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En los círculos activistas y antimilitaristas de Madriz y del estado español se ha comentado bastante la infiltración sufrida por el colectivo Espacio Horizontal contra la Guerra. Lo que vais a leer a continuación son ideas y reflexiones hechas a título estrictamente personal.
Uno de los efectos inmediatos que ha tenido el constatar que una persona que ha compartido todo tipo de experiencias (buenas, malas y regulares) con nosotras fuera un policía ha sido el disparar todo tipo de paranoias, y en cierta medida sembrar un ambiente de desconfianza y desánimo.
Infiltradas/os ha habido, hay y habrán siempre, además de confidentes y, desgraciadamente, «compañeras» y «compañeros» que bajo presión o en una situación personal o legal delicada pueden llegar a meter la pata, equivocarse o simplemente hundirse -hablando claramente: vender a las compañeras y compañeros-, ya que nos guste o no las y los activistas estamos hechos de la misma pasta que el resto de los mortales.
Hay que vivir con ello, sin dramatizar.
Lo que sí que nos diferencia del resto es la inaudita tolerancia de las y los activistas a todo tipo de reuniones (asambleas, plenarios, comisiones, grupos de trabajo, áreas temáticas…) y actividades y trabajos de lo más árido (charlas, debates, toma de actas, pegada de carteles, asistencia a manifestaciones y concentraciones…), todo ello en un ambiente, como puede ser Madriz, no ya de difícil colaboración entre grupos, si no demasiadas veces de animadversión y enfretamiento casi total entre las distintas «familias» y sensibilidades políticas de la capital.
Con estas líneas, que evidentemente son un desahogo a nivel personal, intento animar(me) a seguir trabajando y luchando por nuestras ideas. Discutibles, disparatadas o extraterrestres desgraciadamente para la mayoría de personas que nos rodean, pero MÍAS, NUESTRAS, y que además las hemos ido desarrollando de libros y textos surgidos de décadas y décadas de sufrimiento y lucha, compartidas con mucha otra gente. El compromiso político no se mide (solamente) con carnés, horas de asistencia a asambleas, artículos publicados y número de carteles pegados en las calles. La unidad no es la pertenencia a la misma organización, asamblea o grupo de afinidad.
El compromiso político es la lucha cotidiana (como decía aquel cartel de Solidaridad Obrera, «con todos los medios a nuestro alcance, de todas las maneras posibles») personal y colectiva, con verdadera voluntad transformadora. La unidad es el apoyo mutuo, el respeto y la colaboración entre grupos. Es de cajón que
a nivel represivo lo que sucede en Madriz está a años luz de lo que sucede en otras partes del estado español y no digamos ya en otros países, por lo que hay que situar todo en su justa medida.
Por lo que, a mí por lo menos, las infiltraciones y demás no me parecen tan graves (que lo son) como para hacerme abandonar el barco, o como para desconfiar de todas y cada una de las y los activistas que me rodean. Si caemos en eso entonces SÍ QUE ESTÁN CONSIGUIENDO DESMOVILIZARNOS. Muchas y muchos, a pesar de los sinsabores, las broncas, las multas, la invisibilidad mediática e incluso la cárcel seguiremos en esto. ¿Tu puedes dejar de respirar? pues yo no puedo dejar de luchar, porque mis vísceras, mi corazón y, sobretodo, mi cabeza no me lo permiten. Probablemente esto del activismo es algún tipo de patología, pero entonces yo no quiero curarme.
Y es que, como ya cantaron los difuntos Eskorbuto, para bien o para mal, somos los mismos que cuando empezamos. Estoy ya mirando la agenda para la semana que viene y me estoy mareando, y que conste sigo pensando que hay muchas muchas cosas que mejorar, pero las críticas las voy a seguir haciendo «desde dentro». Así que, infiltradas e infiltrados, estais tirando a la basura (me encanta esto) el «dinero de los contribuyentes». Me voy a chivar a Federico Jiménez-Losantos y os vais a enterar…
Gentes ignorantes que antes nos tenían miedo
cogen confianzas que nunca les dimos
Cobardes, que van de valientes
hablando de nosotros mal ante la gente
Creéis que todo tiene un límite
así estais todos limitados
Cuidado (cuidado)
os avisamos,
somos los mismos, que cuando empezamos…
Gentes ignorantes que antes nos tenían miedo
cogen confianzas que nunca les dimos
Cobardes, que van de valientes
hablando de nosotros mal ante la gente
Vuestro entorno huele a podrido,
vuestras palabras son ladridos
Cuidado (cuidado)
os avisamos
somos los mismos que cuando empezamos…
> Carta abierta a un infiltrado: cuidado, os avisamos.
Me alegra tremendamente comprobar cómo una vez más caen en saco roto los intentos de tanto des-maravillador que anda por ahí suelto de socavar la moral de los que luchamos por mejorar un poquito este mundo que nos ha tocado vivir.
Como la cosa parece que va de canciones, aquí va una a modo de bálsamo dedicada a aquellos que en algún momento el desánimo trate de jugarles una mala pasada (gracias, Mario).
¿POR QUÉ CANTAMOS?
Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo es una cueva de ladrones
los aires ya no son los buenos aires
la vida es nada más que un blanco móvil
usted preguntará por qué cantamos
si nuestros bravos quedan sin abrazo
la patria se nos muere de tristeza
y el corazón del hombre se hace añicos
antes aún que explote la vergüenza
usted preguntará por qué cantamos
si estamos lejos como un horizonte
si allá quedaron árboles y cielo
si cada noche es siempre alguna ausencia
y cada despertar un desencuentro
usted preguntará por qué cantamos
cantamos porque el río está sonando
y cuando suena el río / suena el río
cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino
cantamos por el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo
cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos
cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota
cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta
cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza.
Nadie puede pararnos
Nadie (infiltrado o no) puede pararnos,
porque tenemos algo que la mayoria va perdiendo poco a poco, probablemente sin querer y sin casi fuerzas para luchar:
Tenemos dignidad.
Esta es nuestra fuerza: Mucho mayor que
la de la amenaza, la patada, el puñetazo
o el tiro en la nuca.
¡No hay por donde coger al movimiento no-violento!
> Carta abierta a un infiltrado: cuidado, os avisamos.
Una luchadora de los derechos humanos, Concepción Arenal, dijo una vez que el hombre que se levanta es aun más grande que el que no ha caído. Eso es lo que nos hace esencialmente distintxs, la capacidad de seguir adelante ante cualquier adversidad. Si nos rendimos, es cuando perdemos.
Ya que los comentarios van por los derroteros literarios, aquí va un apunte interesante del amigo Benedetti.
La esperanza tan dulce
tan pulida tan triste
la promesa tan leve
no me sirve
no me sirve tan mansa
la esperanza
la rabia tan sumisa
tan débil tan humilde
el furor tan prudente
no me sirve
no me sirve tan sabia
tanta rabia
el grito tan exacto
si el tiempo lo permite
alarido tan pulcro
no me sirve
no me sirve tan bueno
tanto trueno
el coraje tan dócil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve
no me sirve tan fría
la osadía
sí me sirve la vida
que es vida hasta morirse
el corazón alerta
sí me sirve
me sirve cuando avanza
la confianza
me sirve tu mirada
que es generosa y firme
y tu silencio franco
sí me sirve
me sirve la medida
de tu vida
me sirve tu futuro
que es un presente libre
y tu lucha de siempre
sí me sirve
me sirve tu batalla
sin medalla
me sirve la modestia
de tu orgullo posible
y tu mano segura
sí me sirve
me sirve tu sendero
compañero.
Gracias David.
> Carta abierta a un infiltrado: cuidado, os avisamos.
Animo, compañeros. He leído vuestros mensajes y me saben a vida, a esperanza, a victoria. No sabemos cuándo llegará, pero llegará. Las dificultades son muchas y el repugnante enemigo tiene mil formas. Si nos unimos, si contamos, veremos que no somos pocos. Pensemos en otras circunstancias, en otros tiempos en que personas como nosotros, con dignidad -¡qué escasa es hoy!-, con amor, que lo hay en cuanto hacemos por liberar a los olvidados y marginados, con espíritu de lucha se han enfrentado incluso a la muerte, y muerte precedida de sufrimientos atroces.
En última instancia, hagámosles sudar el repelente salario por el que sen venden al poder.
Las utopías son aquellas cosas que AUN no hemos conseguido. Así lo define Tomás Moro en su famosa obra.
¡Siempre adelante, hasta el fin!