
Denunciamos la muerte de tres niños que murieron en el barrio Santa Rita del municipio de Bello
Sofocados en un incendio que fue provocado por una vela que iluminaba la casa y que utilizaban como alternativa a la desconexión del servicio de energía. Esto ya en sí es muy penoso; lo más inaudito es que desde el día 6 de oct. La Sra. de la casa había ido a las oficinas de EPM a negociar su deuda de energía y la financiaba, porque de contado no la hubiera podido pagar y como todo ser humano, requería urgentemente el servicio. Durante esos 19 días fueron algunos empleados de la empresa a restablecer el servicio, pero por las razones más absurdas no lograron hacerlo. Excusa tras excusa, pasaron los días y tres niños y su familia pagaron caro la irresponsabilidad de la empresa que sí se las arregla para llegar a tiempo a desconectar.
No cabe duda que el responsable aquí es EPM. No le bastó haber desconectado un hogar en el que vivían cinco niños, vulnerando todos sus derechos, sino que tardó demasiado en conectar la energía eléctrica en esta vivienda aun cuando la familia había financiado su deuda. Esto jurídicamente se denomina acción por omisión, pues aunque EPM no causa directamente la muerte de los niños, su negligencia para restablecer el servicio de energía ha producido este fatal desenlace. De esta manera, la empresa tendrá que reparar a estos dolientes; pero ni las ganancias netas de EPM podrán pagar los sufrimientos de tantas familias de Medellín que han perdido sus seres queridos de una u otra forma, a causa de la desconexión de los servicios.

Empecemos a hablar de las víctimas… Susana, Vanessa. Si a los pobres nos castigan por el robo de la energía, que a EPM lo condenen por robarnos la vida.
Sin embargo, también es este el momento de llamar a la reflexión a nuestros cómodos legisladores, especialmente llamar la atención de aquellos concejales y diputados que en tiempos de campaña electoral recorren los más marginados territorios de nuestra ciudad, y bien enterados están de las deplorables condiciones de vida de nuestros niños y niñas. Y llamamos la atención porque la administración municipal está en mora de reconocer un mínimo vital de energía para las familias vulnerables, ya no basta con decir que los derechos de los niños son fundamentales y prevalentes. Hay que hacerlos realidad. Un ejemplo en Colombia tiene que ver con la educación, si ésta no fuera gratuita en muchos establecimientos educativos, este derecho de niños y niñas quedaría plasmado en el papel y muchos jóvenes no sabrían lo que es leer o escribir. Así mismo, no podemos negar que en estos tiempos, los niños y sus familias necesitan de la energía eléctrica y del agua potable, no por mejorar su calidad de vida, sino simplemente para vivir en dignidad.
No queremos más muertes a causa de la mercantilización de los derechos. No queremos más niños víctimas de la desconexión. No más empresarios deshumanizados. No más indiferencia de la administración.