TOMÁS SOLER MARTÍNEZ

Por una de esas paradojas incontrolables del destino, recientemente, aparecieron simultáneamente en los medios de comunicación local dos noticias que, sin aparente relación directa, aún podrían considerarse estrechamente vinculadas. Me estoy refiriendo a los comentarios y fotografías que describen los atípicos avatares del actual alcalde ilicitano en un día de gran connotación histórica. Unas reseñas, de contexto exclusivamente político, hablaban de su comparecencia ante el juzgado de instrucción número 4 de Elche, donde declaró sobre las famosas facturas pagadas, con dinero público, a un rotativo gratuito para anunciar eventos que incumbían, exclusivamente, al partido socialista.

Las otras columnas periodísticas lo sitúan junto al prestigioso arquitecto japonés Ryne Nishizawa, de visita por Elche, para conocer in situ el futuro emplazamiento del Mirador del Palmeral. ¡Qué madrugador!
Bien, el primer asunto podría constituir un supuesto delito de malversación de caudales públicos cuya sentencia depende del veredicto final de un juez, por lo tanto, habrá que esperar. La otra cuestión, la del Mirador, no tiene ramificaciones legales, sin embargo, se puede extrapolar también al obsesivo afán de los ediles municipales socialistas para exagerar y perpetuar sus hazañas políticas. Ni más ni menos. Lo que buscan, simple y llanamente, es la publicidad incluso a costa de engañar a los propios ciudadanos.

Están tan convencidos de su grandeza intelectual que para ellos los demás no cuentan. Esa sicosis no sólo les lleva a realizar disparates tan infantiles como el de las susodichas facturas sino, quizás más importante, a perder la confianza del simple vecino de a pie que, con toda la razón del mundo, se siente ignorado. Aún no se han apercibido de que menos del 50% de los votantes son socialistas -muchos de ellos renegados y acérrimos defensores del último alcalde- pero ni eso les afecta, siguen quita que te pego, intentando fútilmente hacernos un lavado de cerebro a todos. ¡Qué ingenuos!

Si las facturas fueron sufragadas con dinero público, también se va a pagar de las arcas del Ayuntamiento, patrimonio de todos los ilicitanos, el Mirador del Palmeral. ¿O no? A pesar de todo, aún no han demostrado, ni siquiera tangencialmente, que el pueblo de Elche quiere construir este mamotreto arquitectónico que, por cierto, nos va a costar un ojo de la cara. Son tan egomaníacos que se regodean en ingeniarse campañas publicitarias a ellos mismos donde cacarear disparatadamente sus logros.

Pero, si en la cuestión de las facturas, aunque pueda ser delito punible, estamos hablando de un puñado de billetes, esta cifra, por arte de birlibirloque, se convierte en millones de euros cuando se trata del Mirador. Y todo sin haber convocado un referéndum que pruebe, irrefutablemente, que los ilicitanos quieren invertir esas cantidades astronómicas de dinero municipal precisamente cuando atravesamos un período de crisis como el que ahora arrecia. Según su mentor, ZP, es todo «un estado de ánimo» pero desbordado, tan galopante que muchas familias van literalmente a enloquecer como consecuencia de un planteamiento económico tan nefasto. No acabo de explicarme cómo la mayoría consistorial de turno persiste en sus trece y no aparca este proyecto faraónico -esas fueron sus irresponsables palabras- mientras recapacitan un poco, una miqueta, como dicen por aquí, antes de embarcar a la ciudad en un desastre financiero de proporciones épicas.

Fíjense, incluso el arquitecto Norman Foster, quizás el más célebre de todos los mencionados, reflexionó sobre la temeridad que constituía hacer una inversión de esta cuantía en tiempos tan difíciles y, voluntariamente, se retiró de la competición. ¡Ni eso les entra a los socialistas en el coco! Ahora llega Nishizawa, según nos informan, con gastos a cuenta de su propio bolsillo y nos embelesa con una máxima de contenido memorable, escuchen: «Uno de los paisaje más bellos de España». Ya que estaba lanzado podría haber dicho «del mundo», no les parece. Bueno, él no lo sabe, pero en nuestra tierra eso se llama hacer la pelota, por no emplear otra terminología más escatológica. Obviamente, ese día el alcalde no estaba para frasecitas y, a lo mejor, ni se enteró.

Total, ¿qué importancia tienen unos insignificantes errores administrativos, según el acusado, comparado con el déficit que el alcalde & Co. acumularían a costa de todos los ilicitanos con esa construcción del Mirador que obligatoriamente nos han impuesto? ¡Como si no tuvieran suficientes escollos más vitales que salvar! Aquí van unos cuantos: el tema de los colegios de El Altet; la urbanización MR-10 en La Marina; la cuestión del tráfico en el barrio del Raval; el paro agobiante en la industria; la falta de recursos para alimentar a los más necesitados ¡ah! y no se lo pierdan, la saga de la intocable protagonista en la lista a las elecciones europeas.

Por si fuera poco, un grupo cultural de centro-izquierda, teóricamente aliado suyo, se queja amargamente de que les quieren cobrar alquiler para usar el Centro de Congresos. ¡Lo ven, se han intoxicado de poder! ¿Es que el Mirador va a ser la panacea que resuelva todos los problemas municipales cotidianos que pretenden escabullir? Lo que está demostrado es que su radicalismo ideológico les aboca a una actuación absolutista y despótica, autoconvenciéndose falazmente de que sólo ellos poseen la única verdad; mientras, la opinión de la ciudadanía cuenta menos que un cero a la izquierda, y de ahí el desasosiego general. ¡Hasta protestas multitudinarias en los plenos! ¡Ya me dirán! En el ínterin, a la chita callando, con gran desvergüenza, mos volen pasar la butifarra. Qué esperen sentats!

La Verdad