
En el libro sobre la historia de las luchas sociales en Italia «La Horda de Oro», recuperan un manifiesto de un grupo de feministas italianas (colectivo feminista milanés de Vía Cherubini) que tercia con una perspectiva interesante -los subrayados son míos- (Crates)
Respecto al problema del aborto realizamos un trabajo político diferente:
El aborto libre y gratuito nos permitirá gastar menos dinero y nos librará
de sufrimientos físicos: por este motivo ninguna de nosotras está en
contra de una reforma sanitaria y jurídica de la prevención del embarazo
y su interrupción, pero entre esto y manifestarse a favor del aborto, junto a los hombres, hay una diferencia. Porque tales manifestaciones entran en contradicción con la práctica política y la conciencia que han expresado las mujeres en lucha durante estos años.
Para empezar decimos que para nosotras el aborto masivo en los hospitales no representa una conquista civilizatoria, porque es una respuesta violenta y mortífera al problema del embarazo y además culpabiliza todavía más al cuerpo de la mujer: es su cuerpo el que se equivoca porque engendra
niños que el capitalismo no puede mantener ni educar. Nos acercamos
a la obsesión americana: «Somos demasiados, no podemos respirar, no
podemos comer más, etc.». Y el problema a resolver se convierte en el control
de los nacimientos, en lugar de ser la transformación de la estructura
sexista y capitalista de la sociedad. No podemos ser cómplices de esta falsa
conciencia. El trabajo político debe estar orientado y la solución debe ser
buscada en la afirmación del cuerpo femenino que es una sexualidad distinta
de la concepción, de la capacidad de procreación, de la percepción de
la sexualidad interior, de nuestras cavidades: útero, ovarios, menstruaciones.
Esta relación con los recursos, con la naturaleza, con la producción y
reproducción de la especie tiene que estar fundada en la socialización en
lugar de intentar racionalizar y mantener la estructura familiar, la propiedad
privada, el despilfarro.
En cualquier caso, el aborto no es «motivo de vergüenza». La mayoría
de las mujeres que abortan en clandestinidad no sufren vergüenza
por hacerlo clandestinamente. Si existe vergüenza es por otros motivos y
por otras causas. Las mujeres que también disponen de todos los medios
y están capacitadas para acceder a la contracepción mecánica o química,
que tienen posibilidad de reflexionar y organizar su vida sexual (decisiones,
tiempos, modos, formas y pareja) reproducen el fenómeno de la concepción
y la mayoría de las veces del aborto; es decir, reproducen la negación y la afirmación
del embarazo que constituye la violencia que las mujeres asumen y
usan. Arcaísmo invencible de las mujeres —tal y como piensa el racionalismo
burgués— o seña vital de reflexión y de trabajo político para nosotras.
Surge aquí la contradicción entre sexualidad femenina y masculina, la realidad
del dominio masculino sobre la mujer; y se manifiesta el problema de lo
que el aborto implica para la mujer —a nivel consciente e inconsciente— en
su relación con la sexualidad, la maternidad y el hombre.
La clandestinidad del aborto es una vergüenza para los hombres, que
enviándonos a los hospitales a abortar legalmente tendrán la conciencia definitivamente
en paz. Se continuará como antes, e incluso mejor que antes,
haciendo el amor de forma que satisfaga las exigencias físicas, psicológicas y
mentales de los hombres Se mantiene la prohibición de situarnos en otra
sexualidad que no esté completamente orientada hacia la fecundación.
El cuerpo de la mujer, su sexualidad, su goce no exigen necesariamente
las maneras y formas de intimidad (coito) que luego la dejan embarazada.
Al contrario, nosotras preferimos: que nos dejen en paz (las estadísticas
relativas a la frigidez hablan claro) o buscar placer y alegría de otras maneras.
Por lo tanto y ante todo ¿qué tenemos que querer y buscar? Nuestro
propio bienestar, nuestro placer, nuestra alegría, ¿o el remedio (violento) a
los gustos y las preferencias de los otros, o sea de los hombres?
Existe una profunda división y una contradicción entre el hombre y la
mujer, entre la sexualidad masculina y nuestra sexualidad. Esta contradicción
no se resuelve eliminando el momento de lucha separada de las mujeres
(esto equivale a hacer valer otra vez los intereses de los hombres reafirmando
la subordinación de las mujeres). Podemos participar al lado de los
hombres en otras manifestaciones por la emancipación (servicios sociales,
derecho al trabajo) pero no en ésta del aborto en la que estalla, como ya
hemos aclarado, la contradicción entre sexualidad masculina y femenina.
En la que la violencia quirúrgica sobre el cuerpo de la mujer no es otra
cosa que la dramatización de la violencia sexual.
Reclamar el aborto libre y gratuito al lado de los hombres implica reconocer
en concreto la violencia que padecemos en estas relaciones de poder
respecto a la sexualidad masculina, pero haciéndonos cómplices y estando
de acuerdo a nivel político.
Además, los hombres se manifiestan hoy por el aborto libre y gratuito, en
lugar de poner en discusión su comportamiento sexual, su poder fecundador.
Nuestra práctica política no acepta que se fraccione y se desnaturalicen
nuestros intereses: queremos desde ahora mismo partir de la materialidad
del cuerpo, analizar la censura que se le ha aplicado y como ésta se ha vuelto
parte de nuestra psicología. Actuar para la recuperación de nuestro
cuerpo, por medio de un saber y unas prácticas distintas que partan de este
análisis materialista. Sin este análisis es ridículo hablar de «libre disposición
del cuerpo» y conseguir las reformas solo servirá para ahogar nuestra
lucha en lugar de desarrollarla.
Además, tampoco debemos reducir, privatizándolo en una dinámica de
«grupo político tradicional», el significado que para nuestras prácticas
adquiere el movimiento de las mujeres: todas las mujeres lo representan en
primera persona.
Páginas 508-510 de la edición de «Traficantes de sueño» -edición colgada en la web-. Por si vieráis de interés publicarlo, recordad que es material con licencia CC, etc.