
¡El circo ha llegado a la ciudad… que maravilla! Los tigres atravesando aros de fuego, un perro vestido de gitana bailando sobre las patitas traseras, una foca jugando con una pelota, un elefante haciendo el pino apoyado sobre la trompa y las patas delanteras…!
¿El mayor espectáculo del mundo? ¡No! Degradación, maltrato, estrés, sufrimiento, claustrofobia, sometimiento, desarraigo, soledad, aburrimiento, tristeza. Los animales del circo no somos artistas, somos esclavos obligados a hacer cosas que la naturaleza nunca se planteó que tuviéramos que hacer.
A mí me capturaron hace varios años en un bosque maravilloso. Nunca más volví a ver a mi familia. Me encerraron en una jaula demasiado pequeña, para que ocupara poco sitio en el barco y luego en el camión. Casi no me podía mover. Me sentía solo. El viaje fue muy largo, muy triste, muy doloroso. Cuando me sacaron de la jaula estaba tan débil que casi no me tenía en pie.
Pero como era joven y fuerte, poco a poco fui superando la inanición y la deshidratación. Un veterinario se ocupó de mí y terminé recuperándome, aunque mi jaula sigue siendo muy pequeña.
Luego, un día, vino un hombre. Se me quedó mirando, metió un palo con un gancho metálico entre los barrotes y me pinchó con él. Me hizo daño así que me defendí con la trompa y él se rió: “Ya te quitaré yo ese genio cabrón… Cuando acabe contigo vas a comer en mi mano”.
Al día siguiente empezaron las palizas sistemáticas, la humillación, el dolor. Él lo llamaba entrenamiento, pero la crueldad, la llames como la llames sigue siendo crueldad. Si no le obedecía, me ataba una pata delantera y una trasera con una cadena y me pegaba con el palo del pincho.
La técnica es sencilla: pegarte y pegarte hasta que el miedo te hace perder el valor, la rebeldía, los hábitos de autodefensa, los instintos. Al final eres un ser asustado, sometido y obediente que hace cosas que van contra tu propia naturaleza. Si eres un animal del circo y no te doblegas, te extirpan las garras, te arrancan los colmillos o te drogan para que no puedas defenderte.
Para mí, que era tan feliz en mi manada, me resulta muy triste vivir sin una familia, sin una caricia, sin compañía, sin ternura. A veces estoy deseando que llegue la hora de la actuación porque entonces al menos puedo salir un rato de la jaula y moverme… ¡Sin que me peguen! Delante del público nunca te pegan.
Hablo por mí, pero podría decir todo esto de los tigres, los leones, los caballos, los perros, los osos, las focas y todos los demás compañeros animales de mi circo. Es triste pensar que la mayoría acabarán locos y enfermos.
Además es lamentable que la gente no nos vea actuar como somos sino como nos obligan a ser. Yo tengo que hacer unas cosas verdaderamente ridículas que un elefante en libertad no haría nunca. ¡Es absurdo!
Cada pocos días cambiamos de ciudad y los viajes son verdaderamente penosos porque pasamos hambre y sed y casi no podemos movernos. Los viajes me dejan machacado.
A veces hay animales que no aguantan y amanecen muertos. Entonces se enfadan porque eso les supone perder dinero, y las personas del circo la verdad es que también viven una vida miserable y no andan muy sobrados. Creo que en realidad están amargados porque, como llevan esa vida ambulante, no pueden disfrutar de sus hijos. Los tienen que dejar internos en algún colegio o con la familia. Si el circo es muy grande a lo mejor contratan una maestra que vaya con ellos, pero eso es complicado cuando se van haciendo mayorcitos. Llega un momento en el que tienen que elegir: “O estudian y no los veo, o los tengo conmigo pero los condeno a ser artista de circo, es decir, a una vida tan miserable como la mía”.
El circo tampoco es bueno para las personas. Pero al fin y al cabo ellos pueden elegir, nosotros, los animales, no.
Ya hay países como Alemania, Brasil, Suecia, India, Finlandia, Suiza y Dinamarca que son conscientes de esta realidad tan triste y que ya no dejan actuar a circos con animales. En Barcelona les han puesto el veto, en Inglaterra tampoco les dan facilidades y muchos estados de Norteamérica los van prohibiendo.
No os engañéis, detrás de la “magia” del circo no hay más que miseria y dolor. Si queréis ver animales “salvajes” será mejor que os paséis por el zoológico o que veáis documentales; en el circo sólo encontraréis esclavos tristes que han perdido sus instintos y su alegría de vivir. No creo que sea lo más apropiado para un niño.
¿Qué si podéis hacer algo para remediar esta situación? ¡Claro, mucho!:
– Habladle a vuestros hijos de todo esto para que conozcan la realidad y para educarlos en el cariño y la protección de los animales.
– Si llega a vuestra ciudad un circo con animales, propagad esta información para que la gente sepa la verdad y pueda decidir.
– Si sois defensores activos de los animales organizad foros y reuniones, y utilizad toda la fuerza de Internet para acabar con estos espectáculos crueles y trasnochados.
A mí sólo me queda una esperanza, que cuando sea viejo y ya no “sirva”, me manden a un zoo o una reserva para vivir mis últimos años con un poco de dignidad.
