
Empezaron a olérselo con las entrevistas a Rumsfeld. La Casa Blanca supo que el tercer libro de Bob Woodward
sobre la Administración de Bush no iba a ser tan benévolo como los
anteriores. Tanto Bush como Cheney declinaron el ofrecimiento de ser
entrevistados. En esta ocasión, les convenía mantenerse alejados del
proyecto.
Los extractos publicados en The Washington Post y Newsweek
demuestran que no andaban equivocados. Al menos por lo leído hasta
ahora, «State of Denial» se une a la lista de los libros publicados en
los últimos meses. Todos ellos componen un acta de acusación sobre el
manejo de la guerra de Irak desde los despachos de la Casa Blanca y el
Pentágono.
El retrato de Rumsfeld no sorprenderá demasiado a los que han leído
los periódicos en los tres últimos años. Ya habíamos comprobado su
carácter arrogante y engreído. Lo que ofrece el libro de Woodward es la
constatación de que ni siquiera cuando comenzaron a llegar las malas
noticias de Irak el jefe del Pentágono aceptó cambiar de estrategia.
Y no es que esas informaciones procedieran de los detestados medios
de comunicación. Al poco de ser elegida secretaria de Estado,
Condoleezza Rice recibió en febrero del 2005 un informe de uno de sus
principales asesores. “En este momento, Irak continúa siendo un Estado
fracasado marcado por una violencia constante y en proceso de sufrir un
cambio político revolucionario», decía.
Estos avisos, y otros de personas más cercanas al Pentágono, fueron
recibidos por Rumsfeld con desdén. El libro relata que la
Administración de Bush contaba, y probablemente aún cuente, con el
asesoramiento de una persona muy asociada con otro fracaso bélico:
Henry Kissinger.
Muchos análisis críticos con lo que ocurre en Irak han comparado
esta guerra con Vietnam y los partidarios de Bush no han cesado de
resaltar que el símil es tan equivocado como contraproducente. Resulta
ahora curioso que uno de los grandes arquitectos de esa guerra haya
utilizado la experiencia de entonces para convencer a Bush, Cheney y
Rice de la necesidad de mantener el rumbo:
Kissinger told Rice that in Vietnam they didn’t
have the time, focus, energy or support at home to get the politics in
place. That’s why it had collapsed like a house of cards. He urged that
the Bush administration get the politics right, both in Iraq and on the
home front. Partially withdrawing troops had its own dangers. Even
entertaining the idea of withdrawing any troops could create momentum
for an exit that was less than victory.
La Casa Blanca no estaba en condiciones de aceptar más consejos que
los que les confirmaban en su estrategia. Como se puede apreciar en el
libro, ni Jay Garner (primer virrey en Irak) ni el asesor de Rice ni
otro consejero de Rumsfeld tuvieron ningún éxito cuando hicieron sonar
las alarmas.
Tampoco tuvo mucha suerte el director de la CIA, George Tenet,
cuando pidió audiencia de forma inesperada a Rice dos meses antes del
11-S. Tenet estaba convencido de que se acercaba el momento en que Al
Qaeda se decidiera a atacar en suelo norteamericano. Es cierto que el
jefe de la CIA no podía ofrecer pruebas concluyentes, pero tampoco
pedía invadir un país, sino una estrategia definida para acabar con los
líderes de Al Qaeda.
Rice tenía otras prioridades.
La comisión de investigación del 11-S no fue informada de esa reunión.
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En The Washington Post:
Secret Reports Dispute White House Optimism.
Should He Stay? The biggest question mark was Rumsfeld.
Two Months Before 9/11, an Urgent Warning to Rice.
Rove Revels in Democrat Kerry’s Lead.
Card Urged Bush to Replace Rumsfeld, Woodward Says.
En Newsweek:
The Woodward War.
State of Denial.
En Editor & Publisher:
Woodward’s 9/11 Bombshell Suggests ‘Coverup’.
Posted by Iñigo at Octubre 2, 2006 06:10 PM