
Estrictamente patriarcal, la forma occidental de aproximarse a las otras culturas. Invadir y ocupar: «agarrar», «coger», «tomar», «violar». Sobre todo, «violar».
Como un macho prepotente, destruyó todo lo que no se acomodaba a sus apetitos, a su voluntad de poder. Entre las víctimas del Occidente-Macho están las culturas otras, los indígenas de todos los continentes, los nómadas, la humanidad oral, las fracciones socialmente erráticas de la misma Europa, las individualidades irregulares, etcétera.
El patriarcado está en la médula de la civilización occidental, en su constitución epistemológica; es la filosofía que respira, la sangre que corre por sus venas. No es pensable una supresión del machismo en esta formación cultural. El patriarcado va a durar lo mismo que Occidente.
Bajo el Capitalismo, el patriarcado se remodela y se globaliza. Para nada se atenúa, antes al contrario. Tampoco es concebible una erradicación de la opresión de género bajo este sistema. Como la Escuela, como la Cárcel, como la Fábrica, como el Mercado, como la Democracia Representativa…, el Patriarcado ha fundido su destino con el del Capitalismo occidental.
Cabe resistirlo, cabe identificarlo bajo sus nuevas máscaras, bajo sus disfraces progresistas. Cabe insistir en que, al lado de los «micromachismos», que nos asaltan por todos lados, están los «neomachismos», que a veces pasan desapercibidos.
Porque la forma «demofascista» de patriarcado es dulce, suave, sibilina. Habla muy bien el lenguaje de la Razón y se nutre de «teorías» formalmente irreprochables, como la de la Pareja Abierta, como la del Amor Libre, como la del Poliamor… La forma «demofascista» de patriarcado puede vestir pantalones de colorines, camisetas con el rostro del Che o de Bob Marley; puede gustar de las rastas, de los piercings y de los tatuajes; puede acudir a todas las manifestaciones del feminismo organizado; puede lavar los platos en casa y tender la colada; puede declamar y declamar a favor de la Revolución… No solo puede ser así: de hecho ya es así y va a ser cada día más así.
Del mismo modo que contamos con una Industria de las Educaciones Alternativas, también está emergiendo una Industria del Patriarcado Alternativo, de la que saben demasiado muchas personas del entorno socialdemócrata, comunista y anarquista.
Solo veo un modo inequívoco de plantarle cara al machismo, al dominio de género, al patriarcado contemporáneo: ir dándole la espalda, a nuestro paso y en la medida de nuestras posibilidades, a las invitaciones y seducciones del capitalismo, procurar borrar las huellas y los rastros de ese sistema violador en nuestras propias vidas. Des-hacernos y re-hacernos, de-construirnos y re-constuirnos, re-inventarnos en contra de un orden mixturado en el que el principio de invasión y de ocupación es normalidad admitida y sentido común administrado.
Por eso, y desde siempre, la antipedagogía atenta contra la sustancia teorética del Patriarcado, de la que se nutre también la organización estatal y el sistema mercantil: dividir, establecer dualidades, «cosificar» a la población, atribuir roles, sancionar el privilegio de la fuerza y la fuerza de los privilegios…
La verdad es que no creo que haya, en nuestro marco civilizatorio, ni un solo hombre auténticamente no-patriarcal. Y hay que ser un machista refinado, un machista al gusto del fascismo democrático, para proclamarse a salvo de esa afección, para definirse «no-machista». Estimo en más al varón que se reconoce dañado por la índole patriarcal del Capitalismo occidental y, de un modo callado pero constante, perceptible en la cotidianidad de sus días, pugna por reducir y reducir, por extirpar y extirpar, lo que persiste en su corazón y en su cerebro de macho que invade y ocupa.
Con Awka
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