Diagonal


REPORTAJE // LAS PARAFILIAS O VARIANTES SEXUALES

Miguel López Rubio, Madrid

Aunque criticados, los dos manuales psiquiátricos de referencia mantienen listas de comportamientos sexuales anormales. Quizá no lo sepa, pero su conducta sexual puede ser considerada un trastorno mental.

OLAF

Salirse de la norma en cuestiones sexuales siempre ha sido una actividad de riesgo: es o ha sido pecado, crimen civil y, casi siempre, una enfermedad mental. Todas las sociedades han tratado de controlar la conducta sexual de sus miembros y, para ello, nada mejor que hacer una lista con los intereses sexuales censurables y dictaminar que su práctica puede acabar en trastorno mental. Listas de perversiones o, en su versión actual, listas de parafilias. No se trata de algo del pasado, de cuando la masturbación provocaba acné o pelos en la palma de la mano. Los dos manuales de referencia en desórdenes mentales que publican la Asociación Americana de Psicología (APA, en su acrónimo inglés) y la Organización Mundial de la Salud, mantienen un apartado dedicado a las parafilias con una lista de prácticas específicas. Entre ellas, fetichismo, exhibicionismo, vouyerismo o sadomasoquismo. En pleno proceso de revisión de ambos textos, diversos autores y colectivos cuestionan que una parafilia, por sí sola, pueda considerarse una enfermedad mental y reclaman la eliminación de la categoría. El término fue acuñado por el psicólogo austriaco Wilhelm Stekel en los años ‘20 para desterrar el despectivo ‘perversión’. A pesar de sus esfuerzos, parafilia también tiene connotaciones negativas. Tal es así que, como explica a DIAGONAL Norma Román, de la Fundación Sexpol, “los sexólogos preferimos llamarlas variantes sexuales”.

Desde 1980, las parafilias se abordan en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM, en su acrónimo inglés) de la APA, quizá el sistema de diagnóstico más asumido por los profesionales. En la actualidad, las define como fantasías, deseos o comportamientos sexuales que, de forma creciente, intensa y recurrente, incluyen objetos inanimados, el sufrimiento o humillación del compañero sexual, niños u otras personas sin consentimiento. Son patológicas si el sentimiento se prolonga por espacio superior a seis meses o si causa angustia o disfunción social.

A la definición, cuestionada por la vaguedad de algunos de sus conceptos, le sigue la mencionada lista con ocho conductas específicas y una novena categoría cajón de sastre donde recogen otros comportamientos que van desde el sexo telefónico a la zoofilia. Los médicos norteamericanos Charles Moser y Peggy Kleinplatz, críticos con el listado, defendieron la retirada de todo el apartado de parafilias en la conferencia de la APA de 2003. Ambos explicaron que de las listas se puede pasar a los hechos: “Los diagnósticos psiquiátricos afectan a las decisiones sobre la custodia de los niños, la autoestima, contratos… Los criminales pueden ver sus sentencias mitigadas o aumentadas”.
Los doctores recuerdan que “una conducta por sí misma no es prueba de una psicopatología”. Baste un ejemplo: el lavado compulsivo de las manos puede ser un síntoma de un trastorno obsesivo-compulsivo, pero no existe un trastorno de lavarse las manos.

La sexóloga Norma Román cita al respecto el libro de José Antonio Nieto Cultura y sociedad en las prácticas sexuales, donde el autor considera que cualquier actividad sexual que se realice en privado, entre adultos y sin que medie ningún tipo de imposición es un asunto que concierne sólo a quienes lo llevan a cabo. “Si desaparecieran de los códigos sexuales los comportamientos excepcionales o anormales, se crearía una pluralidad sexual en la que habría tantas variantes sexuales como individuos”, añade.

Listar las conductas censuradas puede derivar en discriminación. El caso más citado es el de la homosexualidad. Oficialmente trastorno mental, según la APA, hasta 1974. Tras varios años de protestas de colectivos gays en las conferencias anuales de la asociación y el apoyo de diversos estudios, desapareció de la lista. El hecho animó a algunos a pensar que otras conductas, como el sadomasoquismo, serían eliminadas después. No ha sido así. Al respecto, muchos sostienen que la supresión de la homosexualidad fue un acto fundamentalmente político.

Si así fuera, éste sería un buen momento para la reivindicación. Para Moser y Kleinplatz, la situación de las parafilias en este momento es paralela a la de la homosexualidad en los primeros años de los ‘70. Puede que tengan razón, basta leer los periódicos: hace un año la carrera de Max Mosley, presidente de la Federación Internacional de Automovilismo, con varios escándalos sobre su gestión en la Federación, parecía acabada tras la publicación de un vídeo sobre su participación en una orgía sadomasoquista calificada de nazi. Mosley, de padres nazis, admitió que practica esta parafilia desde hace más de 40 años, pero que no compartía el nazismo de sus predecesores, y demandó al periódico que sacó la noticia. Un año y una victoria judicial después, afirma en la revista alemana Der Spiegel que su imagen pública es más fuerte que antes. De hecho, el Parlamento inglés ha requerido su testimonio para debatir la regulación de la privacidad en el país.

“Los apetitos sexuales neuróticos se desencadenan por necesidades no eróticas en su mayoría”, dice Judd Marmor, la psiquiatra que consiguió que la homosexualidad desapareciera del DSM.

LISTAS DE PARAFILIAS

La lista más famosa de parafilias, la que ofrece el manual de la Asociación Americana de Psiquiatría, mete en el mismo saco la pedofilia, el sadismo y el masoquismo, el voyeurismo, el exhibicionismo, el travestismo, el fetichismo por objetos o partes del cuerpo y el froterismo, la necesidad de rozarse contra una persona sin su consentimiento. El texto añade una categoría cajón de sastre donde cita otras conductas como la telefonofilia (llamadas sexuales obscenas), la necrofilia, la zoofilia o la klismaphilia, la pasión por los enemas. Pero las listas de parafilias pueden ser interminables y rayar el absurdo.
¿Se excita cuando baila pegado con su pareja? Hágaselo mirar, puede padecer choreofilia. ¿Le gusta que le hablen en el coito? Lo suyo es coitolalia. Si le provoca la forma de fumar de alguien, tiene capnolagnia.
O bien haga repaso de su lista de amantes, quizá descubra que son todos altos y que, en realidad padece acrofilia.

2 thoughts on “Parafilias: tal vez tiene ud. un transtorno sexual y no lo sabe”
  1. Parafilias: tal vez tiene ud. un transtorno sexual y no lo sabe
    el problema es cuando la parafilia por ejemplo exhibicionismo requiere de personas que no tienen que ser molestadas y eso suele pasar casi siempre porque si no hay riesgo no hay placer y como fastidia a otras personas acaba siendo un problema y muy gordo y no te digo nada si encima te hacen famoso porque eso entonces desencadena una ezquizofrenia aunque no lo seas…

  2. Parafilias: tal vez tiene ud. un transtorno sexual y no lo sabe
    Tengo un montón de parafilias y estoy re feliz por eso¡¡ jaja lo disfruto al máximo

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