
Mónica Puga, homeópata y psicoanalista.
A través de distintas culturas, religiones y sociedades, se ha ido desarrollando la anticoncepción desde tiempos primitivos. Los primeros escritos sobre el tema son chinos
y datan de 3.000 años antes de Cristo. Se trata de sustancias como la goma arábiga (extraída de raíces
de acacias), que al fermentar liberaban ácido láctico, con propiedades espermicidas. Los hindúes usaban
con la misma función la sal de roca intravaginalmente.
Después de la revolución industrial comienza la idea de regular la natalidad desde un punto de vista
colectivo y no de forma particular
como en la Antigüedad. El artilugio
de cubrir el glande del pene se
destina en un principio a evitar la
extensión de la sífilis galopante
que azotaba Europa. Sin embargo,
podemos considerar esta técnica
como el inicio de la anticoncepción
de los tiempos modernos.
A finales del siglo XIX en Alemania,
se describen los primeros
diafragmas. Por la misma época,
en Inglaterra, aparecen las primeras
sustancias espermicidas que
fueron perfeccionadas en los años
‘20. Surgen también en estos años
los primeros dispositivos intrauterinos;
pero no son aceptados hasta
los ‘60, tanto por la medicina como
por la población en general.
En 1959, se descubre la inhibición
de la ovulación a través de la administración
de una combinación de
hormonas sexuales femeninas sintéticas:
estrógenos y progesterona. Así
nace ‘la píldora’ que supone una revolución
científica y social, sobre todo
para las mujeres que en un principio
ven en ello una ganancia importante
en su lucha por la liberación.
En el Estado español, la anticoncepción
fue despenalizada por modificación
del código penal en
1978. Hasta ese momento, se equiparaba
la anticoncepción a las
prácticas abortivas.
Cosa de mujeres
Hablar de métodos anticonceptivos
es hablar de mujeres, ya que son ellas
las que acuden a nuestras consultas,
las que utilizan la mayoría de los métodos,
y ellas las que, prácticamente,
se responsabilizan del tema.
Para la medicina alopática u oficial
los mejores métodos son los hormonales
en cualquiera de sus formas:
píldora (diaria), anillo vaginal
(mensual), parches transdérmicos
(semanales) o implantes hormonales
intradérmicos (3 años); o bien el DIU
(dispositivo intrauterino), dado que,
según sus estadísticas, son los métodos
más efectivos.
Por el contrario, la experiencia en
nuestras consultas muestra que los
métodos no permanentes -en su mayoría
métodos barrera, preservativos
masculino y femenino, y diafragma
o capuchón cervical- son métodos,
por lo general, efectivos y seguros.
Los avances médico-científicos, no
obstante, en el tema de la anticoncepción
han estado ligados única y
exclusivamente a lo hormonal. Cada
vez tenemos ‘mejores’ combinaciones
para administrar hormonas. En
las sociedades avanzadas, al inicio
de la sexualidad activa, en la adolescencia
y juventud, se trata de dar hormonas
para provocar la anovulación.
Cuanto más alejado esté este hecho
cotidiano de la conciencia de la mujer,
mejor. El anillo vaginal y el implante
hormonal intradérmico, que
desconectará del tema a la mujer durante,
nada menos, que tres años,
tendrían, en teoría, menos toxicidad,
ya que, al no ser orales, se saltan la
barrera hepática. Habrá que comprobar
su toxicidad con el tiempo.
La anticoncepción hormonal administrada
de manera abusiva, durante
muchos años, con escasos o
nulos períodos de descanso, origina
serios trastornos una vez abandonada,
al restituir el ciclo femenino.
Muchas veces no se consigue volver
a ovular de forma natural. Comienzan
los trastornos de la fertilidad que,
agregados a la edad más avanzada
para la maternidad, ponen en contacto
a la mujer con las técnicas de
reproducción asistida, con el consiguiente
absoluto desborde en la administración
de hormonas para estimular
los ovarios y obtener óvulos
en un número que sobrepasa lo natural.
Hoy sabemos que para cualquiera
de las técnicas de reproducción
asistida, aunque la dificultad de
la pareja no tenga que ver con la mujer
sino con la producción espermática,
se estimulan los ovarios igualmente,
tanto sea para una inseminación
artificial o fecundación in vitro.
Años más tarde, aparece la terapia
hormonal sustitutiva, con lo
que, nuevamente, se ‘hormonaliza’
a la mujer, esta vez en la etapa menopáusica,
para apaciguar la sintomatología
hasta nueva orden. Por
lo que vemos, desde la adolescencia
hasta pasada la menopausia,
podríamos afirmar que no hay respiro
para el cuerpo de la mujer. De
no concienciarnos, la estimulación
hormonal seguirá acompañando la
totalidad de la vida fértil.
En mi opinión, los métodos que
producen menos efectos secundarios
son los más adecuados, aunque
existan circunstancias en las
que usar un método hormonal pueda
ser lo más indicado para una
mujer en un momento determinado
de su vida.
> Anticonceptivos: mujeres hormonadas de por vida
me parece un articulo estupendo, el cual resume la vida de la mujer tal cual es,el hombre que de toda la vida ha sido el encargado de llevar las riendas del mundo en todos los sentidos, bien tenia que haber puesto de su parte para que no solo fuera la mujer la que controlara la natalidad a traves de su salud, no solo fisica, sino psiquica.Muy interesados «Ellos»por gobernar y frenar a la mujer como persona humana y dueña de vivir, al igual que los demas.Doy las gracias a los doctores y doctoras que me ayudaron a traer mis hijos al mundo por in-vitro por causa de infertilidad de mi ex-marido.