
La izquierda de este país tiene muchos super-poderes, como Spiderman o los Watchmen, pero no sé si es consciente… si me dejo alguno, por favor, déjenlos en los comentarios. Gracias.
El poder del átomo: o atomización. No hay que subestimar jamás la infinita capacidad de la izquierda en dividirse y dividirse, hasta llegar incluso a nivel atómico, sobre todo cuando la organización adopta la forma-partido. Es sabido que en cada escisión que aparece adopta siempre un nombre más «amplio» y rimbombante que la anterior: de un Partido se pasa a una Liga, de ésta a una Unión, de éste a un Movimiento, de éste a un Frente Amplio… y así. No hay casos clínicos contrastados en los que un activista, aquejado de doble personalidad, tenga diferentes opciones políticas según cual sea la personalidad predominante en ese momento, pero no sería raro.
Encriptación de la lengua escrita: o género y arrobas. Una grata herencia del movimiento feminista, que es la conseguir hacer que incluso textos de lo más simple -en sus planteamientos y en su redacción- queden absolutamente incomprensibles para otros colectivos, la policía, y ya de paso, para el resto de los mortales. Por ejemplo, algo como «los compañeros represaliados cuentan con la solidaridad de todos, y seguiremos denunciando la actitud fascista de los patrones» queda como «l@s compañer@s represaliad@s cuentan con la solidaridad de tod@s y seguiremos denunciando la actitud fascista de l@s patron@s». Todo muy clarito, y políticamente correcto. Otra opción más «insurreccional» es cambiar las @ por X, ya que lo de as/os ya no se lleva, vaya usted a saber por qué.
Combinatoria conceptual avanzada: o empanada metal. Simplemente con unos pocos conceptos y/o palabras fetiche, activistas de izquierda pueden generar ingentes discursos que plasmar en mítines, panfletos, revistas, libros… Son las antiguas ideas-fuerza de las que hablaban los marxistas, pero que ahora pueden travestirse de memes o sandeces similares. Desde la «izquierda autónoma» italiana y sus embajadas políticas (Lavapiés, por ejemplo), han hecho correr rios de tinta combinando de manera magistral unos pocos «conceptos»: imperio, multitud, biopolítica, mitopoiesis, migrante, precariado, flexicuridad, devenir [algo] y… ¡¡¡a correr!!! Ni siquiera hace falta leerse la solapa de Das Kapital, están ustedes avisados.
Imaginación performativa: o don de la ubicuidad física e intelectual. Muy ligado al super-poder anterior, evidente. Los activistas nunca reconocen que no estuvieron en la manifestación X, en la okupación Y o que no han leído el libro Z, y debido a ello han desarrollado una habilidad asombrosa, la imaginación performativa. Se basa en los mismos presupuestos con los que trabajan las adivinadoras de Tarot y Rappel: con la mínima información sobre el evento y/o libro que no se conoce que nos proporciona nuestro interlocutor, vamos hilando una serie de lugares comunes imprecisos y auto-consistentes, para dar la impresión de que, efectivamente, sabemos de lo que estamos hablando. Este super-poder se dispara gracias al uso de muletillas como «bufffff, espera, es que son tantas manis que no me acuerdo si estuve…», «no recuerdo si en esa okupación entré o estaba fuyera apoyando, la verdad», o bien «si, si que lo leí… pero hace tanto tiempo…» etc etc
Blindaje emocional: o la vida en la asamblea contínua. Es bien sabido que los activistas renuncian a tener cualquier tipo de vida personal, fuera de las asambleas y reuniones que hay a lo largo de toda la semana, mes y año (nada de ver a los reformistas de amigos, familia, pareja… ¿para qué?,) gracias a su fenomenal blindaje emocional. Este super-poder a veces muta, y presenta un nuevo fenotipo, el de los activistas que sólo son capaces de relacionarse y tener sexo con otros activistas, preferiblemente de la misma organización y asamblea. Cuando se practica sexo con activistas de otros colectivos y/o con la pareja de algún «compañero», empiezan a manifestarse y a ser predominantes los super-poderes de atomización, de los que hablamos más arriba.