cara al jugar al escondite, mientras él cuenta y sus compañeros se ocultan; entre los dedos del infante suelen abrirse resquicios que le permiten ver donde se agazapa el amigo al igual que a través del trozo de tela de la Dama que sostiene la balanza, es posible percibir al encausado y adecuar la interpretación de la Ley a su condición. Pero ese descrédito generalizado en la que probablemente constituye la última garantía para confiar en que el respeto a todos los seres es un valor fundamental y protegido por una Ley con carácter de universalidad, con independencia de que su aplicación en el caso de ser vulnerado dicho derecho diste mucho de ser imparcial y efectiva en todos los casos, viene precedido por otro aspecto si cabe más inquietante: la constatación de que el Sistema no siempre actúa en defensa de la Sociedad, apartando de la misma a quien está probado que ha cometido un crimen hasta el momento del proceso que determine la pena que le corresponde. Cuando digo crimen no me refiero a una falta leve que no implica la peligrosidad del autor, ni siquiera a un delito que puede ser considerado como tal por una cuestión de cuantía económica pero que en todo caso, no tiene porque conllevar el riesgo de que cause daños físicos a terceros. Y he empleado la expresión «está probado» consciente de que todo es presunción en tanto en cuanto no se celebre un juicio, pero formalismos aparte, a quien detienen mientras está llevando a cabo la acción ilegal no es posible calificarlo de presunto; otra cosa es que después haya que estudiar los móviles, los agravantes, los atenuantes o el alcance de los daños en un proceso legal para determinar la pena.

Para no seguir con elucubraciones. Si un individuo es sorprendido por la policía apuñalando repetidamente y con especial saña en un callejón a un chico al que previamente ha atado, creo que todos nos sentiríamos más tranquilos si hasta el momento de la vista el «presunto» asesino permaneciese en un centro penitenciario en calidad de preventivo sin posibilidad de huir, ya que alguien que ha mostrado tal conducta es evidente que puede repetirla si tiene la oportunidad y si lo que quiera que sea que le impulse hace nuevamente acto de presencia en su mente. Pero si en vez de un callejón les digo que el escenario es la habitación de un piso; que cambien las ataduras en las muñecas y tobillos por unas bolsas de plástico que sujetan el cuerpo del infortunado a un saco de boxeo colgado del techo y sin la menor posibilidad de escapar; si les pido que mantengan el tipo de arma y el número de veces que la ha clavado en el cuerpo de la víctima del primer ejemplo: una navaja de mariposa utilizada en diez ocasiones; que en lugar de un joven desagrándose y con sus vísceras asomando imaginen a un husky siberiano de seis meses con sus intestinos a la vista y por último, que dejen invariable el resultado de la brutal agresión: la muerte.

¿Les parece que aspectos tales como la virulencia del acto, lo repugnante de la conducta del criminal, su peligrosidad o lo salvaje e injustificable del crimen pierden su contundencia o importancia porque haya sido cometido sobre un perro en vez de afectar a un ser humano?. Es cierto que el alcance no es el mismo en ambos casos; no hay en el del can una familia rota o amigos y compañeros afectados por la tragedia; no es la vida de una persona la que ha sido truncada de un modo terrible y absurdo; la conmoción que causa en la Sociedad no es comparable; todo eso es verdad, pero hay cuestiones que son equiparables con independencia de la naturaleza de la víctima: lo espantoso de la acción y el riesgo que comporta el que su autor permanezca en libertad.

No creo necesario recordar todos los estudios llevados a cabo por numerosos profesionales acreditados, demostrando la relación que existe entre la violencia ejercida con animales y la que se descarga sobre personas, quedando probada la proximidad entre ambas y como la segunda, viene en repetidas ocasiones precedida por un maltrato repetido y sañudo hacia criaturas irracionales. Muchos nombres propios de criminales corroboran estos informes y leyendo su historial, se aprecia que antes de asesinar mujeres, niños u hombres, hicieron lo propio con perros o gatos. ¿No serían estos dos aspectos, lo atroz del crimen y su posible repetición con personas, motivos suficientes para privar de libertad a ese sujeto el tiempo que un Código Penal efectivo indique?. Empleo el calificativo de efectivo porque ese es otro problema muy a tener en cuenta: la laxitud de la Ley en lo que a condenas se refiere cuando la víctima, aunque pueda sufrir, no es una persona.

Y el ejemplo que he puesto de un perro atado a un saco de boxeo y apuñalado una y otra vez hasta quedar muerto con su vientre abierto es real, real y muy reciente. Ocurrió el pasado fin de semana en Palma y fue perpetrado por un joven de veinte años que al parecer, llegó a su domicilio después de haber ingerido alcohol y como le molestaban los ladridos del animal, de su propio perro, lo inmovilizó atándolo con bolsas a un saco de boxear y le clavó una y otra vez la navaja hasta destripar al pobre can. Pero no acaba ahí lo atroz del suceso y si el episodio es terrible, nos agarramos como débil consuelo al hecho de que haya sido cometido por un perturbado más y que ese tipo de actos son los que conciben ciertas mentes y a los que por desgracia ya estamos acostumbrados. Sin embargo para mí lo más sorprendente y lo que más desasosiego me produce es lo que ocurrió inmediatamente después de que este miserable reventase a cuchilladas al desgraciado perro: la policía llegó a la vivienda alertada por la compañera del criminal, que los avisó al descubrir la carnicería. Los agentes se encontraron con la espantosa escena en una habitación llena de sangre y según los medios de comunicación «detuvieron al joven como medida de precaución por si intentaba agredir a la mujer». Primera mueca de asombro tras sentir el dolor por el sufrimiento padecido por el animal y de apretar puños y dientes por la rabia y la impotencia, ¿se lo llevaron por si acáso atacaba a su novia?, ¿sólo por esa razón?; me parece muy prudente evitar que ella se convirtiese en la segunda víctima de ese criminal y más cuando ya he dicho que tal comportamiento es muy predecible en quien empieza matando animales, pero además de por precaución, ¿la detención no fue también por haber eviscerado a puñaladas a su perro?. No acaba ahí la cosa y según sigo leyendo la noticia mi perplejidad se convierte en una mezcla de repugnancia y cólera; resulta que el autor de tan cobarde crimen, después de pasar a disposición judicial y declarar que lo había hecho porque «oyó unas voces», fue dejado en libertad con cargos por maltrato a un animal.

De un psicópata, de un ser vengativo o de alguien con inclinaciones asesinas nada bueno puedo esperar y no me sorprende que dé rienda suelta a sus temibles instintos; pero de las Fuerzas de Seguridad del Estado y sobre todo, de aquellos encargados de impartir la Justicia, de velar por su cumplimiento y de proteger la integridad de los ciudadanos reteniendo a quien permanece a la espera de juicio pero se sabe con certeza que es el autor de un acto como este, exijo que cumplan su trabajo con la rapidez, eficacia y alcance suficiente como para por una parte, saber que mañana no me voy a cruzar por la calle con quien cuarenta y ocho horas antes ha destrozado a cuchilladas a un perro y por otra, tener la seguridad de que la Justicia se le va a aplicar de forma acorde al delito que ha cometido. Pero no es así, este asesino, porque para mí no tiene otro nombre y en el fondo me trae sin cuidado estar empleando con muy poco rigor el término, está tan tranquilo en su casa después de lo ocurrido, quizás ni haya limpiado la sangre de la habitación todavía, o puede que incluso haya vuelto a «escuchar voces» y en este momento esté abriendo en canal a un pastor alemán al que previamente haya atado con alambre a un árbol; puestos a imaginar no me cuesta pensar en él y temer que esté buscando una víctima humana porque ese Pepito Grillo siniestro que le acompaña le ha dicho que mejor que un perro, escoja a una anciana en esta ocasión.

Es intolerable, es ofensivo y revuelve las entrañas que un Juez haya dejado en libertad a ese sádico que tuvo la sangre fría de coger a su husky, inmovilizarlo con bolsas y coserlo a puñaladas hasta abrirle el vientre. El pasado domingo cometió tal salvajada y al día siguiente, el lunes, ya estaba en la calle como si nada hubiera pasado. Bueno, con cargos por maltrato animal y a la espera de juicio, más o menos como estar pendiente de que llegue a casa una multa por saltarse un ceda el paso, porque si nos guiamos por los casos precedentes, la condena que se le impondrá será una sanción económica de unos cuantos cientos de euros y con eso asunto arreglado.

No solo la reforma de la Ley en lo que a la protección de animales se refiere es una cuestión necesaria y urgente, sino que la falta de sensibilidad ante estos actos, el desprecio absoluto por el sufrimiento de perros, gatos o caballos por citar algunos, la nula importancia que para nuestros legisladores y jueces tiene su muerte provocada, la escasa conciencia de la peligrosidad que estas acciones, abominables de por si, denotan por parte de su autor y me atrevería a decir que una manifiesta negligencia en la labor judicial en muchas ocasiones, son cuestiones que no pueden admitir la menor indiferencia o tolerancia por parte de la Sociedad. Quien se sabe fehacientemente que ha matado a puñaladas a un perro es un criminal, debe de ser inmediatamente detenido ya simplemente por ese hecho, privado de libertad hasta que se celebre el juicio y una vez emitida la sentencia, tiene que cumplir una condena de cárcel y no limitarse a romper la hucha para sacar unas monedas con las que pagar una pequeña multa, o grande, lo mismo me da, el caso es que su crimen merece pena de prisión y no económica. Mientras sigamos permitiendo que tales aberraciones judiciales ocurran, ni la venda de la Justicia será lo suficientemente tupida ni los platillos permanecerán equilibrados, porque el respeto que una Sociedad debe también a sus animales es un deber no sólo moral y el Estado está obligado a garantizar su bienestar de modo efectivo y suficiente. Pero la Ley está escrita, interpretada e impartida por hombres, por eso y aunque nos la quieran vender como la mejor de las posibles, para mí sigue siendo el reflejo legal del tremendo desprecio que los seres humanos sentimos por los animales y de la bajeza que exhibimos no sólo por las continuas acciones de maltrato sobre los mismos, sino por las consecuencia nimias que tienen para sus autores. Del crimen son ellos los responsables, de que apenas nada les ocurra y que mañana lo repitan lo somos nosotros. Por apatía, cobardía, egoísmo y necedad de los legisladores. Por una indiferencia y un silencio inadmisibles de los ciudadanos.

Julio Ortega Fraile

www.findelmaltratoanimal.blogspot.com

www.larevolucionpendiente.blogspot.com

One thought on “Como apuñalar con saña a un perro y dormir en casa”
  1. Como apuñalar con saña a un perro y dormir en casa
    Deberia haber alguna manera de escribir comentarios asociados a varios articulos a la vez, mas alla del copiar y pegar que ocupa espacio en disco de forma redundante…

    Lo digo porque querria felicitaros, Grupo Tortuga, por la seleccion de articulos de hoy: Todos estan fuertemente relacionados en mi mente…

    Seleccion natural o creacionismo, maltrato animal, justicia humana imprefecta…

    Parece un mix poco relacionado, pero miren esta historia:

    Si uno observa la secuencia de imagenes del desarrollo de un feto humano en el tiempo, es como si estuviera viendo la secuencia completa de la historia de la evolucion de la especie, a lo largo de millones de años, pero comprimida en tan solo 9 meses.

    El tiempo es «fractal». Sus partes pequeñas muestran las mismas caracteristicas y formas que las grandes.

    ¿A que viene esto? Bueno, hay estudios sobre el hipotalamo humano comparado con el cerebro de los reptiles, y el parecido es tan asombroso que resulta imposible creer que es una simple coincidencia.

    De forma que todos tenemos nuestro «cerebro reptil»: Un tipo de cerebro diseñado solo para la supervivencia, a cualquier coste. Este cerebro no duda en usar la violencia mas sordida y salvaje para lograr sus fines. Y todos lo tenemos DENTRO.

    El caso es que la mayoria de nosotros, sobreimponemos a este «cerebro de reptil» (hipotalamo) nuestro «cerebro humano», que esta diseñado para cooperar, desarrollar tecnologia (principalmente agricultura y ganaderia) y GARANTIZAR la provision del alimento a medio y largo plazo, asi como buscar pareja y tratar de perpetuar la herencia genetica.

    Es un diseño totalmente distinto, y aunque los fines sean similares (la supervivencia), los metodos son totalmente diferentes.

    La mayoria de los humanos hacemos mas caso a nuestro cerebro humano que a nuestro cerebro reptil. De hecho casi nunca hacemos caso de este ultimo. Pero sigue estando dentro, latente, al acecho…

    Sin embargo, algunas personas no dudan en dejarse llevar por su cerebro reptil en determinadas condiciones. La mayoria auto-reprimimos estos instintos violentos y conseguimos que nunca lleguen a aflorar a la realidad, pero algunos necesitan represion externa para lograrlo.

    De forma que si aceptamos que todos los seres vivos (humanos principalmente, pero no de forma exclusiva) tienen derecho a vivir, tenemos que establecer algun mecanismo para ayudar a reprimir los instintos violentos en aquellas personas que no son capaces por si mismas de reprimirlos.

    Yo abogo por que esta represion externa se haga por medio de la prevencion (que todos conozcamos quienes sufren estos problemas mentales porque se publiquen sus datos en internet) y por medio de la terapia de grupo (que estos sujetos esten obligados a ir dos veces por semana al colegio, donde les expliquen un poco de ciencia, de «educacion para la ciudadania», de matematicas y de arte, musica y literatura).

    Si solo se quedan con la copla de «La ley del mas fuerte», porque su cerebro humano no les da para mas, estamos apañados…

    En la actualidad la supuesta solucion a esta necesaria represion externa de instintos salvajes, no solo se esta haciendo mal (se persigue y encarcela, o bien libera a esta gente, es decir, nos los quitamos de encima, con lo cual se agrava el problema), sino que me atrevo a afirmar que SE PROMUEVE por medio de la television, inundada de peliculas ultra-violentas, donde la figura del macho fuerte, violento y vengativo se eleva a la categoria de mito.

    Mirar para otro lado es como barrer debajo de la alfombra: Al final todo vuelve a salir, una y otra vez.

    Asi no vamos a ningun lado.

    internete
    1234567

    PD: Hace unos meses desaparecio mi gatita «Galaxia». Justo despues de que un vecino al que temo como una bala verde se acercara a casa «a saludarme».

    Cinco años antes, habia desaparecido mi gato «Meteorito», justo despues de que este «vecino» (por llamarlo de alguna manera) viniera a decirme que mi gato se metia en su parcela.

    Entonces fui a verle y me juro que «el no le habia hecho nada, que ya apareceria».

    La historia es sordida y larga y no quiero aburrir a nadie, solamente un detalle: En ambas ocasiones aparecieron 2 gatos (cada una de las dos veces) que no eran mios, aplastados, masacrados o atropellados (vaya usted a saber ciencia forense felina) en la entrada del pueblo a escasos metros uno de otro.

    No es casualidad. A veces aparece algun gato atropellado, pero dos el mismo dia, a escasos metros uno del otro, solo ha ocurrido dos veces que yo recuerde: Las dos veces que a mi me desaparecieron mis gatos.

    Este tipo ademas creo que esta cometiendo el error de ir por ahí jactandose de haber hecho LO QUE YO SE que ha hecho, y tarde o temprano le pondre una denuncia en el juzgado.

    He tenido que auto-reprimir mi instinto natural de ir a pegarle un hachazo en la cabeza. De hecho tengo cada dia que reprimir este instinto, que es fuerte, muy fuerte: LA SED DE VENGANZA.

    Escribir me ayuda. Tengo otros dos gatos (Churro y Trasto) y los tengo que tener encerrados en casa por si las moscas. Vivo secuestrado en mi propia casa, porque un cafre no es capaz de auto-reprimir su salvajismo.

    Tenemos que encontrar una forma de ayudar a este tipo de gente a reprimirse…

    Yo creo que no es tan dificil: Publicar sus historiales en la web (de hecho el tipo tiene una orden de alejamiento de su exmujer por supuesto maltrato), como medida de prevencion, y meterles en un curso de «adaptacion a la sociedad», empezando por el principio de los tiempos del conocimiento, sin prisa y a ritmo periodico…

    Reclamo justicia: Si el sistema judicial quiere mirar a otro lado, que por lo menos nos permita que publiquemos los datos de estos cafres, por el bien de todos e incluso por el bien de los cafres mismos.

    Con las limitaciones temporales que sean, con los limites de informacion de caracter personal que sean.

    Pero que el sistema judicial ponga de una vez en la balanza los derechos a la intimidad de estas personas en un plato, y las atrocidades que se sabe que cometen en el otro, a ver cual pesa mas.

    ¿Que sociedad queremos y finalmente tenemos?

    Aquella que toleramos…

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