Miguel Ángel Llana

El declive social asturiano, éxodo y subempleo de los jóvenes, se resuelve, como en muchas ciudades, con un modelo urbano insostenible y con especulación
Artículo de Miguel Anxel Llana na selmana na que se conocen los caberos datos sobre emplego n’Asturies col balance de 19.000 nuevos emigraos pola falta de trabayu.

El debate estrella está en si nos gusta y queremos o no, un bellísimo hotel con más estrellas que un general que se convertirá en símbolo de la ciudad y para el despegue de multitud de otras actividades. Como un cuento de la lechera del siglo XXI, sin leche ni lechera, pero eso sí, sobrado de cuento. Pero, lo que no se ha dicho, es que acabará con la leyenda urbana… Claro que, como no se reconoce, innecesario es mencionarla, a pesar de que el pasado año 19.000 jóvenes menores de 30 años emigraron y los valientes o cobardes que no dieron el portazo, si lograron trabajo, lo hicieron con contratos temporales el 93%.

Resuelto ya el problema asturiano, y en particular el de Gijón, a juzgar por lo que los mandatarios y las fuerzas vivas dedican al asunto, salvo a la leyenda, entremos de lleno en el hotel tipo torre panoya de los 22 pisos acristalados simulando a las olas, que tan cerca está del oleaje que nunca sabremos si es efecto del cristal arrugao o si es el mero reflejo de la mar cercana.¡ Mejor que no tengamos ocasión de comprobarlo!.

Sea como fuere, la torre de cristal no es la cuestión, no está sola, hay un entorno que se obvia, hay otras circunstancias que también se orillan y, sobre todo y además, hay en juego un modelo de ciudad que se está diseñando con parámetros caducados que pretenden ser actuales y servir de pauta para el futuro.

Pero el futuro ya nos señala -y algunas de sus alertas están aquí y nos inquietan- que la ciudad aspirante al modelo New York ya no es sostenible, que sus insumos de todo lo imaginable ya no pueden sostenerse más allá de unos pocos años, que los recursos, que las materias primas, que los yacimientos y que la naturaleza ya no da más de sí porque está en retroceso.

La ciudad actual, tan necesitada de todo, no es repetible, no se puede sacar fotocopia para perpetuar el presente insostenible. No es cuestión de que una magnífica oficina con ADSL y tarifa plana en una burbuja aséptica diseñe una maravilla en gusto y forma –suponiendo que lo fuera– y lo exporte y lo trasplante más allá del tiempo; ajeno a las circunstancias de la vida fuera de su burbuja.

Se habla a diario de cosas tan esenciales como la falta de agua, de energía y también, de los resultados y de las consecuencias de este modelo: desertificación, calentamiento global, efecto invernadero, radiaciones, disminución de masa forestal, efecto Kyoto. Pero todo esto parece que no va con nosotros y con nuestro modelo de vida… Como si pudiéramos perpetuarlo sine die. La ciudad del futuro ha de poder soportar la decreciente oferta de consumo que la naturaleza –sus recursos– nos puede ofrecer.

Nuestro becerro de oro tiene dos verbos envenenados, consumir y construir, y sus sustantivos, consumo y construcción. Y _así es que nuestro mundo –vida y hacienda– gira en torno a una torre de cristal ondulado llamada a convertirse en el nuevo Elogio de la ciudad. Ahora, sólo queda terminar de deshojar la margarita para que nuestras incertidumbres se conviertan en realidad y podamos finalizar el verano felices y bronceados, con más consumo y construcción.

Sin truco. La construcción de la zona de vías se planteó como medio de financiación del metrotrén, aunque éste no se sabe muy bien qué fines persigue, pues nadie conoce los tráficos de viajero por kilómetro y año que va a soportar. Su trazado errante huye del centro de gravedad de la población a la que va a dar servicio y tampoco se sabe qué trenes llegarán ni hasta dónde. El metro costará un pastón sin que sepamos para qué.

Comparar esta torre con la Eiffel olvidando el momento y sus Campos de Marte, es ridículo. Omitir que va al lado de otras cinco torres de hasta 30 pisos y jugar con todo lo dicho, cuando desde el principio se trataba de conseguir “pasta” para financiar metro y estación, un engaño.

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