
Toda la vida fueron carceleros aquellos asalariados que se encargaban de la custodia de presos y detenidos en cárceles y calabozos diversos. El diccionario de la RAE define “carcelero” como “persona que tiene cuidado de la cárcel”, siendo la “cárcel” según el diccionario el “local destinado a reclusión de presos”. No hay confusión posible pues.
Carcelero es el nombre de un oficio como tantos, y de su antigüedad habla el sufijo “ero”, compartido con otras ocupaciones profesionales tradicionales como carpintero, panadero, camarero, fontanero y un largo etcétera.
Suele pasar que a los actuales carceleros (y carceleras que también las hay) del estado español les desagrade que se refieran con dicho término a su “ocupación laboral”. En su lugar han acuñado un poco agraciado e incluso diríamos que cutre eufemismo: “funcionarios de prisiones”. Eufemismo que se empeñan en convertir en normalizado y único oficial en pos de la suplantación del vocablo legítimo. Pocas veces se da en el lenguaje una evolución de este signo; el interés político proscribe una palabra y se esfuerza denodadamente en que sea sustituda por otra en el habla popular.
Es de creer que si los carceleros y carceleras se sintieran cómodos con su función no habrían necesitado de esta impostura, reacomodación de vocablos que quiere ser semántica y apunta hacia el disimulo y camuflaje social. Si se mira desapasionadamente tiene la misma y poco apropiada lógica denominar funcionarios de prisiones a los carceleros como denominar a los médicos “funcionarios del sistema de salud”, a los bomberos “funcionarios de la extinción del fuego”, a los jueces “funcionarios de la justicia” o a los embajadores “funcionarios de la diplomacia exterior”. Nadie más que los carceleros utiliza el concepto “funcionario” para designar su oficio.
Es tan obvia la explicación para comprender porqué tal cosa ha llegado a ser así que no vamos a abundar más en ella. Sólo una última reflexión. Afortunadamente tiempo ha que en el estado español no existe oficialmente la pena de muerte pero, en caso de que siguiera en vigor ¿alguien cree que a la persona encargada de ejecutar físicamente a las víctimas se le seguiría denominando oficialmente con el ancestral nombre de “verdugo”?
Por cierto, vean este titular publicado en el Diario El País el pasado 28 de noviembre de 2010:
Prisión para dos policías locales y dos carceleros por narcotráfico
Y una canción de propina para terminar. “Carcelero, carcelero”
Versión de Manolo Caracol-
Versión de Antonio Cortés
Letra
Carcelero,carcelero,
carcelero,carcelero,
por qué no abres puertas y cerrojos,
ay, abre puertas y cerrojos,
porque no quiero perderme (bis)
por culpita de unos ojos,
culpita de unos ojos.
Salgo por las calles solo,
yo salgo por las calles solo
porque estoy “atormentaíto” por unos celos,
“atormentao” por unos celos,
porque no quiero ahogarla (bis)
con las trenzas de su pelo
ay, de su pelo negro,
Dios mío, qué pelo.
Abre, carcelero,
abre ya el presidio,
porque no me vean llorar por las calles,
“pa” que no me vean llorar por las calles
igual que llora un chiquillo.
Ver también: Carceleros de Villena lloriquean en el periódico
¿Carceleros o funcionarios de prisiones?
A los funcionarios de prisiones no nos sabe mal que nos digan carceleros.
Carceleros y a mucha honra. Quiza a otras personas les suene peor pero a los funcionarios no.
¿Carceleros o funcionarios de prisiones?
La distinción entre carceleros y funcionarios de prisiones es conceptual, no semántica. Y quienes creen que se trata de un mero maquillaje es porque ignoran los orígenes del sistema penitenciario moderno. Porque las cárceles existen desde tiempos remotos, pero no eran centros penitenciarios, sino meros centros de detención a la espera de que el procesado fuera condenado. No existía la «pena» de privación de libertad, sino pena de muerte, amputación, trabajo forzado o expulsión de la comunidad. En las cárceles se forzaba al preso a confesar, pues tal era su función, y normalmente esto se conseguía mediante el maltrato y la tortura. Con el sistema penitenciario moderno, la privación de libertad se convierte en una pena entre otras, cuya finalidad no es torturar al preso para que confiese, sino rehabilitarlo y resocializarlo. De ahí que esté totalmente justificada la distinción entre carceleros (maltratadores) y funcionarios de prisiones (trabajadores sociales). Otra cosa es que la administración quiera ser consecuente con estos principios.
¿Carceleros o funcionarios de prisiones?
Tú lo dices en la última frase. Aunque tus datos no son cien por cien ciertos. El concepto cárcel, como lugar de castigo por tiempo determinado e indefinido es muy antiguo, si bien es cierto que las penas de privación de libertad no estaban instituidas como hoy día. Entre los carceleros de aquellas cárceles antiguas habría meros guardianes que hacían su trabajo con más y menos humanidad y habría sádicos maltratadores que aplicaran malos tratos y torturas por puro abuso de poder o siguiendo órdenes de instancias superiores por cuestiones de venganzas o de obtener información, como dices.
Pero eso no creo que haya cambiado. En las cárceles de ahora, barnizadas como “centros penitenciarios” sigue habiendo carceleros que hacen su trabajo proporcionando un trato humano a los presos junto a otros que los maltratan por sadismo o por cumplimiento de órdenes superiores. Ello sin nombrar a los corruptos, que tanto abundaron siempre en este gremio.
Aunque la constitución española y otras leyes otorgan a las modernas cárceles una función “rehabilitadora, resocializadora” etc. tú sabes muy bien, y es lo que dices en tu última frase, que en la práctica no es así. Pero es que ni siquiera en la práctica.
La teoría de diversas sentencias del tribunal supremo español aclaran que la función rehabilitadora de las actuales cárceles no es óbice para otras funciones, como las punitivas y las disuasorias. O sea, que los propios tribunales dan carta de validez a lo que realmente las cárceles son y que por desgracia la mayoría de la sociedad desea: centros de castigo. Y quienes trabajan ahí son los ejecutores del castigo. Muy lejos de esa visión “penitenciaria” tan moderna como irreal que nos quieres dibujar con esa conclusión de que los carceleros son en realidad unos trabajadores sociales. Que se lo digan a las familias de todos los que mueren cada año en las cárceles españolas en circunstancias poco claras.
¿Carceleros o funcionarios de prisiones?
mejor ser carcelero, que delincuente.
Delincuente, el que comete un delito….
Delito: Acción típica, antijurídica y culpable, sometida a una sanción penal….
Y si seguramente deberían estar muchos más bajo el control de un carcelero, seguramente muchos de los que mandan….
Yo estoy muy a gusto siento Carcelero, funcioneta de prisiones, tecnico especialista de prisiones, como usted guste, pero sepa que yo no he cometido ningún delito y otros si .