Tomamos este artículo de un medio de prensa del estado español próximo a las tesis más conservadoras, lo que se nota en el enfoque. Quede claro que en Tortuga no nos alegramos de la muerte de nadie, por muy inmoral que pueda ser o dejar de ser el rol que ha decidido representar en su vida. En el artículo, un portavoz de un sindicato policial, en tono más bien victimista, reclama un mayor control psicológico de los policías para prevenir estos suicidios. Pero quizá la pregunta del millón sería el averiguar porqué tiene una tasa tan alta de suicidios un colectivo que tiene la suerte de
disfrutar del trabajo más seguro que pueda darse (funcionarios del estado), con unos sueldos y condiciones que para sí los quisieran la mayoría de trabajadores asalariados y con unos jefes (los políticos) que siempre les están dando palmaditas en la espalda, medallitas y salvándoles el culo en caso de conflictos con la justicia.

Quizá tenga que ver, apuntamos, con que para ser feliz también se necesita el amor y la bondad. Especialmente en un ámbito en el que pasamos tanto tiempo de nuestra vida como es el laboral.

Nota de Tortuga.


Sandra Toro

Alfredo Perdiguero, director general del SIPE, pide soluciones en GACETA.ES: «Los suicidios son una lacra que ni este Gobierno ni el anterior han querido admitir y tratar».

Este lunes nos despertábamos con una trágica noticia. Un inspector de la Policía Nacional, de 32 años de edad y tres años de antigüedad en el Cuerpo, se quitaba la vida en Benidorm. Se trata de algo que, con el paso de los años, se ha convertido desgraciadamente en habitual dentro del Cuerpo Nacional de Policía (CNP).

Los agentes son héroes vestidos de uniforme, sí, pero también son personas. Y como tal, tienen en su vida diaria problemas que pueden influir en el desarrollo de su trabajo. La gran diferencia respecto al resto de ciudadanos es que los policías tienen a mano un arma, tienen a mano terminar con su vida en el momento que lo deseen. «El suicidio en la Policía Nacional es un tema tabú», así de contundente se muestra el secretario general del Sindicato Independiente de la Policía Española (SIPE), Alfredo Perdiguero, en GACETA.ES. «Absolutamente nadie -ni este gobierno ni el anterior- contempla los suicidios dentro del Cuerpo. Es una lacra tremenda porque, aunque no tenemos datos oficiales, cada 15 días se escucha que se ha suicidado un compañero», añade indignado.

Un comité de prevención de riesgos laborales ya solicitó, durante la legislatura socialista, un informe en el que se detallara el número de funcionarios que se habían quitado la vida y la plantilla a la que pertenecían, pero «nadie nos facilitó esos datos». Con el Partido Popular en el Gobierno tampoco ha mejorado la situación. No solo ocultan los suicidios, sino que también censuran a los propios compañeros que sufren la pérdida y piden soluciones. El mismo Perdiguero sufrió esta censura justo hace ahora un año. En febrero de 2014, una compañera de las Unidades de Intervención Policial (UIP) se suicidó cuando tenía 36 años y él, tras denunciarlo en Twitter, fue expedientado.

¿Por qué este oscurantismo?

Nadie sabe por qué se esmeran con tanto ímpetu en ocultar una situación de tan extremada gravedad. «Dicen que hablar de suicidios hace un efecto llamada -es decir, se producen más suicidios- y que por eso lo evitan», explica Perdiguero.

Lo que no deja lugar a dudas es que para encontrar una solución hay que investigar primero de dónde proviene el problema. Por ello, el sindicato policial va a solicitar al ministerio de trabajo que, junto a ellos, realice un informe para que el suicidio se contemple como un riesgo que implica el trabajo de los agentes.

Tienen problemas psicológicos y llevan pistola

No se trata de sacar a la luz hechos negativos del Cuerpo, sino de hacer ver que existe la necesidad de poner fin a tan trágicos sucesos. Es «vergonzoso» que, una vez los agentes aprueban la oposición, no vuelven a someterse a ningún tipo de valoración psicológica. Así como es «vergonzoso» que los servicios médicos de la Dirección General de Policía (DGP) no controlen exhaustivamente a aquellos que tienen problemas psicológicos y acaben, en muchos casos, suicidándose con un arma que no deberían portar. El SIPE propone que una de las medidas consista en que un tribunal compuesto por psicólogos realice a los policías con problemas psicológicos las pruebas oportunas para determinar si estos están capacitados o no para portar armas y continuar ejerciendo la labor policial; y que el resto disponga de un gabinete psicológico donde poder acudir si lo consideran necesario.

Este tema ya fue tratado el pasado año en el Consejo de la Policía, donde el sindicato UFP solicitó que se establecieran controles psicológicos periódicos en unidades especialmente sensibles, no habiendo obtenido respuesta por parte de la DGP.

Fuente: http://www.gaceta.es/noticias/suicidios-policia-nacional-tema-tabu-02032015-2021

6 thoughts on “Cada quince días se suicida un policía nacional”
  1. Cada quince días se suicida un policía nacional
    Hola Tortuga:

    En las ocasiones que he comentado algún artículo vuestro ha sido principalmente para agradeceros vuestra labor y para apoyarla, no recuerdo haber escrito para disentir y si lo hice así fue para ofrecer mi punto de vista sobre algún asunto que me ha llamado la atención sin más pretensiones.

    Precisamente porque aprecio mucho vuestra página, lamento intervenir hoy para haceros notar que no me parece razonable una afirmación de este artículo:

    “que en Tortuga no nos alegramos de la muerte de nadie, por muy inmoral que pueda ser o dejar de ser el rol que ha decidido representar en su vida.”

    Creo que referencias generales tan negativas sobre la inmoralidad -quizás sería mejor referirse a la ilegalidad o presunta ilegalidad-, han de hacerse exclusivamente sobre un caso concreto o un grupo concreto de personas, por ejemplo cuando apareció el artículo sobre 4 o 5 policías de Murcia, que había llevado a un hombre a la playa y lo mataron o al menos no hicieron lo debido para salvar su vida.

    Ahí sí cabe un juicio muy negativo sobre su moralidad, el cual yo comparto, desde luego, pero no para un cuerpo entero formado por miles de personas, que por mucho que lo use el poder político y empresarial para sus propios objetivos, por más que también sea cierto, como lo es, que disponen del apoyo de sus jefes cuando algunos policías cometen delitos, que son el pan de cada día (como el asunto de Ciutat Morta y tantos otros y los que no llegan a conocerse), etc., las responsabilidades sobre delitos, crímenes, etc. son siempre individuales.

    Es claro que por lo que estamos viendo –y algunos sufriendo, vosotros entre los primeros, pero más personas también-, la policía y fuerzas armadas similares, no merecen por lo general simpatía; pero una cosa es esto y otra es asociarlas en bloque a inmoralidad.

    Soy funcionario y no defiendo a ninguno por tener esta condición, al contrario, somos los primeros que tenemos que dar ejemplo y a los que más hay que exigir en su comportamiento, especialmente si usan la fuerza y llevan armas. Hay que perseguir y juzgar todo los casos como los dos citados, pero si así fuera, ojala se hiciera, ¿todos los policías resultarían condenados? No lo creo, incluso si añadimos los que no han participado pero los conocen y callan.

    Cabe discutir si España –y muchísimos más países- lleva el camino de Méjico, donde la policía, desde hace muchos años produce terror literalmente a todos los ciudadanos que no estén en el gobierno o en los cárteles, tanto da, pero no resulta razonable pensar que ya estamos en esta situación.

    Saludos, Agustin Velloso

    1. Cada quince días se suicida un policía nacional
      No estoy en absoluto de acuerdo contigo, pero no te puedo contestar porque estaría cometiendo un delito de cárcel sólo por expresarte mis opiniones al respecto. ¿No te da eso una idea del régimen político en que vivimos y de las funciones que desempeña la policía en él?

    2. Cada quince días se suicida un policía nacional
      Hola Agustín. Por mi parte entiendo lo que dices y quizá el juicio genérico sobre la inmoralidad de la función policial -que en el artículo se sugiere más que se afirma- pueda ser discutible, o al menos matizable.
      Sin embargo sí creo que es pertinente juzgar la inmoralidad de ciertos actos como tales. No de cada persona que los comete, la cual tendrá cada una sus circunstancias. Asesinar es inmoral en sí. Robar a un hambriento es inmoral en sí. Colocar bombas que matan indiscriminadamente es inmoral en sí. Se juzga el hecho, no a las personas concretas, repito.
      Con respecto a dedicaciones profesionales o a determinados roles que uno decide asumir o no, creo que cabe hacer la misma valoración. Si ponemos el ejemplo de un cártel mexicano creo que lo tenemos claro. Participar de las acciones de esa organización podría valorarse como inmoral haciendo como mínimo sospechosos de inmoralidad a todo el colectivo de personas que se integra en ella.
      La policía es una institución armada que -mediante el uso de la violencia física y de otros tipos-, entre otras funciones, es sostenedora de un ordenamiento económico y político profundamente injusto y que provoca dolor y muerte a diario. Hablo de la institución. Creo que, siendo un tema discutible y complejo, no es ninguna barbaridad cuestionar desde el punto de vista ético o moral a una persona que decide integrarse en esa institución y dedicar sus esfuerzos a colaborar con sus fines. A cambio de dinero, además. Exactamente lo mismo con respecto a una persona que se integra en el ejército.
      Un abrazo.

      1. Cada quince días se suicida un policía nacional
        Hola Pablo:

        Creo que no estamos lejos. No tengo inconveniente alguno en declarar que “siento” lo mismo que Tortuga siente cuando escribe, no sólo en este artículo, sino en cualquier otro, sobre las policías y las fuerzas armadas.

        Además es claro hoy día, gracias al PPSOE, que ni siquiera hace falta ser izquierdista militante para darse cuenta del uso de los uniformados para el sostenimiento del Estado neofascista en el que vivimos a costa de la mayoría.

        Por otro lado me doy perfecta cuenta del “régimen en el que vivimos”, pues fui maltratado y torturado en la Dirección General de Seguridad hace 40 años (Franco aún vivía, me ocurrió durante el –abortado- funeral por los fusilados del día 27, en la Iglesia de San José, en la calle Alcalá, de Madrid, el 28 de septiembre de 1975) y de nuevo muchos años después, ya en “democracia”, detenido, maltratado, juzgado y multado “por expresar mis opiniones”.

        Lo que afirmo es que hay una clara gradación en el reparto de la responsabilidad moral en lo que estamos viviendo: no es lo mismo ser el político que da las instrucciones al jefe de los policías, ser éste, ser un policía delincuente, sádico, ser un policía no violento que calla sabiendo que su compañero lo es, ser policía que no sabe ni le interesa saber, ciudadano que apoya a los primeros, ciudadano que vota ese político con toda intención, ciudadano que tiene miedo, ciudadano que se moviliza en contra de aquellos, etc., etc.

        Por esto he escrito que no me parece razonable unir en el mismo artículo la noticia del suicidio de un funcionario de la policía con la conducta de otros (muchos o pocos) policías, las órdenes de sus superiores, la política del ministro del interior y del gobierno y la inmoralidad de un grupo tan numeroso como es el de las fuerzas armadas y asimilados.

        Son dos debates independientes por completo. No eludo el de la responsabilidad de todos los miembros (mayores de edad, etc.) de la sociedad, por no decir del infierno en el que vivimos, no solamente la de los policías, pero entonces ¿en qué cárcel nos colocamos si no vamos a caber? ¿es que va a quedar alguien inocente? ¿es que todos están llamados a ser héroes, a ponerse en peligro? ¿es que alguna comisión de la verdad y la reconciliación ha conseguido alguna vez sus objetivos?

        Claro que el sistema es inmoral, pero no lo es por casualidad ni por causa de algunos pocos en el conjunto, lo es por todos y cada uno de los que estamos en él y, de nuevo, cada uno según su responsabilidad.

        Entiendo que se suiciden más policías que votantes de políticos neofacistas, pero esto no me lleva a pensar que el votante es inocente y el policía no, más bien creo lo contrario –salvo los casos de policías profesionales de la delincuencia.

        Creo, además, que los uniformados son más proclives al suicido que otros ciudadanos porque hace falta más valor para humillar, maltratar, herir, torturar y matar con tus propias manos que a través de un voto.

        Saludos, Agustin Velloso

        1. Cada quince días se suicida un policía nacional
          todos los policías son unos bastardos

    3. Cada quince días se suicida un policía nacional
      Servir a un poder represor es inmoral. «En mi opinión.»

      Y esta gente no se mete ahí desesperada para comer de un día para otro (en cuyo caso podría ser excusable), sino que atraviesa un largo proceso de preparación y selección que poca gente supera. O sea, que están convencidos de lo positivo de su función, y trabajan duro para conseguirlo.

      Que. les. follen.

Los comentarios están cerrados.