FIDEL INSÚA y JUANMA SANTIAGO

Diagonal

Contra la pureza

A finales de la década de 1980, dos fenómenos eliminaron de raíz el contenido político de la ciencia ficción: los últimos coletazos de la Guerra Fría y la mercantilización de la industria del entretenimiento. Las distopías a la vieja usanza desparecieron, y no repuntaron hasta principios del siglo XXI, de la mano de autores provenientes del ámbito de la literatura general, como Walter Mosley o Margaret Atwood. Así pues, China Montaña Zhang (1992) quedó para los anales como una rara excepción. China Montaña Zhang se ha operado para acentuar sus rasgos orientales en unos Estados Unidos dominados por la nueva hiperpotencia, China, que se le ofrece como una gran oportunidad laboral y vital reservada sólo para los chinos puros. La novela es un sincero alegato contra la homofobia y la represión racial e ideológica que merece la pena leer.

Los juegos del hambre

Apenas se habla de la novela juvenil como herramienta de reflexión política, aunque hay ejemplos muy interesantes, como Graceling, de Kristin Cashore, Los ojos de un rey, de Catherine Banner, y la novela que nos ocupa, la más satisfactoria de las tres. En un futuro postapocalíptico, los Estados Unidos son un conglomerado de doce distritos, controlados desde el Capitolio, y cuyo único nexo de unión son los Juegos del Hambre, una especie de reality show consistente en que 24 jóvenes (dos por cada distrito) se batirán en un duelo a muerte en el que todo vale. La metáfora acerca del poder manipulador y alienante que ejerce el poder a través de los medios de comunicación es evidente.

El último ser humano

La escritora Margaret Atwood, por medio de una distopía futurista, hace un análisis crítico del uso de la ingenería genética con fines comerciales, y de la polarización de las clases sociales. En esta obra se nos narra la historia de Jimmy, el último ser humano en la tierra, autodenominado Hombre de las nieves, ya que el resto de seres son las consecuencias de cruces por medio de la manipulación genética entre animales y humanos. Por medio de flashbacks descubriremos la relación de Jimmy con su amigo Crake y la fascinante Oryx, siendo estos últimos los causantes de estos nuevos seres humanos. Una obra que no dejará a nadie indiferente, que te atrapa por su lirismo pero que a la vez sacude la conciencia, reflexionando sobre la condición humana, la ciencia y su poder transformador corrompidos por el mercantilismo salvaje.

Cazadores de luz

La obra se desarrolla en un futuro no muy lejano donde las diferencias sociales están llegando a su máxima expresión, con una sociedad estratificada hasta límites insospechados en la que el nivel social de cada persona se ve reflejado por la primera letra de su apellido: cuanto más lejano de la Z y más cercano a la A mejor será su posición. El capitalismo ha impregnado todas las facetas de nuestra vida. Cada persona se ha convertido en vendedor y comprador y todo son transacciones, incluidas las relaciones de pareja. En este escenario veremos la caída social y viaje interior del protagonista, MallicK, el cual nos mostrará el sin sentido de una sociedad dirigida por el capitalismo feroz.

Degradación ambiental y humana

John Burner hace una extrapolación de todos los desmanes que el hombre está haciendo al medio ambiente, y nos presenta un futuro donde todas las posibles consecuencias de este ataque al ecosistema se hacen realidad. Por ello la mortalidad se dispara, sobre todo entre los más pequeños, la mayor parte de la gente se ha quedado esteril, todo está contaminado. En esta obra coral se nos irá mostrando como la degradación ambiental va de la mano de la degradación humana. Burner consigue esta gran obra denuncia sin caer en el panfleto. Por lo que, por un lado, es uno de los mayores alegatos ecologistas de la literatura prospectiva, y por otro una de las distopías más redondas del siglo pasado.