Los microcréditos están de moda y su utilización indiscriminada en los
discursos y en los mismos proyectos de solidaridad internacional parece un
signo de modernidad incuestionable, que está siendo ampliamente respaldado
por instituciones financieras, bancarias y multinacionales extraordinariamente
poderosas. Los defensores de estos microcréditos alegan que son un
instrumento ideal para los pobres, ya que al solicitarlos, tienen en su mano la
posibilidad de salir de la situación de pobreza extrema en que se encuentran.
Al mismo tiempo, avalan la bondad de su uso con argumentos de que en su
mayor parte son solicitados por mujeres y que sus solicitantes son puntuales
pagadores, registrándose unos índices de morosidad prácticamente nulos, lo
que demostraría, a su juicio, la capacidad de los mismos pobres por salir de su
situación de miseria. Incluso se llega a decir que en tanto que no son limosnas
ni subsidios, aquellos que los han solicitado ven elevada su dignidad de forma
automática al tiempo que los préstamos no se dirigen hacia sectores
estratégicos de la economía, sino que sirven para financiar actividades en
sectores prioritarios para la población más desasistida.

En fin, lo que no se comprende bien es que tal cúmulo de bondades
como parecen reunir los microcréditos no hayan sido descubiertas antes,
porque a juzgar por los defensores de semejantes panegíricos, son tantos los
millones de personas que han salido de forma fulminante de la pobreza que
prácticamente ya no quedarían en el mundo pobres, sino ignorantes
desconocedores de estos milagrosos créditos o gente abandonada y abúlica,
incapaz de endeudarse para cambiar así su destino.

El objetivo del presente artículo es someter a un análisis pormenorizado
algunos de los principios conceptuales que se han construido en torno a los
microcréditos por parte de sus máximos defensores, bien sean algunas de las
grandes Instituciones de Microfinanzas (IMF), dirigentes y gobernantes
mundiales, responsables económicos, bancarios y financieros, o ONG.

En modo alguno se pretende negar validez a las posibilidades que
pueda tener un instrumento de este tipo, sino cuestionar la utilización
ideológica indiscriminada que se viene haciendo en torno a los microcréditos
para desvirtuar algunos de los grandes dilemas que mantienen abiertas las
políticas de cooperación internacional, para avalar la expansión de un proceso
de globalización sin normas, así como para facilitar la extensión de algunos de
los pilares básicos del neoliberalismo.

El endeudamiento masivo de la población más pobre no puede
presentarse como la solución a los problemas de la pobreza y el subdesarrollo
en el mundo, y mucho menos como una muestra extrema de libertad y
progreso. Más bien, parece que asistimos a un proceso de extensión de la
economía bancaria y financiera entre los sectores más pobres, curiosamente
los que han estado excluidos de la misma hasta la fecha. Difundir la idea de
que los pobres pueden gastar indefinidamente más de lo que realmente tienen
genera una falsa comprensión de las verdaderas causas de los desequilibrios
sociales y económicos en el mundo y la manera de abordarlos, pero también
de la arquitectura global por la que se avanza.

Precisamente, el discurso emergente de los microcréditos se cimenta en
la idea de que es el mercado, en este caso el mercado bancario, el que se
tiene que encargar de la pobreza, siendo el mejor instrumento para reasignar
óptimas condiciones de vida para los pobres del planeta, transformando así las
políticas mundiales de cooperación en una simple inserción de los países en
desarrollo en un liberalismo económico asimétrico que ha generado tan
colosales desigualdades en el reparto de los ingresos y en el acceso a los
bienes públicos esenciales. Bueno será que revisemos los fundamentos
teóricos sobre los que se extienden los microcréditos. Para ello, hemos tratado
de resumir en diez las afirmaciones y tesis más extendidas que se vienen
utilizando habitualmente sobre los microcréditos, y que se pueden leer con
profusión en las memorias, artículos, informes y discursos que habitualmente
se difunden, e incluso en los propios proyectos y evaluaciones utilizados por las
entidades no gubernamentales que vienen utilizando ampliamente este
instrumento financiero.

Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos

1. Los microcréditos son uno de los mejores instrumentos para
combatir la pobreza

El avance de la pobreza en el mundo está directamente relacionado con
causas múltiples entre las que destacan los procesos de acumulación de
riqueza tan formidables que vienen consolidándose en los últimos tiempos,
amparados por el avance de un proceso de globalización tremendamente
injusto en términos de oportunidades, expectativas y posibilidades. De esta
forma, la pobreza tiene unas causas políticas muy directas, tanto en el
entramado institucional y financiero que han construido los países occidentales
para mantener e incrementar su posición privilegiada, como en los propios
países en desarrollo, sometidos a gobernantes tan corruptos como ineficaces,
alejados de las necesidades de sus pueblos y sometidos a las exigencias de
instituciones multinacionales y de las grandes potencias.

Desde esta perspectiva, la pobreza tiene que abordarse desde una
solidaridad activa con los que menos tienen, una solidaridad que impida los
procesos de acumulación de riqueza tan salvajes que se están produciendo y
que al mismo tiempo entienda la necesidad de que los que más tienen se
comprometan activamente con los más desposeídos del planeta. Es por tanto
un deber moral y político, un imperativo ético que a través de la tan corrompida
ayuda al desarrollo y ese referente simbólico del 0,7% ha tratado de tomar
cuerpo, al menos en el papel, sin olvidar un cambio en las estructuras y reglas
sobre las que se ha establecido el comercio mundial, las finanzas y los
intercambios económicos.

El argumento de que contra la pobreza no hay nada mejor que créditos
trata de romper este compromiso político y moral, pretendiendo encubrir las
verdaderas causas que están en la base de la pobreza y el subdesarrollo en el
mundo y convirtiendo a los pobres en responsables últimos de su situación. Es
un arma eficaz para desmantelar el compromiso político y ético que tenemos
los que vivimos acomodadamente hacia aquellas otras personas que carecen
de lo más esencial y que han convertido su vida en una lucha diaria por
sobrevivir. Al mismo tiempo, sirve para anular las políticas de cooperación
internacional, transformándolas en políticas de bancarización, convirtiendo la
pobreza inmensa en deuda eterna, ya que a mayor número de pobres, mayor
número de créditos concedidos, con lo que aseguramos una clientela
prácticamente ilimitada que permita engrasar un sistema capitalista que habrá
entrado así hasta en los países pobres.

2. Los microcréditos son capaces de garantizar a las capas más
desfavorecidas invertir en su propio desarrollo

La transformación de pobreza en deuda, como pretenden los defensores de los
microcréditos, se apoya en un darwinismo social bajo el cual aquellos que
estén en situación más precaria y vulnerable lo están porque no han querido o
podido endeudarse. Es el avance de una cultura basada en el dinero donde
todo tiene un precio, pudiéndose comprar y vender, generando una
“monetarización de la pobreza” que rompe las redes de solidaridad
tradicionales. Es la esencia del neoliberalismo, que sostiene una situación
imaginaria bajo la cual, toda aquella persona que quiera, puede salir adelante y
prosperar en una economía de mercado hecha para emprendedores y
valientes. Claro que esta máxima no sirve en una sociedad profundamente
desigual como la nuestra, porque las condiciones de partida no son las mismas
para todos, ni tampoco lo son los medios que tenemos a nuestro alcance; y en
mucha menor medida para dos terceras partes de la población que viven en
una situación de pobreza extrema, sin tener cubiertas las necesidades básicas
más elementales.

Precisamente, uno de los mayores problemas en los países pobres es la
carencia absoluta de las condiciones básicas de vida, en la medida que los
Estados se han desentendido de sus ciudadanos o no tienen las condiciones
para garantizarles siquiera su subsistencia. Frente a ello, la sociedad mundial
tiene que avanzar sobre la base de que los Estados asuman y garanticen unos
mínimos vitales para todos sus habitantes por el solo hecho de serlo, en
atención social básica, sanidad, nutrición, educación y vivienda.

Los microcréditos tratan de desviar la responsabilidad sobre el desarrollo
social básico de los habitantes por sus países y por la comunidad internacional,
transfiriendo esta responsabilidad a cada ciudadano. Todo ello resulta mucho
más llamativo cuando la “moda” de los microcréditos se está fomentando desde
los países occidentales, allí donde las condiciones de vida y los mínimos vitales
suelen estar asegurados, tratando de convencer a los destinatarios, los
habitantes de los países pobres, de que su supervivencia es su mejor
inversión. Curiosamente, si toda inversión se hace en base a unos excedentes
económicos encaminados a obtener una cierta rentabilidad, en el caso de los
microcréditos se llamaría inversión a tratar de asegurar la supervivencia y el
autodesarrollo de sus endeudados clientes, que por toda rentabilidad
obtendrían la posibilidad de poder subsistir, en el mejor de los casos, de forma
más digna. Así las cosas, nosotros (los que vivimos en los países ricos)
podremos seguir invirtiendo en instituciones financieras, multinacionales,
empresas y fondos de inversión, mientras el resto de la humanidad (los que
han tenido la mala fortuna de nacer en un país pobre) se mantendrán
entretenidos pidiendo créditos para poder sobrevivir.

3. Los microcréditos sacan de la extrema pobreza a sus solicitantes

El endeudamiento hace mucho más vulnerables a quienes menos tienen,
acentuando su precaria situación y su necesidad acuciante de comida,
educación, salud básica o atención social, ya que al asumir un crédito se
encuentran ante una mayor inestabilidad vital. Sin tener satisfechas unas
necesidades elementales, un crédito significa exponerse aún más a las
inclemencias sociales y dedicar su vida a satisfacer las deudas asumidas para
tener al menos una rendija abierta de cara a un futuro incierto, por si necesitan
pedir más dinero.

No parece que los microcréditos se estén orientando precisamente a los
más pobres, o a quienes tienen más dificultades de acceso al crédito, y los
escasos estudios existentes ponen de manifiesto que apenas consiguen
mantener las mismas condiciones de vida de sus solicitantes, en la medida en
que se destinan a mantener unos mínimos vitales, es decir, a satisfacer las
necesidades básicas de los endeudados y sus familias. Parece por tanto más
acertado decir que los microcréditos sirven para responsabilizar a sus
solicitantes de su propia supervivencia y la de sus familias.

Ningún país, ninguna agencia de cooperación y ninguna IMF ha podido
demostrar hasta la fecha de forma empírica el impacto positivo de los
microcréditos en la reducción de la pobreza sobre amplias capas de su
población más pobre. Hasta el punto de que los datos y las cifras que manejan
parten de la apreciación, sumamente estrambótica, de que todo aquel que
solicite un microcrédito abandona automáticamente su situación de pobreza por
el solo hecho de pasar a ser deudor. Una tesis que se puede encontrar en
informes y discursos oficiales que manejan con profusión este principio, similar
a sostener que todo aquel que entra en un hospital deja de estar enfermo por el
solo hecho de acceder al mismo. Siguiendo con la metáfora, se necesitaría
saber la morbilidad y la situación de cada paciente: el esfuerzo que las
personas y sus familias asumen al devolver los créditos, los costes sociales y
familiares, la carga económica que contraen en relación con sus ingresos, su
capacidad real de ascenso social, su movilidad en términos de expectativas
vitales, y también las tasas de fracaso. Todo ello está por hacer y a estas
alturas, son muchos los autores que sostienen que no hay interés en llevar a
cabo un análisis riguroso sobre estos y otros extremos porque todo ello
permitiría demostrar la mentira sobre la que se han edificado muchos de estos
microcréditos.

4. Los microcréditos son muy positivos porque sus solicitantes son
fundamentalmente mujeres

Esta es otra de las grandes falacias que se vienen difundiendo sobre los
mismos, siendo sostenido por grandes dirigentes mundiales y por potentes
IMF, como Promujer, donde defienden estos argumentos afirmando que “ellas
son mejores pagadoras, se preocupan más por el futuro de sus familia y por la
educación de sus hijos, son clave en el desarrollo de sus países1”.

Efectivamente, de sobra es conocido que la mujer es responsable de sacar
adelante a familias, hijos, parientes y maridos, en mayor medida en países y
sociedades donde se mantienen situaciones de explotación patriarcal tan
arcaicas como dañinas para la mujer. Convertirlas en “clientes” privilegiadas de
los microcréditos es aumentar la responsabilidad que ya tienen sobre sus
espaldas e intensificar las situaciones de abuso que se mantienen en muchas
sociedades sobre todas ellas, en tanto que son las que con su esfuerzo, trabajo
y preocupación vienen luchando por mantener a sus familiares. Para muchas
mujeres, asumir microcréditos supone por tanto una sobrecarga en sus
ocupaciones domésticas, ya de por sí enormes, elevando las tensiones en el
cuidado y la educación de sus hijos, algo que siempre recae únicamente sobre
sus espaldas, y convirtiéndolas en endeudadas simplemente para alimentar,
cuidar, alojar, educar y vestirse a ellas mismas, a su descendencia, a sus
parejas, maridos, esposos, e incluso a su familia o a la de su compañero.
En los escasos estudios existentes sobre los microcréditos, dos
elementos se ponen de manifiesto con rotundidad al analizar su impacto sobre
las mujeres. El primero desmantela el mito de que sean efectivamente
gestionados por las propias mujeres, ya que en una proporción muy alta de
casos, son las mujeres las solicitantes (porque tienen mayor facilidad para
acceder a microcréditos, al ser ellas las que van a trabajar para su devolución y
porque son mucho más responsables que los hombres para afrontar las
deudas asumidas), mientras que en realidad son los hombres quienes deciden
directamente sobre su empleo y gestión. (ver los datos procedentes del
Grammeen Bank). El segundo, señala que estos créditos aumentan la situación
de angustia, de sumisión, el esfuerzo y las jornadas de trabajo ya de por sí
extremas que tienen las mujeres para salir adelante ellas mismas y sus
familias.

Buena parte de los microcréditos otorgados a las mujeres de escasos
recursos suponen una extensión más de sus actividades domésticas y
familiares, lo que se refleja en la naturaleza de los proyectos puestos en
marcha por ellas, esencialmente vinculados a la cocina, la costura y las labores
del hogar. Así, los informes de Pronafim, una conocida IMF mexicana, señalan
que el 85% de las personas beneficiarias de sus programas responden a este
perfil, obteniendo cantidades que oscilan entre los 500 a los 20.000 pesos.
Las autoridades mexicanas han repetido una y otra vez que sus
microcréditos han sacado de la pobreza a todas las mujeres que los solicitaron.
Así, el Presidente mexicano, Vicente Fox, ante la Cumbre Mundial de
Microcréditos, celebrada en Nueva York en el mes de noviembre de 2002,
afirmó con rotundidad que los microcréditos habían reducido en un 3% la
pobreza en México, gracias a los microchangarros financiados por su Pronafim.
Sin embargo, economistas prestigiosos como Julio Boltvinik, investigador del
Colegio de México, aseguró justo lo contrario. Analizando datos de la Comisión
Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la pobreza y la indigencia
en México aumentó de forma considerable en esos años.

5. Los microcréditos son tan buenos que su morosidad es bajísima,
demostrando con ello que los pobres siempre pagan

El argumento tiene una importante carga de desfachatez. Por un lado, trata
de atribuir valores positivos en los pobres, no como personas, no por sus
potencialidades, sino por su condición de clientes de las entidades financieras
con las que asumen responsablemente sus deudas. Si tan buenos son estos
pobres pobres, no se entiende por tanto la razón de que las instituciones
financieras y bancarias tradicionales hayan dejado siempre fuera a estos
sectores del acceso al crédito y a la financiación. Al mismo tiempo, parece
defenderse que los pobres tienen que pagar siempre, porque además de
pobres se les exigen unos valores morales muy superiores a los del resto de la
población, mientras que a los no pobres (se supone por tanto que a los ricos)
se les permite no ser tan buenos pagadores ya que sus muchas ocupaciones y
sus abundantes bienes patrimoniales les eximen de estas exigencias. Este
principio enlaza con algunos de los argumentos más escandalosos defendidos
por los ideólogos del neoliberalismo como el que las pérdidas tienen siempre
que socializarse y ser asumidas por el Estado, mientras que los beneficios son
siempre privados y propiedad de empresarios e inversores.

Por otra parte, la eficacia de un programa basado en microcréditos no
debería sustentarse esencialmente en el índice de devolución, sino en su
capacidad para mejorar la vida de sus destinatarios. Cuando se antepone la
rentabilidad a la capacidad de transformación social, se deja bien claro cual es
el principio que orienta el uso de los microcréditos por sus defensores.
Sin embargo, en algunos de los escasos informes existentes se ponen de
manifiesto datos que contradirían este manido argumento. De hecho, el propio
Grameen Bank, en cuyos informes y discursos oficiales declara una tasa de
devolución del 98%, algunos de sus informes evidencian que un 25% de los
clientes de este Banco no logra nunca devolver sus créditos.

6. Los microcréditos convierten a los pobres en responsables de su
propio desarrollo

El desarrollo básico de las personas, estén donde estén, vivan donde vivan,
debe estar asegurado por los Estados y en caso de no ser posible, por la
comunidad internacional. Este es un principio que orientó la Declaración
Universal de los Derechos Humanos, y que parte de la consideración de unos
derechos básicos y una dignidad inherente a toda persona por el solo hecho de
serlo. El argumento de que los pobres deben de ser responsables de su
desarrollo traslada esta responsabilidad a cada sujeto, haciéndole culpable de
su supervivencia y de salir adelante, anulando de esta forma el papel que
Estados, gobiernos y la comunidad internacional tienen en el desarrollo de los
más pobres. La solidaridad y responsabilidad internacional se transforma así en
individualismo y privatismo, en definitiva, se asciende un peldaño más hacia la
construcción de sociedades abandonadas a un liberalismo salvaje y
depredador.

7. Los microcréditos elevan automáticamente la dignidad de quienes
los solicitan

Esta afirmación es tan inconsistente como absurda. La dignidad humana no
puede medirse en función de los créditos que se tienen contraídos, sino desde
la capacidad que las personas tienen en vivir de forma autosuficiente, teniendo
garantizadas sus necesidades básicas y pudiendo ejercer sus derechos más
elementales. Con mayor motivo si hablamos de personas que viven de forma
paupérrima, sin tener cubiertas las necesidades básicas y viendo día a día
como la familia y los hijos carecen de cuestiones básicas para su
supervivencia. Así las cosas, la dignidad de los pobres se elevará
automáticamente cuando dejen de serlo y puedan a partir de entonces elegir
libremente su destino. Es como decir que los pobres dejan de serlo en tanto
que son “clientes bancarios” y que la dignidad de las personas se restringe a
simples intercambios económicos y monetarios impuestos por el mercado.

8. Los microcréditos y el acceso a los mismos deben ser un derecho
humano básico

Son otros muchos los derechos humanos básicos que la comunidad
internacional ha ido proclamando en las últimas décadas, y algunos de ellos
tienen que ver precisamente con la cobertura de las necesidades básicas y el
ejercicio de sus libertades. Anteponer todos ellos a la capacidad de endeudarse
es frivolizar sobre los derechos humanos elementales, ignorar la importancia de
acceso a todos ellos y que puedan ser garantizados por la comunidad
internacional, al tiempo que se desvía la atención sobre sus incumplimientos,
así como por las violaciones y vulneraciones que se vienen cometiendo. Bajo
ningún concepto el derecho al crédito puede considerarse a la misma altura de
otras cuestiones esenciales para la simple supervivencia de las personas o
incluso por delante de su propia libertad, y quienes así lo hacen tratan de
trasladar una idea esencialmente capitalista de la humanidad por la cual la
única libertad está en el dinero.

9. Los microcréditos constituyen el mejor instrumento de la
cooperación internacional y son una herramienta que ha
revolucionado la ayuda al desarrollo

Esta afirmación es tan inconsistente como poco fundamentada, ya que
hasta la fecha no existe un solo estudio, análisis o investigación empírica que
demuestre en un solo país una mejora sustancial en el desarrollo de amplios
grupos de la población. Todo ello ha sido sustituido por discursos, soflamas y
declaraciones rimbombantes que tratan de situar como verdad de fe algo que
no supera esta simple consideración.

Por otra parte, los defensores de este argumento tratan de minusvalorar y
descalificar las políticas de solidaridad mundiales y con ello, las
responsabilidades de los países ricos en esta materia. El dato más elocuente
que demuestra la inexactitud de esta afirmación es que a pesar de las tres
décadas de existencia de los microcréditos, los niveles de pobreza y
subdesarrollo en el mundo no han disminuido, ni a nivel mundial ni en los
países donde han tenido su máximo apogeo.

No debemos olvidar que las políticas de cooperación son también
políticas de compensación que tratan de transferir una pequeñísima parte de
los gigantescos recursos de los países ricos hacia los países pobres, en la
medida que un mundo globalizado como el nuestro consolida espacios de
riqueza y acumulación en los países occidentales, cimentados desde una
posición de preeminencia basada en una estrategia histórica de expansión
hacia los países del Sur como nuevos espacios para la producción, la inversión
y el consumo. Sin embargo, estos mismos países subdesarrollados, con
excedentes de mano de obra, no han visto normas similares para favorecer la
movilidad de sus ciudadanos hacia los países occidentales o mejorar su
desarrollo, o diversificar su producción basada habitualmente en la exportación
de materias primas. El proceso de globalización aumenta aún más esta
situación tan desigual, impidiendo con ello que los países en desarrollo puedan
captar recursos para impulsar inversiones y generar así nuevas capacidades
productivas. En lugar de ello, son cada vez más dependientes de capital, de
inversiones, de tecnología y de conocimiento de los países industrializados. La
cooperación para el desarrollo debe entenderse así desde esta compensación
necesaria, y todo aquello que incida en deslegitimar, erosionar y cuestionar
estas políticas debilita también las políticas de solidaridad y nuestro
compromiso con los más pobres.

10. El acceso al microcrédito debe ser una de las prioridades para
alcanzar el logro de los Objetivos del Desarrollo del Milenio

En el año 2000, los líderes de los países occidentales acordaron
solemnemente fijarse una serie de objetivos en materia de desarrollo humano
esencial que permitiera reducir a la mitad en el año 2015 la pobreza en el
mundo, actuando especialmente sobre la educación básica, las enfermedades
endémicas y la malnutrición, con una intervención muy contundente sobre todo
el continente africano. Todo ello se recogió de forma pomposa en los llamados
Objetivos del Milenio, que no eran sino una nueva reducción en el avance hacia
los objetivos mundiales de desarrollo que en cumbres y conferencias mundiales
se han venido acordando en décadas anteriores y que han sido
sistemáticamente incumplidos. A cinco años del acuerdo, y cuando los países
occidentales deben evaluar el avance conseguido en este lustro, los datos
recogidos en un informe recientemente elaborado por la ONU no pueden ser
más desalentadores, constatando la ausencia de voluntad política y la carencia
deliberada de medios económicos para abordar una vez más los compromisos
anunciados a los cuatro vientos por los países ricos, mientras los volúmenes de
ayuda siguen descendiendo a nivel mundial y las nuevas prioridades en torno a
la lucha contra el terrorismo y la seguridad están desviando grandes cantidades
de recursos hacia estos fines. Al mismo tiempo, las prioridades económicas y
comerciales están cobrando un nuevo vigor en las políticas de cooperación y
ayuda, como lo demuestra la actuación de la comunidad internacional (basta
con observar el papel de España) ante el desastre del sudeste asiático con
motivo del tsunami que asoló la región y la primacía de créditos comerciales en
las ayudas ofrecidas.

No puede negarse que el desarrollo no depende tan solo de lo que
aporten los países donantes, sino muy especialmente de la disposición y el
esfuerzo de los países pobres para mejorar las condiciones de vida en sus
países, emprender amplias reformas que profundicen en la democracia,
reduzcan las enormes diferencias de acceso a la riqueza y permitan el acceso
a bienes básicos como salud, educación básica, la propiedad y explotación de
la tierra así como la construcción de infraestructuras básicas, la mejora en el
funcionamiento de los mercados, y el fortalecimiento de unos menguados
Estados con frecuencia ineficientes y corruptos. Sin embargo, la globalización
avanza sobre unas reglas tan injustas en la economía, el comercio, las
finanzas, las tecnologías y el conocimiento que día a día se agranda aún más
la gigantesca brecha que ya existe entre unos países y otros.

Ante este escenario, los microcréditos tienen un papel absolutamente
residual de cara a dar respuesta a los compromisos asumidos por los
gobernantes mundiales y conseguir que éstos sean llevados a cabo. Estamos
ante acuerdos mundiales de naturaleza política, que tienen que tener
respuestas de carácter político en cada uno de los Estados firmantes y por
parte de cada uno de sus dirigentes políticos. Sostener que los microcréditos
van a ser la panacea para la consecución de los Objetivos del Milenio significa
desconocer el significado de este acuerdo y ofrecer excusas para su
incumplimiento, en mayor medida cuando los microcréditos poco pueden hacer
para incidir en el avance de la educación básica entre los niños, la erradicación
de enfermedades parasitarias como la malaria o epidemias como el SIDA,
proporcionar agua potable o atención sanitaria elemental a aquellas
poblaciones que carecen de ello. Basta con contemplar los llamados Objetivos
del Milenio asumidos por la comunidad internacional para comprender la
inadecuación de un instrumento crediticio como el que analizamos.

Algunas reflexiones finales

Sin duda, el movimiento que se está desplegando alrededor de los
microcréditos supone un paso más en la expansión del capitalismo global. En
este caso, el proceso tiene la virtualidad de dirigirse hacia los sectores más
pobres y vulnerables, habitualmente alejados de la globalización neoliberal al
no ser potencialmente atractivos para las corporaciones empresariales y
financieras, introduciéndoles en la bancarización a través de un producto
diseñado específicamente para ellos.

Los microcréditos se nos presentan como instrumentos repletos de
virtudes y de éxitos a pesar de que todo ello está aún por demostrar. Su
pretendida capacidad instrumental para eliminar la pobreza parece más
encaminada a vaciar las responsabilidades políticas e institucionales que
existen en su mantenimiento que en ofrecer transformaciones sustanciales que
mejoren el acceso a bienes públicos globales por parte de los más
desfavorecidos y aumenten el compromiso activo de los gobiernos y países
más ricos con su eliminación. Al mismo tiempo, la simple referencia a este
instrumento parece avalar cualquier política, actuación o programa, por
contrapuesto que pueda ser, llegándose incluso a ofrecer como políticas de
codesarrollo programas de microcréditos de difícil acceso para sus
destinatarios y a los que se quiere endeudar por años para obligarles a retornar
a sus países, algo está siendo ofrecido como tal por algunas ONG y siendo
financiado por determinadas instituciones públicas.

Cierto es que el mayor éxito de los microcréditos se ha situado, hasta la
fecha, en la articulación de propuestas alternativas que permitan proporcionar
mecanismos financieros nuevos a disposición de los sectores más
desfavorecidos y en los países del Sur. Sin embargo, es necesario todavía un
trabajo mucho mayor en la puesta en marcha de fórmulas solidarias,
avanzadas y capaces realmente de apoyar a sectores alejados del acceso a la
financiación, sin la gravosa carga de la deuda que estos grupos sociales no
pueden asumir como una nueva y pesada losa en su ya esforzada vida.

Por el contrario, buena parte de los microcréditos se han diseñado como
instrumentos de un mercado neoliberal y global, avanzado hacia instrumentos
pensados por y para los ricos, capaces de generar espacios clientelares, de
dependencia y control sobre grupos vulnerables; como fórmulas nuevas de
financiación para ONG y grupos de poder que vacían toda la carga de injusticia
e iniquidad que rodea la existencia de la gigantesca pobreza que se mantiene
en buena parte de la humanidad hoy día; convirtiendo a estos sectores
marginales en culpables de su situación por no haberse entregado en manos
de un capitalismo global que sustituye a las personas por endeudados,
generando una espiral de darwinismo social que lleva a suponer que todo aquel
que mantiene su situación de pobreza es porque quiere al no haber solicitado
un crédito. Tampoco pueden dejarse de lado las tramas de dependencia y
control que se tejen sobre la población solicitante de estos “nanocréditos”,
especialmente por las IMF y las ONG, para asegurarse el pago de las deudas,
llegando desarrollar pautas de control y seguimiento de las familias
absolutamente intolerables.

Posiblemente tengan que explorarse nuevas fórmulas de economía
social, formas comunales de producción, sistemas avanzados de cooperativas
y sociedades productivas, medidas para fomentar empleo público desde las
administraciones descentralizadas y desde aldeas y núcleos rurales. En
definitiva, fórmulas nuevas para generar riqueza y desarrollo que no pasen
necesariamente por el endeudamiento y el empobrecimiento generalizado
como único designio hacia el que todos avanzamos irremediablemente.

*Carlos Gómez Gil es Doctor en Sociología, profesor en el Departamento de Análisis
Económico Aplicado de la Universidad de Alicante, Director de Seminario Permanente de
Inmigración de la Sede Universitaria “Ciudad de Alicante” de esta Universidad y coordinador del
área de cooperación internacional de BAKEAZ. Este artículo forma parte de un trabajo más
amplio publicado por el Ayuntamiento de Córdoba, con el título “Los microcréditos en la
cooperación para el desarrollo”. Una versión más reducida del mismo ha sido publicada en el nº
19 de la edición impresa de Pueblos, diciembre de 2005, pp. 56-58.

12 thoughts on “Carlos Gómez Gil: Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos”
  1. > Carlos Gómez Gil: Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos
    Mi nombre es Ramon Roman Gutierrez, soy nicaraguense, abogado y notario y de alguna manera me he visto involucrado en el mundo de los microcréditos.
    La experiencia que he tenido en Nicaragua en rica y he llegado a la conclusion de que en lugar de resolver el problema de iliquidez de los estamentos «que por su situación economica no son sujetos de credito de la banca tradicional», mas bien lo profundizan. Las pequeñas cantidades que para esos sectores son el equivalente a dos meses de comida, lo que hace es fomentar el consumismo, con un ridiculo financiamiento no se puede montar una pequeña empresa, invierten el microcredito en artiuculos de consumo, de la venta tambien comen y no apartan cientificamente dirigidos las reservas para la amortización y en dos meses se han descapilazado y han quedado endeudados, pasan un año de hambre pagando el capital, los interes corrientes y los interes moratoriso que representan jugosas ganancias para las «microfinancieras» ya que el moratorio en su mayoria lo calculan sobre el principal y los intereses corrientes vencidos. De un credito inicial de doscientos dolares, el pobre viene pagando su principal un 60% en interes corriente y un 300% en mora, mas cobros adiminstrativos y si hay cobro extrajudicial el principal hasta se dobla!
    Para que el microcredito sea en verdad un instrumento de superación de la pobreza se necesita la intervención de la sociedad de manera decidida, el control estatal a traves de una superintendencia, lo que pasa es que si el Estado se mete a controlar los interesados gritan que es un atentado contra la autonomia de la voluntad!

    1. > Carlos Gómez Gil: Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos
      hola como estas estoy haciendo mi tesis sobre creditos mes espero que me puedas ayudar con mas informacion gracias mi correo es vane_gel19@hotmail.com

    2. > Carlos Gómez Gil: Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos
      hola mi nombre es eneida mendez y estoy elaorando my tesis, sobre el impato de la incorporacion de la bca. de desarrollo en la bca. universal quisiera saber si me puede ayudar un poco con mi investigacion.

  2. Carlos Gómez Gil: Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos
    hola muy contenta de leer sus tesis sobre micro creditos, yo tambien estoy haciendo mi tesis sobre micro credito , espero que me podria ayudarme. aqui esta mi correo andrerosanie@yahoo.fr

    1. Carlos Gómez Gil: Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos
      HOLA ESTA MUY INTERESANTE SU INFORMACION SOBRE LOS MICRO CREDITOS, ESTOY PREPARANDO MI TESIS SOBRE LA RECUPERACION DE LOS CREDITOS DE CONSUMO O MICRO CREDITOS, NO SE SI ME PODRIA PROPORCIONAR INFORMACION O SU PUNTO DE VISTA GRACIAS MI CORRE ES rolandogco@gmail.com

  3. Carlos Gómez Gil: Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos
    HOLA BUENAS NOCHES..

    ME PARECE EXCELENTE TU IDEA EXPRESADA… ESTOY REALIZANDO MI TESIS SOBRE LO CONCERNIENTE A MICROCREDITOSS.. ME PUEDES ENVIAR MATERIAL ACERCA DE ESO, PORQUE ME ES IMPOSIBLE CONSEGUIR ANTECENDENTES DE ESO YA QUE EL TEMA ES RELATIVAMENTE NUEVO.

    1. Carlos Gómez Gil: Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos
      hola, soy Janet estudiante de la universidad del estado de Morelos y acabo de terminar la licenciatura en economía y estoy realizando mi tesis sobre los miccrocréditos, me llamó la a tención el tema, me gustaría que me mandaras mas información sobre el tema ya que se mes es dificil conseguir la información sobre todo los antecedentes.
      por el momento gracias

  4. Carlos Gómez Gil: Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos
    Hola mi nombre es Miyulbis Rojas, estoy realizando mi tesis sobre los microcreditos y bancos de desarrollo, al igual que muchas de las personas que han comentado su articulo me gustaria su opinion.
    mi correo es miyurojas@hotmail.com

  5. Carlos Gómez Gil: Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos
    hola, mi nombre es rusmery baldovino, estoy realizando mi tesis, acerca de los bancos de desarrollo y los microcreditos, me encantaria que pudiese facilitarme informacion ya que se consigue muy poca sobre todo los antecedentes.
    mi correo es rusme_19@hotmail.com

    1. Carlos Gómez Gil: Diez tesis cuestionables sobre los microcréditos
      hola Dr estoy realizando mi tesis sobre la participacion de los microcreditos en las pymes estaria muy agradecido de brindarme su apoyo para poder realizar mi trabajo es urgente mi correo es luis_libra539@hotmail.com

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