Las experiencias de tipo autogestionario desarrolladas por el movimiento anarcosindicalista español desde comienzos de siglo hasta 1939, son sin duda de las más importantes a nivel mundial. También en el campo educativo se produce un movimiento de características radicales, que elabora una alternativa a la escuela burguesa, a pesar de las dificultades y limitaciones que padece y que son la causa de su provisionalidad y pobreza material. La inquietud pedagógica se refleja también en la prensa obrera, lugar de debate de las diversas tendencias en el movimiento libertario.

A pesar de los frecuentes ataques y tergiversaciones efectuados por los historiadores -«oficiales» o «de oposición»- con respecto al papel desempeñado por el movimiento obrero de carácter anarquista en la historia española, hoy en día está comúnmente reconocido el énfasis puesto -tanto por la organización en conjunto como por sus intelectuales- en el tema educativo. Es totalmente lógico que una ideología que se marca como objetivo principal la revolución social (no meramente económica), y que utiliza como medios de lucha la autogestión -el control y dirección M proceso productivo y cultural por los implicados en el mismo y la acción directa- es decir, la que soluciona los conflictos surgidos por los propios interesados, sin mediación de terceras instancias, haga hincapié en la necesidad de transformar la conciencia de esclavos de los trabajadores en conciencia de hombres libres como requisito necesario para lograr la deseada transformación revolucionaria.

En frase de Abad de Santillán: «Un pueblo inculto jamás podrá ser libre. Las revoluciones fracasan por la carencia de madurez cultural de los pueblos». Esta afirmación recoge el sentir general de la CNT aunque existan diferencias a la hora de traducir tales planteamientos en hechos concretos. La historia M movimiento anarquista, a nivel general, y la de la CNT, en concreto, está plagada de proyectos educativos, la mayor parte de ellos, justo es reconocerlo, efímeros, de planteamientos pedagógicos subyacentes a las declaraciones revolucionarias, y de bellas utopías de tipo pedagogista.

En el presente trabajo voy a centrarme, por razones de espacio y metodológicas, en el análisis de los principios educativos y las realizaciones concretas llevadas a cabo por el núcleo ideológico que se agrupa en torno a CNT (o bajo sus siglas), en el período que transcurre desde su fundación (1910) hasta el final de la guerra civil y de las ilusiones revolucionarias (1939).

Primeras experiencias

En el campo libertario se dan, ya desde el último tercio del siglo XIX, algunas experiencias educativas, como la del orfelinato de Cempuis, dirigido por Paul Robin, la escuela de La Ruche, dirigida por Sebastián Faure, o la Yasnaia Poliana de León Tolstoi (1), verdaderos modelos de las concepciones educativas de los medios ácratas. A esto habría que añadir todos aquellos escritos de los grandes pensadores anarquistas de la época, desde Proudhon hasta Kropotkin, pasando por Bakunin, Godwin y tantos otros, que enuncian, de forma explícita o tácita, los principios en que se basan tales realizaciones (y otras de menor importancia que coexisten con ellas).

Como botón de muestra de tales afirmaciones baste con señalar el 2.1 punto del programa (confeccionado por Bakunin) de la Alianza Democrática Socialista que funcionó en el seno de la 1.ª Internacional: «Quiere para todos los niños de ambos sexos, desde que nazcan, la igualdad en los medios de desarrollo, es decir, de alimentación, de instrucción y de educación en todos los grados de la ciencia, convencidos de que esto dará por resultado que la igualdad solamente económica y social en principio llegará a ser también intelectual, haciendo desaparecer todas las desigualdades ficticias, productos históricos de una organización tan falsa como inicua». Es lógico que este ambiente que se respiraba en los medios libertarios influyera sobre los internacionalistas españoles, bakuninistas en su mayoría, y que hiciese brotar inquietudes por los problemas educativos en el seno del naciente movimiento obrero español.

Escuelas laicas

Por otra parte, y en un contexto diferente, surgen en la península las primeras escuelas laicas, impulsadas fundamentalmente por la burguesía librepensadora y por las capas más cultas de la clase obrera. Nacen imbuidas de un espíritu racionalista, anticlerical y positivista, tres calificativos que definen de forma bastante acertada su programa de enseñanza. Por ello mismo, nacen enfrentadas a la iglesia española, fuertemente conservadora y ligada al poder estatal, en quien encontrarán su principal oponente. En dichas escuelas confluyen personas de ideologías muy diferentes tales como lerrouxistas, republicanos, libertarios, masones, y librepensadores en general. Paralelamente, surge un amplio movimiento cultural centrado en los Ateneos Obreros, Casas del Pueblo, Centros de Fraternidad Republicana, etc: que proliferan por la geografía española y que se preocupan de ampliar las inquietudes educativas de los adultos, desarrollando una interesante labor de lo que llamaríamos, en términos actuales, concientización y culturización.

La escuela moderna

Estas dos grandes líneas teóricas y prácticas confluyen en la primera experiencia educativa libertaria en España, que es la Escuela Moderna de Ferrer Guardia, que funciona en Barcelona de 1901 a 1906. Mucho se ha escrito en torno suyo (2), por lo que quiero evitar la repetición. Pero es justo señalar el carácter radical de la experiencia, tristemente cortada, que se puede considerar como una de las pocas alternativas globales educativas dadas en este país por la izquierda revolucionaria (de acuerdo con la valoración de Pere Solá).

Ferrer aúna la pedagogía racionalista de influencia librepensadora y los afanes educativos del movimiento anarquista europeo en una síntesis difícilmente superable para sus seguidores. Es quizás éste el motivo de que se convierta en un mito de colosales dimensiones -tanto más notables por cuajar en un medio que se dice a sí mismo antidogmático y antiautoritario-. Aún treinta años después de su muerte se le considera como El maestro indiscutible por parte de muchos pedagogos racionalistas y militantes anarquistas. Aunque estas consideraciones nos desfiguren su memoria, hay que reconocer en él al indicador del camino a seguir por los educadores libertarios que le sucedieron.
Escuelas en los Sindicatos de C.N.T.

La CNT se funda en el congreso celebrado en el salón de Bellas Artes, en Barcelona, entre los días 30 de octubre y 1 de noviembre de 1910 (3). Entre los temas tratados en el mismo figura el de la necesidad de crear escuelas dentro de los sindicatos (Terna 10.0, incluido en la 2.1 ponencia). En esto dififiere claramente la mayor parte de las organizaciones de carácter marxista que preconizan en vez de la creación de instituciones culturales específicas del movimiento obrero, la conquísta y transformación de las existentes en la sociedad burguesa.

Tras esta diferencia de tácticas se esconden concepciones revolucionarias distintas. En efecto, si bien es claro que la CNT no ha sido nunca una organización específicamente anarquista, no puede negarse la gran influencia -preponderante en toda su historia-, que han tenido en ella las ideas libertarías. De acuerdo con éstas, el objetivo fundamental de la acción revolucionaria es el de acceder a un nuevo modo de organización social que destierre las relaciones de autoridades y sumisión entre los hombres y que haga innecesario el Estado, que será así abolido.

La escuela burguesa, pieza fundamental para el afianzamiento del aparato estatal, es rechazada de plano. Por el contrario otras tendencias ideológicas al confiar en la transformación revolucionaria mediante la ocupación del Estado por el proletariado -quien se supone lo utilizará para afianzar su predominio-, aspiran a controlar y manejar para sus propios fines tan preciado medio de control social y de adoctrinamiento.

Para los hombres de la CNT, la enseñanza impartida en sus escuelas debe estar inspirada «en la divulgación racional de los conocimientos científicos y en la aplicación de la enseñanza técnico-profesional, para hacer de los alumnos obreros a la vez que hombres despojados de todos los prejuicios y defensores de sus derechos, trabajadores aptos para conquistar dignamente en la actual sociedad el salario preciso a satisfacer sus más parentorias necesidades.

Represión gubernamental

De acuerdo con el dictamen de la ponencia aprobado por el Congreso, se crean Comisiones pro-Escuela en gran parte de los Sindicatos adheridos a la recién estrenada CNT (si bien ya anteriormente habían experimentado tal necesidad y creado sus propias comisiones que cuajaron, en ciertos casos, en proyectos concretos). Sin embargo, las condiciones no son sencillas ni favorables: faltan recursos económicos para mantener una enseñanza que resulte accesible a los hijos de obreros, hay pocos maestros que participen de tal proyecto educativo, el gobierno comienza la represión de los sindicatos casi desde el mismo momento de su fundación, los índices de analfabetismo continuan siendo elevados… De hecho, tras el cierre de las escuelas laicas a raíz de los acontecimientos de la Semana Trágica -y si bien el 3 de febrero de 1910 se levanta la orden de clausura que pesa sobre todas ellas- la mayoría de las escuelas de tipo «ferrerista» encuentran muchas dificultades, ya de orden interno, Ya externo, para mantener un funcionamiento normal. Hasta los años 1914-16 las escuelas laicas abiertas en España (abundantes, por cierto) son más bien las de la oposición moderada que las de orientación anarquista.

Federaciones de centros de cultura

A partir de 1917, el panorama parece que cambia. Por una parte, poseemos más datos que nos permitan hacernos una idea de la evolución de las escuelas racionalistas; por otra, los centros escolares libertarios se multiplican. En «Solidaridad Obrera» y otras publicaciones del movimiento se encuentran bastantes artículos que tratan el tema educativo, así como noticias de creación o evolución de dichas escuelas.

En 1917 y 1918, respectivamente, aparecen dos instituciones muy destacadas entre las de su género; son la Escuela Racionalista Luz (vinculada al Ateneo Racionalista de Sants) y la Escuela Obrera del Arte Fabril, La Constancia, popularmente conocida como La Farigola, que más adelante se convertiría en la famosa Escola Natura de Puig Elías. Ambas son modelos del tipo de educación que pretenden y practican los anarquistas.

En los años sucesivos, hasta 1923, hay una gran efervescencia de centros racionalistas. fundamentalmente en la región catalana. Es en este momento cuando surgen los primeros intentos de crear federaciones de centros de cultura, de forma que exista un apoyo mutuo y se elabore una alternativa global a la educación capitalista y burguesa.

ALEJANDRO TIANA


(1) Son estas tres experiencias piloto, adelantadas a su época en muchos aspectos y que dan idea del elevado nivel de preocupación pedagógica del movimiento anarquista en el siglo XIX. Quizás, si hay ocasión, vuelva más adelante sobre ellas. Se pueden encontrar referencias en el valioso libro de Tina Tomas¡: «ldeologie Libertarie e firmazione umana», de próxima aparición en Campo Abierto. Ediciones.

(2) Son de destacar el libro de Solá, Monés, Lázaro <,Ferrer Guardia y la Pedagogía Libertaria» (Ed. Icaria) y el capítulo 15 de «Los grandes socialistas y la educación» (M. Dommanget, Ed. Fragua), aparte de «La escuela Moderna» del propio Ferrer (Ed. Tusquets 0 ZYX). (3) La memoria del mismo, aparecida en «Solidaridad Obrera» de 4 noviembre 1910. ha sido recientemente publicada en Cuadernos de Anagrama. Fuente