No hay ningún propósito racional, ninguna norma, por correcta que sea, ningún programa, por ejemplar que sea, ningún ideal social, por hermoso que sea, ninguna legitimidad o legalidad que pueda justificar que la gente se mate entre sí.
No hay ningún propósito racional, ninguna norma, por correcta que sea, ningún programa, por ejemplar que sea, ningún ideal social, por hermoso que sea, ninguna legitimidad o legalidad que pueda justificar que la gente se mate entre sí.