Entrevista en Diario Público

Invitado para impartir dos conferencias en la Casa América, el mito de la última revolución armada en América Latina se encuentra a gusto en Madrid. Su imagen arrodillada ante un iracundo Juan Pablo II cuando era ministro de Cultura de Nicaragua dio la vuelta al mundo

GORKA CASTILLO – MADRID

Es el mito de la última revolución armada en América Latina. Su imagen arrodillada ante un iracundo Juan Pablo II cuando era ministro de Cultura de Nicaragua dio la vuelta al mundo. Entonces no se arredró, como tampoco lo hace ahora ante sus viejos compañeros sandinistas «de los que prefiero no hablar».

Sacerdote, político, poeta. Parece usted un superviviente del Renacimiento en la era del ciberespacio

Lo del Renacimiento es una exageración muy grande. Soy poeta que también he sido sacerdote, no político, pero sí revolucionario. Soy creyente en la utopía y creo que hoy esa utopía es posible.
«Ser humillado por el Papa en público no me generó ninguna tensión personal»

¿Es la utopía la que ha soldado sus tres vocaciones?

Pudiera ser. La utopía para mí es la mejora del mundo. Por eso creo que no es sólo posible, sino que también es necesario.

Dos de sus poemas más notables son Oración por Marilyn Monroe y Al perderte yo a ti. ¿Cómo nacieron esos versos de amor en un sacerdote?

Estaba estudiando para el sacerdocio en Colombia. Uno de los profesores de Teología nos dio la noticia de la muerte de Marilyn. Nos puso unos recortes de la revista Time en un panel y compuse una oración que no es otra cosa que un ataque al sistema del que ella fue víctima y nosotros también. Los otros versos son el resultado de un amor tremendo hacia una muchacha. Es un resumen de lo que yo estaba sintiendo por ella y que no fue correspondido.

¿El amor es utópico?

Sí claro. Es una utopía no siempre realizada. El amor realizado es más difícil que inspire.

Usted, al igual que Sergio Ramírez o Gioconda Belli, plasman en sus obras una decepción enorme por el desarrollo del sandinismo. ¿Siente una decepción intelectual?

La revolución sandinista fue, para mí, la más bella. Supuso una realización personal. Como dijo Gioconda Belli, «fue la plasmación de la ternura de los pueblos». Fueron diez años hermosos que se frustraron por la ingerencia exterior. Primero de Reagan y luego de Bush padre.

¿Qué ocurrió después?

Muchos de los principales dirigentes sandinistas perdieron la moral al ser derrotados en las urnas. Se corrompieron. Yo renuncié, no al sandinismo, sino al partido, que ahora está gobernando nuevamente, pero renunciando a aquella revolución.

Usted abandonó el FSLN en 1994, en protesta contra la dirección autoritaria de Daniel Ortega. ¿Tanto puede cambiar el hombre?

Mucho. Nicaragua es hoy una dictadura familiar de Daniel Ortega, su esposa y sus hijos. No puedo explayarme más en esto porque no tengo libertad para hablar en el extranjero. Estoy perseguido. Tengo una condena de cárcel, las cuentas bancarias congeladas y el correo electrónico intervenido. Lo último que hicieron fue quitarme el ordenador personal. Permítame, no quiero seguir hablando de esto.

¿Está la izquierda tan adoctrinada que devora a sus hijos?

Yo no diría eso. Esa visión generalista no la comparto. En el caso de Nicaragua se trata de un grupo de individuos que se corrompieron.

¿Qué queda de aquel religioso que en 1983 aguantó de rodillas la amonestación pública del Papa Juan Pablo II por apóstata y revolucionario?

Soy el mismo que se enfrentó y que fue humillado por el Papa. Aquel encuentro no supuso tensión para mí. Estaba advertido por el nuncio de que Juan Pablo II podía recriminarme mi compromiso revolucionario. Su deseo era que no acudiera a recibirle al aeropuerto, pero el Gobierno me pidió que lo hiciera. Luego supe que el Papa se arrepintió de aquello.

¿Que le parece el actual pontífice, Benedicto XVI?
Fue el promotor de la política de Juan Pablo II y su principal consejero. Sin embargo creo que es aún peor. Aquel hizo retroceder a la Iglesia varios siglos. Ratzinger mantiene ese retraso y lo ha ampliado al anular todo el Concilio que hubo.

América Latina está en un proceso profundo de transformación. ¿Cuál es su opinión sobre estos cambios y sobre presidentes como Correa, Chávez o Evo Morales?

Es una segunda oportunidad de libertad para América Latina. Empezando por la revolución cubana y acabando con la revolución bolivariana, un nombre bien escogido por el presidente Chávez puesto que Bolívar fue el primer soñador de una Latinoamérica unida en contraposición al norte. Que haya un presidente indio como Evo en Bolivia es otro milagro inesperado. Como un obispo en Paraguay o un negro en la Casa Blanca.


El capitalismo está crucificado por la codicia y el marxismo, ¿es una especie de Lázaro que regresa de entre los muertos?

Yo así lo creo. Chesterton dijo que el cristianismo no había fracasado porque no se intentó aplicar nunca. Es cierto. Eso mismo es aplicable al marxismo. Todo lo contrario podemos decir del capitalismo cuyo fracaso emana de su aplicación. El socialismo democrático y humanista es la única solución que yo encuentro para solucionar los problemas esenciales del hombre.

¿Acaso el dinero es enemigo de las ideas?

El dinero se apropia de todo y lo descompone todo. La avaricia, la usura que decía el poeta estadounidense Ezra Pound, lo destruye todo.

La Iglesia habla de los niños y de la libertad educativa y un millón de niños en Nicaragua siguen sin saber leer, ¿Qué es más falso, la política o la religión?

Debe controlar los términos. No puede hablarse de la Iglesia sino del Vaticano. El Papa Pío XII, que no era sospechoso de ser revolucionario sino más bien todo lo contrario, dijo que la Iglesia son los seglares. Pero para la jerarquía vaticana, en España o en Nicaragua, todo eso es papel mojado. Ellos están con la oligarquía, mientras los seglares trabajan con los pobres. Es obvio que hay dos iglesias: una es la que está con los explotados. La otra prefiere a los explotadores. Pero sólo una sigue la palabra deCristo, la que está con los pobres.
Es decir, en su opinión, la jerarquía eclesiástica está prostituida.
Monseñor Iván Ilich dijo en una ocasión que los cristianos somos unos hijos de puta porque somos hijos de una virgen que también era prostituta. Jesucristo usó esta palabra. El evangelio está escrito en griego y utiliza puta. La jerarquía de la Iglesia se acuesta con cualquiera.

¿Cómo dice?

Sí. El Vaticano se acuesta con la CIA. No es una reflexión mía, sino de una publicación católica de EEUU. Cuando Juan Pablo llegó a Managua lo pusieron en primera página.

Ha recibido la Orden de José Martí, ¿qué piensa de Cuba?

Soy un admirador de la revolución cubana. Grandes países han sido sumisos a los EEUU pero la chiquita Cuba aguantó. Ahora han surgido nuevos estados que se han rebelado como Venezuela, Ecuador, Bolivia. EEUU no puede darnos lecciones de democracia con gulags particulares en territorio cubano como Guantánamo, donde se tortura.

¿Quién es Ernesto Cardenal?

No lo sé. Soy lo que soy ante Dios y no lo que soy ante los hombres; ni siquiera ante uno mismo.



Entrevista en Diario El Mundo

Entrevista con el poeta y sacerdote nicaragüense Ernesto Cardenal


«Mi fe es en Dios y Marx es el vehículo de ese método científico y sociológico para cambiar el mundo, pero con Dios como meta»

Antonio Lucas

El Mundo

Fue el rostro del sandinismo de Nicaragua. Un jesuita ‘tachado’ por el Vaticano. A los 84 años cree en la poesía y en la revolución, claro.

El pelo largo y blanco le alcanza el hombro al gran poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, al religioso, al revolucionario, a aquel que Juan Pablo II amonestó a pie de escalerilla al bajar del avión en su primer viaje a Managua: «Tiene que regularizar su situación», le aseveró el Papa. Cardenal era entonces ministro de Cultura del gobierno sandinista.
De aquéllo, de todo aquéllo han pasado muchos años. El líder del sandinismo, Daniel Ortega, traicionó la vieja causa en la que Cardenal empeñó su entusiasmo y su fe. Hoy por dentro le corre un daño, el de la traición: «Me tienen congelada la cuenta bancaria, intervenido el correo electrónico. Me sustrajeron el ordenador… Cada día se me hace la vida más difícil. El miedo me acompaña, pero ya dijo Montesquieu que se necesita valor para tener miedo», afirma. Hoy leerá sus poemas en Casa de América, su anfitriona en este viaje. Anoche lo hizo en el Colegio Mayor Chaminade y el próximo lunes en la librería Rafael Alberti de Madrid. La suya es una palabra sabia, extraña, con rumor de utopías.

Pregunta.- Su vida ha sido una sucesión de compromisos… ¿Y de decepciones?

Respuesta.- La única decepción que reconozco fue la pérdida de la revolución de Nicaragua. No he tenido otra igual.

P.- ¿Se arrepiente de haber apoyado el sandinismo viendo en qué ha terminado?

R.- De ninguna manera, para mí fue una aventura muy bella. Pero renuncié al partido sandinista cuando éste traicionó nuestra revolución…

P.- ¿Pertenece a una generación derrotada?

R.- Le contesto con una frase de un obispo español en Brasil, Pedro Casáldiga, que dice: «Somos soldados derrotados de una causa invencible». Nuestra causa es también la de Cristo y la de los profetas. Por eso, en el fracaso de la revolución está la mayor frustración de mi vida. La única.

P.- El tiempo demuestra que las rebeliones sociales terminan traicionadas por una revolución.

R.- La de Nicaragua lo fue, pero no así la de Cuba. Y Ahora que hablamos de esto, recuerdo que una de mis visitas a España coincidía con otra de Fidel Castro aquí. Entonces, un periodista me preguntó sobre él y le dije que Fidel no estaba realizando el reino de Dios en la Tierra, pero que podía estar acercándolo. El muchacho alteró aquella idea, pero creo que a Fidel no le disgustó (risas).

P.- Pero usted sí que ha dicho que las revoluciones acercan al reino de Dios, ¿no?

R.- Cómo no. Hay teólogos actuales que dicen que cuando Jesús utilizó la expresión de «reino de Dios», aquello significaba lo mismo que para nosotros quiere decir hoy la palabra revolución. Era algo igualmente subversivo que lo llevó a la muerte.

P.- ¿Sigue profesando amor eterno a Dios y a Marx?

R.- Bueno, son cosas distintas. Mi fe es en Dios y Marx es el vehículo de ese método científico y sociológico para cambiar el mundo, pero con Dios como meta. A través de los dos entiendo que es posible alcanzar un mundo de justicia, fraternidad y amor. Marx nos presenta una herramienta ideológica para lograr la sociedad comunista perfecta, sin clases. En ese sentido, ambos están muy cerca. Marx está en la misma línea de los grandes profetas bíblicos.

P.- ¿En qué momento descubre su vocación revolucionaria?

R.- Fue tras mi primer viaje a Cuba, en 1970. Fui invitado a formar parte del jurado del Premio Casa de las Américas. Y reconozco que llegué con el cerebro envenenado por influencia de lo que leía en la revista Time y otras publicaciones del capitalismo.Allí encontré una sociedad evangélica, como la que pretende realizar Cristo en los Evangelios. No había clases sociales. La igualdad era posible. No había prostitución. Ni droga. Nadie dormía bajo un árbol… No había abundancia, pero sobre todo no había miseria.Para mí era una sociedad tan perfecta como la monástica, que era de donde yo había salido por problemas de salud. Después de mi conversión religiosa, ésta fue la otra gran conversión de mi vida: a la revolución.

P.- ¿Entiende la poesía como instrumento revolucionario?

R.- Claro. Todo arte es revolucionario aun cuando no trate de asuntos sociales. Como la poesía de los grandes profetas de la Biblia: Isaías, Jeremías, etcétera. Todos ellos denunciaban la injusticia y anunciaban un sistema nuevo. La poesía es un mensaje de denuncia y de amor. Esta fue mi vocación natural. La primera, porque la religiosa fue tardía. Vino después de los 30 años.Y a la revolución llegué aún más tarde.

P.- ¿Se arrepiente de algo?

R.- De no haber tenido estas conversiones antes. Como San Agustín cuando le dijo a Dios: «Belleza antigua y siempre nueva, tarde reconocida».

P.- ¿Ni siquiera de su paso por la política como ministro de Cultura de Nicaragua?

R.- Es que yo nunca fui político. Yo sólo soy contemplativo, poeta y revolucionario.

P.- ¿Así le gustaría ser recordado?

R.- Preferiría no serlo. Se me podría recordar mal. Y si lo hacen bien, también sería falsamente por las cosas que no hice pero creí que hice.

P.- ¿De qué le salvó la poesía?

R.- De la desesperanza. Es, al mismo tiempo, el lugar de mi protesta y de mi celebración.

2 thoughts on “Ernesto Cardenal: «La jerarquía de la Iglesia se acuesta con cualquiera»”
  1. Ernesto Cardenal: «La jerarquía de la Iglesia se acuesta con cualquiera»
    Excelente entrevista, sobre todo la primera. En la segunda la mediocridad del periodista apenas deja entrever la calidad absolutamente excepcional e irrepetible del entrevistado.

  2. Ernesto Cardenal: «La jerarquía de la Iglesia se acuesta con cualquiera»

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