
CANARIAS 14/02/2005
Ben Magec-Ecologistas en Acción se congratula del informe que ha sacado a la luz el Consejo Económico y Social, donde insta a un debate sobre el creciente deterioro de nuestro litoral.
En su memoria correspondiente a 2003 el CES analiza el tratamiento del territorio en Gran Canaria por parte del planeamiento insular, sobre lo que considera que el medio rural «no escapa al proceso de presión urbanística, y en las medianías y la franja costera del noroeste y sureste los núcleos de población entran en competencia con la agricultura».
Advierte de que no se hace frente al progresivo abandono de áreas agrícolas que puede derivar en un mayor consumo de suelo para uso urbano, y critica la concentración del planeamiento hacia la mitad oriental de la isla, lo que discute el concepto de equilibrio.
En lo que se refiere a los planes municipales, el CES detecta un claro predominio del uso residencial, excepto en el sur y en el corredor industrial de Telde, y señala el desequilibrio en la estricta necesidad de la superficie de nuevo suelo urbanizable respecto a la potencial demanda demográfica y económica.
Esto contribuye a aumentar el deterioro del paisaje costero de la isla, apunta el CES, que advierte de que este proceso es más acentuado en zonas ya muy urbanizadas, como Telde, Vecindario y Arucas y, en menor medida, en el noroeste grancanario.
Respecto a las zonas turísticas, con una gran ocupación del espacio poco respetuosa con el medio, el planeamiento insular intenta mejorar la situación y apuesta por la creación de un modelo turístico de mayor calidad, lo que considera una propuesta válida.
Sin embargo, esta estrategia aboga claramente por la expansión territorial del fenómeno turístico al asumir el suelo previsto por el planeamiento municipal, lo que significa duplicar la oferta existente.
Según el CES, ello supone sobredimensionar un espacio afectado de importantes problemas estructurales que no son fáciles de solucionar, sin olvidar que las posibles situaciones coyunturales desfavorables podrían dar lugar a una sobreoferta de tejido edificado y suelo para urbanizar.
La protección que se propone para la franja interior de la isla permite potenciar esa parte del territorio como patrimonio natural e incidir en su conservación, aunque en algunos ámbitos restringe posibles usos agropecuarios, con lo que se dificulta la idea de equilibrio basada en el mantenimiento y modernización de las actividades primarias.
Por ello el CES sostiene que el equilibrio territorial debe basarse en la preservación de los espacios menos ocupados y con mayor valor paisajístico frente al proceso de consolidación y cohesión de las actuales zonas urbanas.