
Colgado de la Luna
Soy de los que piensan que para hacer la Revolución precisamos de una vasta formación intelectual. Si no entendemos la realidad, si no analizamos lo que ocurre, si no debatimos con quien piensa diferente, daremos palos de ciego sin parar por muy buenas que sean nuestras intenciones.
Sin embargo, también soy de los que piensan que si sólo nos guiamos por la razón no seremos capaces de construir nada que valga la pena; dicho de otra forma, creo que la poesía es capaz de llegar allí donde no lo hace la filosofía.
Belleza, Amor y Revolución, todas ellas son palabras que, en mayúsculas y sin corrupción, conviven, copulan, comparten, se necesitan, y cada una de ellas es menos cuando otra falta. Es por ello que, no sé si fruto de una virtud o de una personalidad paranoica, siempre he tenido una relación más profunda y fluida con algunas manifestaciones artísticas presuntamente inocuas que con el panfleto político. The Beatles como grupo, y cada uno de sus miembros en particular, constituyen para mí el ejemplo más claro.
A finales de los 60, los cuatro de Liverpool eran un grupo en clara descomposición, pero precisamente por eso, capaz de formar el abono necesario para que la creatividad de cada una de las personas que formaba parte de él creciera sana y libre. Hasta los anarquistas no individualistas pensamos que cada alma necesita un espacio propio donde vivir para poder dar después lo que tiene de particular.
Este fue el sustrato orgánico en el que el joven George Harrison maduró y se fortaleció: While my guitar gently weeps, All things must pass, Something, Here comes the sun… son algunas de las canciones que más me han ayudado a ser quien soy.
All things must pass dio título a su primer disco pos-Beatles, pero es recomendable escuchar la versión desnuda que grabó mientras aún formaba parte del grupo. En esta canción asume e intenta hacer comprender que todo es efímero, tanto lo bueno como la malo: “El amanecer no dura toda la mañana, / una tormenta no dura todo el día, / parece que mi amor se va y te ha dejado sin aviso. / Esta tristeza no durará para siempre”. Así se desarrolla nuestra cotidianeidad, con cosas, personas y acciones que volando vienen y volando se van.
No obstante, el mismo George es capaz de comprender y aprehender lo que de absoluto tiene lo concreto, si no ¿cómo podría haber compuesto maravillas de tres minutos? Quizá no exista la Belleza en términos absolutos, quizá la finitud de la condición humana nos impida absorberla, pero en ocasiones creemos percibirla. Y no hablo de eso que algunos llaman belleza fría, pues no existe -acaso se pudiera hablar de hermosura-; me refiero a esa propiedad de las cosas y los seres vivos que nos remueve, que nos conmueve, que en el mejor de los casos nos hace amarlos. De esto, elevándose hacia donde mis palabras ni tan siquiera sueñan, trata Something.
En esta canción bella como pocas, la tranquila y sentida voz de George expresa cómo un simple detalle puede recorrer todo nuestro ser: “Algo en su manera de moverse / me atrae como ninguna otra amante (…) / Sabes que ahora creo y de qué manera”. Más tarde la canción alcanza su tono más épico y excitante, llega la incerteza y no sabemos hasta qué punto ese algo que nos transforma permanecerá: “Me preguntas si mi amor crecerá. / No lo sé, no lo sé. / No te alejes y quizá lo veas”.
Debemos evitar que la incesante cotidianeidad nos carcoma, debemos llenarla de misterio y saber apreciarlo; esto es, debemos ser todos un poco poetas, y creer en la Belleza y en el Amor. Esta potencialidad está dentro de nosotros, pero desarrollarla y mantenerla exige trabajo y esfuerzo.
El mismo George Harrison necesitó experiencia y aprendizaje para componer estas obras inmortales, precisó empaparse de todo lo que le rodeaba para que acabará fluyendo dentro de él con la misma naturalidad y condición cristalina con la que lo hacía a su alrededor. También hay que reconocer que desde sus incios fue capaz de componer bonitas canciones.
Se podrá argumentar, y con razón, que sólo con Belleza y Amor jamás llegará la Revolución; sin embargo, me parece evidente que sin ellos nunca va a poder darse.
No estaría mal recordar que tan poco y tanto han cambiado el mundo los grandes teóricos políticos como algunos artistas que trataban otros asuntos, que en ocasiones se han acercado más al horizonte quienes no sabían en qué camino aprendían que aquellos que habían trazado el suyo en el mapa.
Es por ello que recuerdo con detalle todas mis vivencias del 30 de noviembre de 2001, hace justo ahora diez años, precisamente porque ese día ocurrió algo: conocí la noticia del fallecimiento de un artista que, sin ser ninguna de las dos cosas, me ayudó a ser anarquista y Colgado de la Luna.
Belleza, Amor y Revolución
Bonito escrito. Tenía madera de místico el Harrison este. Lástima que se dedicara a acumular dinero…
Belleza, Amor y Revolución
Sí, razón tienes. Pudo ser un privilegiado en lo económico y lo fue, pero, aún así, no sé por qué siempre me dio la impresión de que era, además de un artista interesante, un buen tipo. No sé si estas ya son palabras casi gratuitas por mi parte, jeje.
Sí, es una pena que tantas veces nos ceguemos por el dinero, lo cual nos impide dedicarnos en plenitud a las cosas más importantes.
Saludines.